Pov Alex Mis dedos rozaron mis labios por enésima vez desde que me desperté. La sensación cálida del beso que Pierce y yo nos dimos anoche aún estaba grabada en mi memoria, sin querer desvanecerse. Nunca había creído en eso de que un simple roce podía hacer que todo cambiara, pero aquí estaba, completamente atrapada en esa fugaz pero intensa conexión. Y, sin embargo, el peso de lo no dicho también me atrapaba. Le había contado a Pierce una parte de la verdad: que era una loba. Había sido casi como arrancarme una espina clavada, decir esas palabras en voz alta, pero no pude ir más allá. No podía hablar de lo que me hicieron, de cómo me quitaron la capacidad de transformarme, ni de las marca que ahora tenía en mi espalda. Su reacción, aunque tranquila, me había desconcertado. Había intent

