Enzo es un robot

3355 Words
Los días transcurrieron con normalidad, Bruno y Enzo continuaron con su rutina cotidiana, entre bromas y distenciones, ambos pudieron permanecer fuera de su burbuja privada y de ese modo permitiendo que todo fluyera con naturalidad; sin embargo, en su entorno, Enzo, se dio cuenta de que hubo un cambio. Normalmente las personas que lo rodeaban eran chicos, aunque en los últimos días había visto mucho a Emily y su grupo de amigas intentando acercarse a él sin llegar a hacerlo en realidad, hasta unos días después donde ella le pidió prestado su libro de inglés para sacarle copias. A Enzo le causaba mucha curiosidad las insistentes miradas de la chica, las cuales eran más notorias cuando se reunían junto al club de lectura, no sabía definir si le estaba coqueteando o si solo estaba interesada en formar parte de su grupo un poco más cercano donde solo se encontraban la triada D. Y cuando estaba por prestarle su libro a Emily, decidió acompañarla para platicar con ella y con suerte, lograría averiguar cuáles eran sus intenciones. Acompañó a la chica a la hora del receso a la papelería que estaba frente a la universidad, algo que Bruno no se tomó bien pues se mantenía tras los barrotes mirándolos con enfado. Parecía un prisionero mirando con anhelo a la presa que se le había escapado de las manos. Era tan graciosa la expresión de su amigo que no podía evitar lanzarle miradas divertidas antes de regresar la atención a la chica quien platicaba animadamente de sus cosas favoritas. De esa manera descubrió que ella era una fiel amante de la fantasía, pensó que ella podría ser una buena jugadora si tan solo le gustaran los videojuegos. Inclusive creyó que podría ayudar a Bruno en su gran dilema contra los asiáticos, aunque sería difícil incursionarla a ese adictivo mundo tomando en cuenta que ella era excesivamente femenina y en el camino se encontraría gente desagradable. Al terminar de sacar las copias regresaron a la universidad, Emily le agradeció con un beso en la mejilla y se fue trotando al salón dando pequeños brinquitos. Escuchó una burla a sus espaldas junto a un solo grito escandaloso que se acercaba hasta tenerlo preso entre unos gruesos brazos atrapándolo por los hombros sin opción a escape. — ¡Enzo tiene novia! —Canturreaba Bruno sacudiéndolo y haciendo que se balanceara en su recorrido hacia la cafetería. —Eres tan estúpido y simple —se burló Enzo intentando enderezarse para caminar de manera correcta, aunque en ningún momento lo logró. En instantes como ese, odiaba que su estúpido amigo fuera más alto y fuerte que él. Las burlas e insistencias por querer emparejarlo con Emily no cesaron, ni siquiera cuando llegó a la cafetería y compró el almuerzo de ambos. Insistentemente su amigo cantaba cosas vergonzosas acerca de “se quieren y no son novios” o “se besan y se aman”. Enzo se mantuvo callado mirándolo divertido pues no se inmutaba ante las miradas curiosas o molestas de la gente a su alrededor. Aun así, obtuvo un rato de silencio cuando el grandulón devoró el almuerzo, al menos lo tendría entretenido un rato antes de volver al salón y que lo siguiera molestando hasta que Emily escuchara todas las burlas e improperios. —En realidad te gusta —insistió Bruno con la boca llena provocándole una mala cara ante sus malos modales. — ¿Por qué lo crees? —Preguntó con curiosidad. —Ella es parte de tu círculo de cerebritos —continuó hablando su desfachatado amigo tragando su alimento—, la protegiste cuando el ex novio se puso idiota y ahora la acompañas a sacar copias dejándome solo en el almuerzo. Eso último le hizo sentir una sensación de intranquilidad que decidió ignorar. No quería detenerse a preguntarse la razón de esa extraña sensación. —Eso no significa gran cosa —contradijo antes de darle un largo trago a su bebida. —No quieres verlo —reclamó su amigo—, y tal vez encontraste a la indicada. Enzo entornó los ojos ante la aseveración tan exagerada. — ¿Cómo puedes llegar a una conclusión tan aventurada? —Se burló mirando con gracia a su amigo devorar su último bocado— No la conozco lo suficiente y por lo que me platicó no tenemos muchas cosas en común. Bruno le dedicó una mirada seria que lo puso alerta. Se quedó callado por mucho tiempo observándolo con esa expresión que solo tenía cuando estaban en el modo de la casa del árbol. Miró con un poco de ansiedad a la gente que los rodeaba, quienes para su fortuna no les estaban prestando atención, aun así, no era el lugar como para entrar en ese estado. —No te entiendo, Enzo —habló Bruno de manera razonable y él solo quería darle un puñetazo para que regresara a la realidad—. Siempre pasa lo mismo, dices que quieres encontrar el amor, pero cuando tienes la oportunidad ni siquiera lo intentas. —No es el lugar —susurró agachando la mirada al sentir que no podría aguantar mantener esa conversación sin acercarse para obtener algo de contacto real—, no podemos… —No homo —habló Bruno con confianza y al levantar la mirada lo encontró sonriendo como siempre lo hacía frente a la gente—. Lo siento, creo que debo irme, ¿nos vemos al rato? Enzo asintió y agradeció cuando su amigo lo dejó solo al levantarse e irse con prisa. Aspiró profundo y contuvo el aliento por un momento para sacar la tensión de su cuerpo, exhaló con brusquedad sin lograr el efecto deseado. Cerró los ojos intentando con todas sus fuerzas reprimir sus sentimientos, algo en su vida seguía cambiando y no estaba listo para enfrentarlo.     ***** Durante el resto de las clases, Bruno pasó el tiempo bromeando con sus amigos Sergio y Eric en un intento por dejar a Enzo en paz. Había cruzado la barrera y quiso acceder a la casa del árbol estando lejos de un lugar seguro, por lo que procuró fingir que no había pasado nada hasta el momento en que caminaron solos en la acera en dirección a sus casas. Necesitaba hablar con Enzo y aclarar muchas cosas, en cambio se mantuvieron callados caminando juntos como siempre lo hacían, esperando el momento en que las miradas no estuvieran puestas en ellos.   Llegaron a casa de Bruno y recibieron la calurosa bienvenida e insistencias de siempre para que Enzo pasara un poco de tiempo con Alice y su madre; sin embargo, después de justificarse poniendo como pretexto sus deberes, por fin pudieron encerrarse en su cuarto y acceder a ese estado emocional privado que habían estado evitando desde hace días. Como era costumbre, Bruno se recostó en su cama observando con detenimiento cada movimiento de su amigo quien se desfajaba la entallada camisa, se quitaba el cinturón para tirarlo al piso y después quitarse los zapatos con brusquedad dejándolos regados. Dio unas cuantas vueltas desabotonándose la camisa y despeinándose para finalmente acercarse a la cama y tirarse sin ningún cuidado a su lado. —Entonces, supongo que te gusta Emily —habló con voz tranquila. —No. No lo sé —respondió Enzo frotándose la cara con desesperación— ¿por qué debería gustarme? ¿Solo porque es parte del grupo de lectura? ¿Porque quise defenderla de su estúpido ex novio? ¿Por querer averiguar si con ella encuentro lo que tanto deseo? ¿No se supone que debería intuir si fuera la indicada? Bruno suspiró profundo porque eran muchas preguntas y en realidad no tenía respuesta para ninguna de ellas. —Jamás lo sabrás si no lo intentas —fue lo único que se le ocurrió decir para intentar resolver ese problema. — ¿Y si no quiero intentarlo? La respuesta de su amigo lo hizo mirarlo con el ceño fruncido y al verlo que cubría su cara con las manos, lo obligó a quitarlas hasta que le mostrara lo que realmente estaba sintiendo. —Te diría que estás esperando a que el amor te caiga del cielo, pero ni así sería suficiente para que tú aceptaras la cercanía de alguien con intenciones de conquistarte. La frustración del rostro de su amigo se despejó un poco al analizar sus palabras. — ¿Suficiente? —Enzo habló en voz baja mirándolo con una intensidad abrumadora— ¿Qué es suficiente para mí? Bruno le dio una mirada cansada, era terrible cuando se ponía filosófico porque jamás estaría a la altura de sus palabrerías extrañas para mantener una discusión decente. Aun así, estaba dispuesto a probar algo que deseaba hacer desde la mañana cuando casi accede a la casa del árbol sin querer. — ¿No homo? —Quiso asegurarse antes de intentar ponerse de pie. Enzo le dedicó una mirada confundida. —No tenemos necesidad de decir eso aquí. Bruno asintió y se levantó para rodear la cama y agacharse para levantar a su amigo en brazos quien lo miró extrañado, aunque igual se sujetó de su cuello. Caminó con él en brazos, se sentó en la silla donde pasaba largas horas jugando y lo acurrucó contra su pecho para consolarlo con suaves caricias. La confusión de su amigo se evaporó cuando contrajo sus extremidades y se rindió ante su muestra de cariño. Ninguno de los dos habló por un rato, Bruno cerró los ojos apoyando la boca sobre el cabello desordenado de su amigo a la vez que acariciaba su espalda a la espera de que la acelerada mente de ese chico descansara un poco y pudieran hablar de una manera más civilizada. —Ahora entiendo por qué hiciste la aclaración —habló Enzo con una voz notablemente más tranquila. Bruno hizo un ruido grave en forma de interrogante—, esto es tan gay. —Sí —respondió con una media sonrisa—, no quería dar lugar a malinterpretaciones. —Creo que a veces nos pasamos de gais en este lugar. Ambos rieron con suavidad sin intenciones visibles de soltarse. Poco a poco la tensión del cuerpo de Enzo se fue disipando, aunque él no se sentía del todo relajado porque no había trabado la puerta con seguro y si su madre o Alice se les ocurriera entrar sin tocar, los encontrarían en una posición muy extraña. De todos modos, no le importaba lo suficiente como para distraerlo del presente, necesitaba que Enzo hablara para que así ambos pudieran continuar con sus vidas. —Entonces… no estás interesado en Emily —insistió en voz baja. — ¿Tenemos que hablar de ello? —Enzo recriminó sonando muy fastidiado. —Sí —habló con voz acusadora—, si no lo hacemos te volverás loco y sabes perfectamente que, si uno de nosotros no está bien, no estaremos en armonía y las cosas se pondrán raras. —No me gusta —respondió Enzo con molestia—, solo la veo como un objeto de estudio… y yo sé que está mal, pero solo quiero saber qué quiere de mí. Me gustaría saber cómo funciona la mente de las chicas. Bruno sonrió besando el cabello de su amigo. En anteriores ocasiones ya se había burlado de él porque parecía un robot que intentaba averiguar cómo funcionaban los sentimientos de las personas, como si él mismo no entendiera el funcionamiento de su propio corazón.   —Deja de pensar que está mal, si solo quieres estudiar a Emily hazlo, pero no le des esperanzas. —Tú habías dicho que no era normal que quisiera estudiar a la gente —reprochó su amigo enderezándose para darle una mala mirada —, odio cuando dices que soy un robot. — ¿Un robot bonito? —Sugirió con una media sonrisa. —No lo hagas —ese chico habló en voz baja llevando las delgadas manos a su cabello para acariciarlo. Bruno no pudo evitar suspirar satisfecho—, no debes bromear si no quieres hacerlo. —No es una broma —confesó sonriendo más amplio—, sabes perfectamente que eres muy atractivo, las chicas están locas por ti y si dejaras de ser tan analítico, tal vez, encontrarías el amor que tanto deseas. —Quizás tienes razón. La mirada angustiada de Enzo le transmitía que algo más pasaba y a pesar de que quería averiguar la razón, decidió no abrumarlo porque, aunque mostrara seguridad y completo dominio de su mente ante la sociedad, en realidad solo era un chiquillo lleno de inseguridades y dudas de cómo funcionaba la vida. Algo que él tampoco sabía, pero no lo importaba lo suficiente como sí lo hacía su amigo. — ¿Te gustaría participar en una transmisión en vivo? —Sugirió dándole una palmada en la cadera que provocó sin querer un pequeño sobresalto de ese delgado cuerpo— A mis fans les dará mucho gusto verte sin ser anunciado. Su amigo sonrió hasta emitir una suave risa. —De acuerdo, pero solo un rato, debo irme a hacer tarea. —Cerebrito —lo reprendió para después echarlo fuera de su regazo. Se giró hacia su computadora para comenzar a encender luces y hacer todos los preparativos necesarios. Enzo por su parte, arrastró una silla a su lado para después arreglarse un poco la ropa y ese ridículo cabello perfecto. Al menos ya se veía un poco más animado.     ***** Alice se mantuvo en su habitación que estaba pegada a la de su hermano Bruno escuchando sonoras carcajadas, gritos de frustración y los clásicos sonidos del videojuego que le estaba dando fama a su estúpido hermano. Se levantó con molestia de su cama y bajó las escaleras para ir a la cocina y husmear en el refrigerador. Odiaba que la atención de Enzo siempre se veía absorbida por el absurdo de su hermano, eran contadas las ocasiones en las que podía entablar una conversación con ese chico tan lindo sin que su hermano se lo quitara de las manos de alguna forma. A ella le gustaba mucho Enzo, pero también era consciente de su edad y que la probabilidad de conquistarlo era casi nula. Aun así, no se rendiría, debía encontrar la forma de acercarse a él y declararle sus sentimientos. Sacó varias cosas del refrigerador y se dispuso a preparar unos emparedados y una jarra de agua fresca pues su mamá siempre decía que, si querías llegar al corazón de un hombre, debías empezar por el estómago.     ***** Enzo no paraba de reír ante la frustración de Bruno quien había comenzado de maravilla su partida, pero en un momento crucial la conexión del internet había tenido un par de interrupciones; causando múltiples problemas y por las fallas técnicas se había visto obligado a cancelar la transmisión de improviso. Ganando muchas quejas por parte de sus suscriptores en las r************* . Bruno refunfuñaba infinidad de groserías mientras recorría decenas de publicaciones donde la gente se quejaba mientras Enzo luchaba por respirar al no poder frenar su ataque de risa. —Esto podría costarme un par de miles de suscriptores —se quejaba ese chico cerrando el navegador. —Exageras —logró hablar entre risas—, estaban satisfechos al vernos juntos. Sí, la partida fue una mierda, pero al menos tus fans se emocionaban cada vez que me acercaba para abrazarte o teníamos algún tipo de contacto. Vio sonreír a Bruno, quien le dedicó una mirada traviesa y aseguró que había sido una lástima que la transmisión terminara de forma tan abrupta porque sus fans estarían gritando si vieran el plano en el que se encontraban. — ¿Te das cuenta de que somos unos exhibicionistas? —Se burló Bruno con una sonrisa malévola. —Al público le encanta —se encogió de hombros. — ¿Y a ti te gusta? —La voz grave de su amigo lo hizo sonreír con malicia. —Me gusta, aunque disfruto más cuando pierdes una partida, inútil. —Maldito —lo vio quejarse entrecerrando los ojos sin perder su sonrisa—, me diste mala suerte desde un principio, es tu culpa que la conexión haya fallado. — ¡Me descubriste! —Respondió de manera sarcástica— Utilicé mis poderes mentales para desviar las ondas que transmiten tus juegos con la intención de que mantuvieras tu completa atención en mí. —De acuerdo —gruñó su amigo poniéndose de pie con brusquedad—, entonces lo lograste. No pudo evitar una exclamación de sorpresa cuando Bruno lo levantó por la cintura, se lo echó al hombro y comenzó a caminar dando brincos y sacudiéndolo. — ¡Suéltame, imbécil! —Gritaba entre risas que lograban sofocarlo de nuevo. Sintió un leve mareo cuando esa bestia enorme lo tiró en la cama, y antes de que su amigo lograra enderezarse, tiró de él hasta que lo aplastó con todo su peso. Forcejearon por un rato para obtener control sobre el otro, siempre riendo y sin importarles lo extraño que parecía aquella pelea de poder.     ***** Alice subió las escaleras con cuidado llevando la bandeja de comida y depositándola en una mesita para poder abrir la habitación de Bruno. Antes de siquiera tomar el pomo, colocó la oreja sobre la puerta escuchando un conjunto de risas; sin embargo, los sonidos de disparos habían cesado, por lo que dedujo que la transmisión ya había acabado y podía interrumpir lo que sea que estaban haciendo esos dos adentro. Sin anticipar su entrada abrió la puerta de golpe y se asomó hacia la cama donde encontró una escena de lo más extraña. Enzo estaba jadeante recostado sobre su espalda empujando con un brazo a Bruno, aunque sus piernas estaban aferradas a los muslos de ese idiota, mientras este se mantenía a gatas aferrando el otro brazo del chico sobre la cama riendo y soltando unas cuantas maldiciones. Ambos se quedaron quietos y en silencio mirándola cuando notaron su presencia. Alice observó con furia a su hermano quien solo le regresó una mirada sorprendida. — ¡No homo! —Gritaron al mismo tiempo, aunque ninguno de ellos hizo nada por separarse. —Sí, claro —respondió de mala gana azotando la puerta para irse a su cuarto olvidando por completo la bandeja de comida. Alice volvió a tumbarse en su cama con la derrota lastimando su corazón. Enzo y Bruno siempre se defendían con su estúpida frase “no homo” para aclarar que lo que hacían no era en plan romántico. Y, aunque así fuera, no dejaba de ser molesto porque le resultaba bastante obvio que Enzo nunca había tenido algo romántico con nadie, salvo la extraña forma en cómo era la relación con su hermano y que acaparaba toda su atención. —Maldito afortunado —se quejó en voz alta maldiciendo por dentro a su hermano.     ***** —Creo que tu hermana me odiará de por vida —se quejó Enzo aflojando el agarre de sus pies en su amigo quien solo sonrió y se le quitó de encima para tirarse en la cama. —A ti te ama —lo escuchó decir con una nota divertida cuando se puso de pie y comenzó a arreglarse la ropa—, esa niña está perdidamente enamorada de ti, es a mí a quien odia por estar siempre a tu lado. —Sanguijuela acaparadora —volvió a molestarlo antes de que una almohada impactara contra su espalda. Buscó sus zapatos bajo la cama y comenzó a colocárselos a la vez que se quejaba—. Es tan tarde, pensé que esto nos tomaría menos tiempo. —No te obligué a estar aquí ¿o sí? Enzo lo miró con falsa molestia. —No, aunque te gusta que lo haga. —Sí, definitivamente —respondió su amigo llevando ambas manos tras su cabeza. —Te veo mañana —se despidió dándole la espalda y se dirigió al primer piso donde estaban sus cosas, aprovechando también para despedirse de Fernanda, la madre de Bruno. Se apresuró a salir de la casa y cruzó la calle a toda prisa pues todavía debía hacer sus deberes y no quería desvelarse demasiado.
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