Los siguientes tres días antes del ansiado lanzamiento de la película, Bruno se mantuvo prácticamente encima de Enzo para intentar convencerlo de que lo llevara al estreno. Hubo todo tipo de intentos de persuasión: desde reproches, caprichos, algunas lágrimas falsas, ruegos y hasta muestras exageradas de cariño. Aun así, Enzo se mantuvo firme negándose a llevarlo y también ocultando quien sería su misterioso acompañante. La noche del estreno se arregló como si fuera a una cita, llevaba puestos unos pantalones negros de mezclilla con una camiseta del videojuego y un saco casual gris encima. Se colocó un poco de perfume y cruzó la calle llamando a la puerta de la casa de su amigo. Bruno atendió mirándolo lleno de esperanza. —Sabía que solo estabas jugando conmigo —habló su amigo dándose me

