Me siento nerviosa, no entiendo el por qué, pero mi corazón me grita que debo salir de aquí, olvidarme de todo y no volver jamás. La razón me dice que no le haga caso al corazón, que solo firme el maldito contrato y disfrute del dinero y el sexo que me va a brindar. Me fijo en el hombre, no está mal, siento que se parece a alguien que conozco, pero no llego a quién. Tiene ojos azules, es muy apuesto para su edad. Es muy seguro en sus movimientos, se ve un hombre con carácter. Abre la puerta del despacho para que yo entre. Ya ambos dentro, él cierra. —Sirena, ella es Marina, al doctor ya lo conoces. Ellos serán los testigos de la firma del contrato. Marina es mi abogada. –Asiento. —Bien, ¿dónde están los resultados de los exámenes? –cuestiono, no me voy a desenfocar, no vine a hacer rela

