—Al fin llegas sirena. —lo escucho una vez entro a la casa. —Hola—digo quitándome la ropa. —Vez porque quiero que te vengas a vivir aquí. Así puedo tenerte siempre que quiera. —se acerca a mí para besar mis labios. —¿Pediste permiso para toda la semana? —niego. —Pedí solo tres días, el viernes regreso a clases. Y el fin de semana lo usaré para ponerme al día con los trabajos. Espero que no haya problema con que no nos veamos. – digo terminando de quitar mi última prenda. —Eso lo discutiremos el viernes, por el momento está bien. – toma una bata de seda para cubrir mi desnudez. —Contrate un chofer y no quiero que te vea así. —dice y asiento, mejor, así no me siento expuesta todo el tiempo—. Creo que ya estamos listos. Tienes todo lo que necesitas contigo. —asiento. —Solo recojo mi

