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El amigo de mi hermano.

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intro-logo
Blurb

Él era el mejor amigo de su hermano.

Prometió cuidarla.

Pero todo se fue a la mierda cuando empezó a desearla.

Lo suyo nació como un secreto.

Una condición.

Una frontera que no debían cruzar.

Y terminó en un fuego de esos que no se apagan aunque les eches agua.

Años después, Sary es una abogada brillante… y el destino la obliga a defenderlo en un tribunal.

Gadiel Habsburgo no ha vuelto para pedir perdón.

Ha vuelto para recuperar lo que dejó atrás.

Entre un escándalo público, un matrimonio forzado y un secreto capaz de destrozarlos, Sary descubrirá que el mayor peligro no es volver a amarlo.

Es sobrevivirlo.

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1. Mi primer semestre.
★Sahara★ Entré al campus con la cabeza bien alta y llena de expectativas. Era mi primer año en Derecho y le había prometido a la tumba de papá que iba a ser la mejor. Iba a brillar. Iba a recordarle al mundo que el apellido Cloer siempre se sentaba en el trono. Nunca he sido una chica tímida ni de autoestima baja. Donde entro, brillo. Tomo el control y, casi sin proponérmelo, todos quieren estar cerca. La universidad no fue diferente. Primer día y ya tenía "amigos". Estaba sentada en mi cama, todavía sin conocer a mi compañera de cuarto, cuando me di cuenta de que no íbamos a llevarnos bien. Su lado de la habitación parecía un altar satánico: paredes negras, pósters de rockeros con pintas de querer matar a alguien, pentagramas y una vela de incienso que olía a pachuli rancio. Me estaba dando arcadas. Miré el móvil. Will, mi hermano, me estaba llamando. —Oye, Sary. ¿Qué tal tu primer día? —Sin tormentas —respondí con una sonrisa—. Deja de tomarte tan en serio el papel de padre. Se rio. William y yo siempre habíamos sido uña y carne. Papá nos enseñó a cuidarnos las espaldas y, desde que él faltaba, mi hermano se había puesto la capa de protector a tiempo completo. —¿Y tu compañera de cuarto cómo es? —preguntó. No me dio tiempo a contestar. La puerta se abrió de golpe y entró mi querida compañera besuqueándose con un tío como si no hubiera un mañana. Me quedé congelada, con cara de asco. —¡Ey! Que no estáis solos, gilipollas —les grité. —¿Sary? ¿Qué pasa? —se oyó la voz de Will al otro lado. Los dos se separaron. La chica me miró con una sonrisa burlona. —Hola, tú debes de ser la nueva. Soy Brooke —se señaló el pecho y luego señaló su cama—. Y ese es mi espacio. Si no quieres ver, tápate los ojos o lárgate. Si quieres porno del bueno, te puedes quedar. —Eres una gilipollas —escupí. Me lanzó un beso al aire, se subió a horcajadas sobre el chico y se quitó la blusa por la cabeza de un tirón. Me puse roja de rabia. Iban a follar. Ahí. Delante de mí. Me levanté de golpe y salí dando un portazo. Sus risas me persiguieron por el pasillo. —¿Sary? ¿Estás bien? —insistió mi hermano. —Nada, acabo de conocer a mi compañera de cuarto. —¿Y cómo es? —Un encanto. ★★★ Así empezó mi primer semestre: del campus al cuarto, del cuarto al campus. Coloqué una cortina gruesa entre las dos camas y me compré unos auriculares inalámbricos con cancelación de ruido. Brooke parecía una perra en celo: siempre había alguien nuevo. Gemidos, risas y cabezales golpeando la pared. Horror. Una tarde, mientras intentaba estudiar y ella gritaba como poseída al otro lado de la cortina, tocaron a la puerta. Conté hasta diez. Esta mierda se iba a acabar hoy… o yo acabaría en comisaría por homicidio. Abrí de malos modos y me encontré con dos tíos riéndose como idiotas. —¿Qué queréis? —gruñí. —Vaya muñeca —dijo uno, asomándose hacia el interior donde se oían los gemidos—. ¿Tú también participas? Lo fulminé con la mirada. El otro se rio. —Venimos a por nuestro colega, el que está ahí dentro. —Maravilloso. Me encantaría que se lo llevaran. Dejé la puerta abierta, fui al baño, llené el cubo de agua fría y salí con él en las manos. Los dos chicos me miraban divertidos. —Oye, niña, ¿qué vas a hacer con eso? No contesté, lancé el agua con todas mis fuerzas. El chorro les dio de lleno. Quedaron empapados, temblando y con cara de sorpresa. Las carcajadas no tardaron en llegar. —¡Hostia puta! ¿Pero qué coño ha pasado? —gritó el que estaba debajo de Brooke. —Estás muerta —masculló ella, incorporándose. —Qué miedo me das. Brooke se levantó envuelta en una sábana, con el maquillaje n***o corrido por toda la cara. Parecía un demonio empapado. Juro que fue puro instinto. No lo planeé, era la gota que desbordó el vaso. Aventé el cubo y rebotó contra su cabeza. Y la mandé a dormir. O eso espero. —Joder, la has matado —soltó uno, retrocediendo. La miré fijamente. Sangre en la sien, boca abierta. Respiraba, así que estaba viva. Solté el aire. Y le lancé el cubo al otro gilipollas que seguía en la cama. Lo atrapó por reflejo. —¡Largaos de aquí o juro que los mato de verdad! —grité, harta. —¿Por qué coño tardáis tanto? —dijo una voz grave desde el pasillo. Mi corazón dio un vuelco. Me giré. Y ahí estaba él. Gadiel. El mejor amigo de mi hermano. Nuestras miradas se encontraron. Frunció el ceño al ver a Brooke en el suelo, al tío medio desnudo en la cama y a los otros dos encogidos en un rincón. Después sus ojos se posaron en mí. —¿Qué haces aquí? —preguntó, con la voz más baja. Peligrosa. —Es mi cuarto —respondí, intentando sonreír. —Oye, Gadiel, ¿conoces a esta loca? —preguntó uno de sus amigos. La mandíbula de Gadiel se tensó. —Es la hermanita de William —dijo sin apartar la mirada de mí. —Joder, tío… —murmuró el otro, mirándome con respeto repentino—. Lo sentimos, no lo sabíamos. —Genial. ¡Ahora largáos! —grité. Los tres salieron casi atropellándose. Respiré aliviada. Gadiel se cruzó de brazos y se apoyó en el marco de la puerta, intentando contener una sonrisa mientras observaba la cortina del centro de la habitación. —William se moriría si viera esta escena. Fruncí el ceño. —¿No se lo vas a contar, verdad? —Eso depende de ti, Sary. Brooke empezó a despertarse soltando maldiciones. No me importó. Ahora tenía un problema mucho más grande entre manos.

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