3 de Septiembre. Año, 2012.
Narrador omnisciente.
La joven chica acariciaba el pequeño conejito inerte que descansaba entre sus piernas mientras ella estaba sentada en el suelo, su mirada estaba perdida en algún punto de su gran habitacion pensando en que debería de ir a lavar su rostro, ya que este estaba salpicado de sangre proveniente del pequeño animalito asesinado. No pretendía que su madre la viese en esa circunstancia, pero estaba tan a gusto en ese momento que no movió ni un músculo de su delgado cuerpo.
Y entonces las vocesillas se hicieron presentes de nuevo:
"Deja que tu madre te vea."
"Deja que se asuste."
"Observa atentamente su miedo cuando te vea."
La joven chica sonrió al escuchar esas vocesillas en su cabeza de nuevo, las ha escuchado desde que tiene memoria. Al principio se asusto, así como cualquier persona lo hubiese hecho, pero las voces la manipularon haciéndole creer que la ayudarían a ser mejor y superior a todas las personas, ser su Diosa por así decirlo.
Ella observó a su alrededor, detallando cada huella de sangre marcadas por sus pies en el suelo y un gran charco de ese mismo líquido espeso en una alfombra blanca la cual decoraba la habitación, esa misma alfombra estaba empapada de la esencia de aquella criatura de pelaje blanco la cual yacía sin vida entre los brazos de la chica. Ella se levantó del suelo con cuidado cargando aún consigo el pequeño conejito, Sonriendo cínicamente al ver lo que para ella era una obra de arte hecha por si misma.
Minutos después escucho como la puerta emitía un chirrido lo cual indicaba que alguien estaba entrando a su habitacion, así que ella cerró lentamente sus ojos.
—Liss...
Ésta al escuchar la voz de su madre se giro para observarla, ya que se encontraba de espaldas hacia la puerta.
—Si, madre — dijo de manera burlona mientras observaba los ojos cristalizados de su madre, quien intentaba ahogar un grito.
—Pero, ¿Qué atrocidad has hecho cariño?—la mujer miró con tristeza y lástima al ver el pequeño conejito muerto que su hija sostenía.
La chica hizo una fina línea con sus labios, tratando de ocultar su risa ya que la situación le parecía divertida.
—Estas loca— sollozo su madre, observandola con miedo.
Esas simples palabras hicieron que la diversión de la chica desapareciese por completo, detestaba que la llamasen de esa manera ya que según ella no estaba loca.
—No te atrevas a llamarme de esa manera madre— demando con una voz bastante fuerte—Jamás lo hagas.
La jovencita se acerco hacía su escritorio, el cual estaba pintado de color rosa pastel y dejó el animalito muerto allí con mucha delicadeza.
—Ya no tengo alternativa Lesly— dijo su madre con voz rota, tanto, que pareciese que fuese a romper a llorar a mares en cualquier momento— Te llevare al Psiquiatrico Warris.
—¡No!— gritó Lesly.
Ella siempre pensó que su madre no tendría el valor de enviarla a ese lugar, debido a que era la única de sus dos hijos quien permanecía a su lado.
Lesly siempre detestaba que mencionaran ese lugar tan horrible. En cada cena que tenían con su padre, su madre siempre solía decir que necesitaba ayuda profesional, que si la internaban en ese psiquiátrico le brindarán tratamiento y así podría llegar a ser como cualquier chica de su edad, su madre estaba convencida de ello.
Pero Lesly nunca sintió que necesitase ayuda, sentía que ya era normal a su manera y es por ello que se negaba hasta lo más profundo de su ser en ir a ese lugar.
Observó con recelo como su madre cerraba la puerta con dolor, quien tenia la vista borrosa debido a las lágrimas que amenazaban con salir.
Lesly dió varios pasos hacia adelante acercándose con precaución hacia su madre.
—Debes de quedarte aquí cariño— dijo con dificultad —No te llevare a ese psiquiátrico si ya no haces este tipo de cosas, por favor.— pidió derramando ya algunas lágrimas por sus mejillas.
—Esta bien madre— cedió.
Y las vocesillas hablaron de nuevo dentro de su cabeza:
"Mentirosa."
"Sabes que seguirás haciéndolo."
"Siempre lo haces."
Su madre cerró la puerta, dejandola sola en su habitación, admirando el líquido rojo esparcido por todos lados.
Y sonrió.
Lesly sonrió al recordar de nuevo la sensación que le causo arrebatarle la vida a ese lindo animalito, mientras traspasaba la hoja filosa de su cuchillo por su blaco pelaje. La piel del pobre conejito desbordaba mucha sangre y esa misma sangre manchaba ese pelaje que lo caracterizaba como un animalito lindo y tierno.
Luego Lesly imaginó...
imaginó como se sentiría el poder hacer lo mismo con un cuerpo humano, un cuerpo real, un cuerpo el cual fuese igual al de ella, igual al de todos los hijos de ese tan mencionado Dios.
Ese Dios al que todos seguían, su creador, su purificador, su titiritero.
Y cada titiritero tenía sus titeres.
Eso era lo que Lesly creía, ella pensaba que todos eran títeres y que Dios por medio de la biblia los manipulaba a todos a su antojo, creía que él era el dueño de todos, solo porque era Dios. Ella quería serlo tambien, costara lo que le costara, aún si eso implicaba matar a quien se interpusiera en su camino lo asesinaría sin remordimiento alguno. Ella pensaba que podía dejar vivir y morir a quien ella quisiese, sin importarle si lo merecía o no.
Lesly podia ser ese Dios al que todos seguían y lograría hacer que todos la obedeciesen, la alabaran y cayeran a sus pies. Las vocesillas Susurraron:
"Ya es hora."
"Llegó el momento."
"Juguemos."
Llego el momento en el que todos serían juzgados por ella.
Ella sería su nuevo Dios.