C4: Bingo.

1190 Words
Nuevamente, suena el timbre anunciando que el recreo había terminado. Nos levantamos de la mesa y nos vamos a nuestras aulas, la de Soraya se encuentra en el tercer piso debido a que ella es de segundo año. Las de primer año nos encontramos en el segundo piso. Al terminar la clase, salgo del aula, bajo las escaleras y me dirijo al portón principal en donde Roxana me espera. De pronto, veo a Paloma acercándose. —Ven al instituto esta tarde, hablaremos sobre los ateneos —dice. Asiento con la cabeza y nos separamos en la salida. Cuando llega la hora de volver al instituto, me preparo, salgo de la casa y espero a un taxi. Una vez allí, cruzo la entrada principal y voy hasta la puerta del edificio. Inesperadamente, me encuentro a la pelicobrizo apoyada en una rodilla en el umbral de la puerta, haciendo un nudo con los cordones de su calzado. Es ahora o nunca. —¡Hola! —saludo con energía, agitando la mano y con una sonrisa forzada, quería verme lo más amistosa posible; sin embargo, me mira con rareza y me devuelve el saludo con frialdad. –Hola... —se levanta y toma su mochila. —Tú eres Marina, ¿no es así? —pregunto con la intención de llamar su atención. —Sí —sus ojos denotan desinterés. La primera vez que la vi, su expresión tan seria me hizo pensar que es una persona de pocos amigos y que acercarse a ella no sería nada sencillo. En ese entonces, no me había imaginado que estaría intentando ganarme su confianza. —Vine para observar cada ateneo, ¿me darías alguna recomendación? —busco la manera de crear una conversación, lo que resulta inútil. —No te conozco, y no sé de tus gustos. ¿Porqué no hablas con Paloma? Es la presidenta del aula —sus palabras me entorpecen, tenía impuesta una barrera a su alrededor, bateaba todos mis intentos de acercarme como a una pequeña pelota de tenis. Me quedaba claro que no estaba inclinada a la idea de conocerme. De todos modos, estaba segura de algo: sabía que aquella barrera no era impenetrable y que encontraría su debilidad. —No veo a Paloma por ninguna parte... —sostengo. —Sólo espérala —dice. —¿A qué ateneo perteneces tú? —me aproximo, denotando curiosidad. —Ateneo de deporte, voleibol femenino. —responde, apartando la mirada. —¿De verdad? Formé parte de un equipo de vóleibol femenino en el internado, participamos en varios torneos a nivel local y nacional, fue una experiencia emocionante. ¿Tienes algún torneo previsto para las próximas fechas? —comento con naturalidad. De repente, una luz se enciende en su mirada y todo su rostro se ilumina de un entusiasmo incomprensible. —Tú... ¿JUEGAS VÓLEIBOL? —coloca su mano derecha sobre mi brazo izquierdo, clavando la vista en mí, ansiosa por una respuesta. Bingo. Me di cuenta en ese instante de que no encontré una debilidad en su barrera, sino una llave con la que podría ingresar sin necesidad de forzarlo. Encontré el nexo entre nosotras. —¡Así es! —respondo, también con entusiasmo. —¡¿Porqué no lo mencionaste antes?! —exclama, estirándome del brazo y llevándome consigo a la cancha de vóleibol. Algunas estudiantes ya se encuentran allí y practican algunas técnicas; sin embargo, las habilidades eran lamentables. Estas chicas definitivamente no sabían lo que hacían. —Como puedes verlo por ti misma, somos terriblemente malas en esto. Amamos el vóleibol, pero no tenemos la destreza para ello. Si en tu anterior equipo participaste en torneos nacionales, significa que eran lo bastante buenas. ¿Podrías ayudarnos a mejorar esto? —de un gato desconfiado e inaccesible pasó a un cachorrito ansioso. —¿No tienen un entrenador? —pregunto, observando los alrededores. —En realidad, el balonmano fue implementado hace tres años, lo que hizo que la mayoría de las estudiantes sintieran curiosidad y atracción hacia ese deporte. Muchas de este ateneo se transfirieron al balonmano, y el vóleibol fue suspendido por falta de jugadoras. El año anterior, logré agrupar la cantidad suficiente de integrantes para reabrir el ateneo, no hemos contado con un entrenador desde entonces. Es frustrante pues no nos dan la relevancia que merecemos. Fuimos convocadas a algunos juegos amistosos pero no obtuvimos nada, no tenemos experiencia en torneos importantes y tampoco contamos con un presupuesto decente. De verdad te necesitamos, Dalila. Wow, recuerda mi nombre. —No lo sé, jugué vóleibol durante bastante tiempo que quizás sea tiempo de que me enfoque en otro pasatiempo, ¿no? —intento jugar con su ansiedad. —¿Tienes habilidad para el vóleibol y la desperdiciarás uniéndote a otro ateneo? ¡No lo permitiré! No necesitas mirar los demás, pertenecerás a este —afirma, tomándome de las manos. —Um... Voy a pensarlo, ¿okay? No puedo prometerte nada —respondo. En realidad, no estaba especialmente interesada en conocer otro ateneo y no tenía objeción para unirme a este, me gusta el vóleibol y lo amé toda mi vida, pero no quería aceptarlo de buenas a primeras. —Está bien... —responde con desánimo. Repentinamente, Paloma ingresa a la cancha y se aproxima hacia nosotras. —¡Oye, Dalila! Te busqué por todas partes y resulta que estabas aquí —agrega—este es el horario del ateneo de vóleibol, ¿quieres ver un poco de la práctica? —Creo que he visto suficiente —respondo. —¿Vamos a observar los demás? —pregunta. Miro de reojo a Marina, quien me observa fijamente. —Está bien —acepto. Empiezo a caminar y salgo de la cancha. Paloma me explica los horarios de los ateneos de deportes. Hay tres canchas mixtas en el recinto, lo que significa que pueden se utilizadas por chicos y chicas. Donde nos encontrábamos recientemente era la segunda cancha en donde entrena el ateneo de vóleibol femenino y masculino con diferentes horarios. La primera cancha es la más amplia, el cual es utilizada por el ateneo de balonmano masculino y femenino; y la tercera cancha es empleada por el ateneo de fútbol, también masculino y femenino. En cuanto al horario de prácticas, la primera hora (tres de la tarde) es perteneciente al femenino y segunda hora (cuatro de la tarde) al masculino. Los días son los lunes, miércoles y jueves. Los martes y viernes entrena el ateneo de baloncesto, pudiendo utilizar cualquiera de las canchas, siguiendo el mismo itinerario. Cada cancha cuenta con duchas y vestuarios solo para los jugadores; sin embargo, ambos edificios constan de baños con duchas para los estudiantes en general. También habló acerca de ateneos de arte y danza, aunque no presté mucha atención pues no eran relevantes para mí. —¿De qué ateneo eres? —pregunto curiosa. —Soy del ateneo de vóleibol —contesta con una sonrisa. Cada vez que Paloma sonreía, se le achinaban los ojos y sus hoyuelos tomaban profundidad. Finalizando el recorrido, se despide de mí amablemente y vuelve a la segunda cancha. Me dirijo a la salida, tomo un taxi y regreso a casa.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD