Ante el grito de Eliane, Alessandro levantó la mirada y, al llegar donde él, ella le arranchó el celular dejando su mano vacía. —¡No coja mis cosas! —rugió arrugando la nariz. ¡Qué mujer loca! Pensó Alessandro para sí mismo. Pues nadie que tuviera la rodilla herida como la tenía ella salía corriendo de esa forma por un celular, salvo que no quisiera que viera cosas en este. ¿Qué pensó? ¿Qué se metería a indagar en algo más? Solo quería ver el nombre de quien llamaba para cuando llegara al cuarto decírselo, pero la señorita Ríos salió gritando y corriendo como loca. ¡Que extraña era! Pero aun así no dejaba de gustarle su temperamento, la encontraba una chica original, sin caretas ni hipocresía. —Parece que ya se siente mejor, señorita Ríos. Realmente el medicamento que Alessandro

