Eliane estuvo todo el día manteniendo la mente ocupada para no pensar en Alessandro. Luisa la contemplaba desde su asiento, podía ver tristeza en ella, una tristeza muy parecida a las decepciones amorosas que ella tuvo en Inglaterra. Así se veía ella, decaída, sin ánimos de nada, pero concentrando la mente en algo más para no morir de dolor. El teléfono de la oficina sonó, Luisa contestó de inmediato para que el sonido no desconcentrara a su jefa—. Sí. —Señorita, estamos llamando de recepción, hay un hombre aquí que asegura ser el esposo de la presidenta y, quiere ingresar. ¿Apareció? —musitó para sí misma. Pensó en dejarlo subir para que hablara, pero conociendo el carácter de Eliane decidió que no—. Dígale que ahora está muy ocupada —Eliane levantó la mirada. Al momento que Luisa col

