La caja metálica estaba ahora sobre la mesa del comedor. Elena la habĂa limpiado con cuidado, y Lucien habĂa extendido el pergamino antiguo sobre un paño blanco. Bajo la tenue luz de la lámpara de aceite, los sĂmbolos parecĂan moverse, como si quisieran hablar por sĂ mismos. —¿Ves esto? —dijo Elena, señalando un punto del mapa. Lucien asintiĂł. —SĂ. Esa galerĂa… conecta la cripta de la iglesia con una construcciĂłn bajo el lago. Pero eso no está en ningĂşn plano actual. —Porque fue borrado —murmurĂł Elena—. El Consejo intentĂł hacer desaparecer todo rastro. No solo de Ana. De los Nachtvolk tambiĂ©n. Lucien apoyĂł los codos sobre la mesa y la mirĂł fijamente. —¿Y quĂ© crees que hay ahĂ abajo? —Algo que aĂşn late —respondiĂł Elena con un escalofrĂo—. Algo que sobreviviĂł. Ana quiso que yo lo enco

