La noche en Valdheim se habĂa vuelto más espesa. Era como si el mismo aire cargara una electricidad antigua, algo que se habĂa mantenido dormido por siglos y que ahora susurraba en cada sombra. El bosque no solo respiraba: escuchaba. Elena despertĂł de golpe. HabĂa soñado con una mujer envuelta en llamas negras, con los ojos brillando como lunas llenas. Ana. La vio de pie frente al lago, sus brazos abiertos hacia una figura invisible que emergĂa de las aguas. “Tu sangre me despierta”, susurrĂł aquella voz. “Pero no eres solo mi descendiente... Eres mi eco”. Elena se levantĂł jadeando. A su lado, Lucien dormĂa profundamente, el rostro tranquilo a pesar del temblor en la tierra. Ella saliĂł al porche con una manta sobre los hombros. La luna colgaba pálida y delgada en el cielo, pero el vien

