Parte 2 La entrada al templo estaba sumergida. Elena y Lucien llegaron al lago antes del amanecer. La niebla danzaba sobre el agua como si supiera lo que iba a ocurrir. El cielo aún no habÃa cambiado de color, pero la presión en el aire era abrumadora. —¿Estás lista? —preguntó Lucien, con la mano entrelazada a la suya. —Nunca lo estaré del todo —dijo ella, sin soltarlo—. Pero sÃ. Vamos. Ambos se acercaron al borde. Elena sacó el espejo de mano y lo sostuvo sobre la superficie. Esta vez, el reflejo no mostraba el templo… sino un ojo abierto. Un ojo n***o como el abismo, que los observaba desde dentro. —Nos ha visto —murmuró Elena. Entonces la superficie del lago comenzó a ondularse… en cÃrculos perfectos. El agua no se agitaba por el viento, sino por una fuerza interna, una llamada.

