Las luces de la ciudad parpadeaban en la oscuridad mientras me dirigía hacia el lugar acordado con Rebeca. Mi corazón latía con una mezcla de ansias y nerviosismo, como si estuviera a punto de adentrarme en territorio desconocido. Las calles estaban tranquila, iluminada solo por la tenue luz de farolas distantes, creando una atmosfera de misterio que se alineaba perfectamente con la incertidumbre que estaba a punto de enfrentar.
Al llegar al punto de encuentro, la figura de Rebeca apareció como un espectro en la distancia. Mi pulso se aceleró, y con cada paso que nos acercaba, la anticipación creció. Finalmente, estábamos frente a frente, después de tanto tiempo y tantas preguntas sin respuesta.
Ella corrió hacia mí con los brazos abiertos, una sonrisa nerviosa en su rostro. Mis ojos se encontraron con los suyos, algo en mí me hizo buscar respuestas que quizás ni ella misma comprendía. El tiempo parecía ralentizar mientras ella se lanzaba hacia mí, y aunque mi instinto inicial fue corresponder su abrazo, algo dentro de mí no reaccionaba como quería.
Asentí levemente, envolviéndola en mis brazos, pero mi mente estaba lejos, atrapada en la telaraña de pensamientos confusos. A medida que se separaba del abrazo, el silencio pesado entre nosotros parecía cargar el aire, esperando a ser roto por las palabras que revelarían la verdad oculta.
Rebeca tomó aliento, como si estuviera a punto de sumergirse en aguas desconocidas. George, he estado esperando este momento durante tanto tiempo, susurró con un dejo de anhelo en su voz.
No sé porque estaba reaccionando así, pero la observe con cautela, esperando a que se explicará el misterio de su desaparición. ¿Dónde has estado todo este tiempo Rebeca?, pregunté, intentando mantener la calma mientras la urgencia de la respuesta se apoderaba de mí.
Ella aparto la mirada, como si la confesión que estaba a punto de hacerle fuera demasiado difícil. Mi padre… él… me obligó a desaparecer, murmuro, sus ojos mostraban una mezcla de tristeza y miedo. Él quería que me casara con alguien más, alguien de su elección, y no podía enfrentarme a esa realidad. Pero debe creerme, George siempre he te amado.
Mis pensamientos se volvieron un torbellino mientras intentaba procesar la revelación de Rebeca. La ira y la compasión luchaba por tomar el control de mis emociones. ¿Por qué no me lo dijiste antes? ¿Por qué desapareciste sin dejar rastro?, pregunté. Ahora es tarde yo estoy casado, mi voz temblaba ligeramente, reflejando la mezcla de emociones que experimentaba.
Rebeca bajo la mirada, evitando mi mirada directamente, lo que me hizo duda. Tenía miedo, George. Mi padre me amenazó, dijo que, si no seguía sus órdenes, te haría daño. No podía soportar la idea de ponerte en peligro, así que me fui sin decirte nada. Pero siempre estuve pensando en ti, lamentando cada día de separación.
A medida que sus palabras resonaban en el aire, una sensación de empatía comenzó a crecer dentro de mí. A pesar de la sorpresa y la confusión, reconocí el miedo en sus ojos y la vulnerabilidad en su voz. Sin embargo, también sentí una punzada de escepticismo. ¿Podía confiar plenamente en sus palabras después de tanto tiempo?
La conversación continua en una danza emocional, donde las confesiones y las explicaciones se entrelazaban en un intento de comprender el pasado y construir un futuro.
EMMA
Seis meses de matrimonio con George y la travesía por ganarme su corazón se volvía cada vez más complicada. A pesar de mis esfuerzos para crear un hogar lleno de amor y complicidad, la distancia entre nosotros persistía, como una sombra que se negaba a disiparse.
Una noche, mi padre me envió un mensaje invitándonos a cenar al día siguiente para celebrar nuestro medio año de casados. Pensé que sería la oportunidad perfecta para acercarme más a George, para encontrar el vínculo que nos faltaba. Llena de expectativas, me dirigí a su estudio, con la esperanza de compartir la noticia y tal vez planear algo especial juntos.
Pero en el camino, la realidad me golpeo con fuerza. George salió corriendo, chocando conmigo en el proceso. Sus ojos reflejaban una mezcla de desconcierto y urgencia, como si estuviera atrapado en algo más grande que él mismo. Su celular cayó al suelo, y antes de que pudiera recogerlo, él ya estaba fuera del apartamento.
La sensación de desconcierto me envolvía, pero no estaba dispuesta a dejarlo así. Recogí su celular y vi un mensaje que hizo que mi corazón se acelerara. Estoy de regreso, podemos vernos, te extrañado mucho. La incertidumbre se apoderó de mí, y sin pensarlo, comencé a seguir a George, decidida a descubrir la verdad que se ocultaba en la penumbra de sus acciones.
Mis pasos eran decididos, pero la angustia crecía a cada momento. ¿Qué estaba ocultándome? ¿Por qué se comportaba de esta manera? Las preguntas resonaban en mi mente, pero no estaba preparada para la revelación que se avecinaba.
Llegué al lugar de encuentro y, desde la distancia, observé como George y una misteriosa mujer se abrazaban. El tiempo pareció detenerse, y un dolor agudo apuñalo mi corazón. Las lágrimas brotaron sin control, mientras las piezas del rompecabezas se ensamblaban dolorosamente en mi mente. Siempre había algo en el pasado de George que él había guardado celosamente.
La verdad se desplegaba ante mí como un espectro oscuro. George, el hombre con el que había compartido mis sueños y esperanzas, tenía un pasado que nunca compartió conmigo. Entre sollozos, comprendí que mis intentos de construir un puente hacia su corazón chocaron contra una muralla que él nunca estuvo dispuesto a derribar.
Con el corazón roto, decidí dejar de intentar forzar un amor que no podía florecer completamente. Entre lágrimas y suspiros, acepte que, para George, su pasado seguía siendo un secreto inalcanzable. En ese momento de resignación, decidí darle la libertad tanto deseaba, aunque eso significara que yo tendría que seguir mi camino lejos de él.