La velada continuaba, y yo me hallaba atrapada en un juego peligroso entre la realidad y la ficción. Extendí mi mano hacia George, ocultando hábilmente la incomodidad que burbujeaba en mi interior. Encantada de conocerte, George. Ryan siempre menciona lo importante que eres para él. George aceptó mi mano con una sonrisa amable, pero sus ojos revelaban una chispa de reconocimiento. Aunque por dentro estaba nerviosa, George siguió la corriente con maestría y respondió: El placer es mío. Si Ryan me hablado tanto de ti y te valora tanto, noto que eres alguien especial. Ryan, ajeno a las tensiones entre George y yo, nos invitó a entrar para brindar por este momento tan especial. La mansión rebosaba con energía festiva, pero en mi mente, la danza de máscaras continuaba. Dentro, George extendió

