Capítulo diecinueve

2435 Words
¿Alguna vez te has despertado con la sensación de no saber lo que estás haciendo con tu vida? Como un enorme vacío que se apodera de ti, hasta que llega a tomar el control, las cosas empiezan a perder sentido, y hay dos opciones: o te dejas vencer, o actúas en modo automático, por costumbre, con la esperanza de que algún día vuelvas a sentir algo, lo que sea.   Y es que ser incapaz de sentir es más terrible de lo que todos piensan. Te preocupa, te hace pensar que eres raro, o que hay algo mal contigo, y buscas con desesperación cualquier cosa para llenar ese vacío, no importa si es saludable o no, solo esperas sentir algo.   Desde que llegué a Ryalville soñé con el día en que pudiese ir, todas las noches me imaginaba siendo aceptada en una gran y prestigiosa universidad, terminar mi carrera, ser reconocida y ser jodidamente feliz, claro, que en el camino tuve diversos motivos para querer cambiar mis metas, y tomaba en cuenta la opinión de Matt y Luke, me hubiese gustado irnos juntos de aquí, pero lamentablemente no se pudo.   Perdí en poco tiempo la poca estabilidad que había ganado, dos de las personas más importantes de mi vida se fueron, y me dejaron sola, traté de sacar fuerzas de todas partes, hasta que me encontraba tocando fondo otra vez. Muchas personas al pasar por situaciones jodidas recurren a las drogas y al alcohol, yo no podía, si bien bebía ocasionalmente, juré no volver a embriagarme y lo cumplí. Aún no descubría lo maravilloso de intoxicar tu cuerpo, tal como Dean y Luke lo hacían, pero hallé otras maneras de sentir algo…   Excesos con las compras, con la comida, cambios radicales…   Sexo.   Conocía a extraños a través de aplicaciones de citas y teníamos encuentros casuales, creí que no había nada de malo, hasta que me encontré con Joe Dale, un hombre que fácilmente podía doblarme la edad. Era muy interesante, siempre sabía qué decir, o conocía muchos lugares tranquilos, a diferencia de otros chicos, Joe parecía interesado en salir conmigo, era algo más que sexo, pero no lo suficientemente serio para ser una relación.   No nos amábamos, simplemente pasábamos el rato juntos, me ayudaba a sentirme menos sola, a sentir algo, aunque sea por un minuto.   Lo peor de todo es que algo dentro de mí me decía que había algo malo con Joe, incluso Dylan me lo advirtió, pero era tan profundo el vacío y tan angustiante la desesperación por sentir algo, que ignoré todo, hasta que me explotó en la cara, una noche mientras terminaba uno detalles del “secreto de la laguna azul” un mensaje llegó a una de mis r************* cambiando por completo todo.   “Hola Rachel, soy Diana, la esposa de Joe, acabo de descubrir todo lo que sucede entre ustedes dos, si todavía te queda algo de decencia te aconsejo que dejes de molestar a mi esposo, tómalo como una advertencia, puedo hacer que tu vida se arruine con solo un par de llamadas, no seas el motivo de destrucción de mi matrimonio y por lo que tendré que pagarle terapia a mis hijas. Respétate, zorra”.   Jamás podré olvidar esa sensación: la presión en el pecho, la sorpresa, las ganas de morir y llevar al infierno a Joe de pasada, deseaba tanto hablar con esa mujer, aclararle que de saber que Joe tenía una familia jamás hubiese sucedido esta situación, pero tenía clarísimo que no me iba a creer, o tal vez era una de esas señoras cegadas por su esposo.   Entré en pánico, eliminé toda evidencia y nunca volví a ver a Joe, tenía tanto miedo, y me culpé tanto por ser una completa estúpida. Patéticamente rota y sola, sin saber en quien confiar.   Desde aquel día no volví a ser la misma.   …   Mi cabeza estallará en cualquier momento, no tengo duda alguna. Abro los ojos con pesadez intentando adecuar mi visión a la luz del ambiente. Estoy en la cabaña de Luke, ¿qué sucedió? ¿qué hago aquí? ¿qué hora es? Desbloqueo mi teléfono en busca de alguna señal…   10 llamadas perdidas de Dylan. 6 llamadas perdidas de Carly. 18 mensajes nuevos.   - Por fin despiertas, llegué a pensar que habías muerto - anuncia Luke entrando a la habitación con un vaso de agua y una píldora - Ten, te ayudará con la jaqueca.   - ¿Qué ocurrió? - pregunté desconcertada.   - Te desmayaste, no es para menos, después de todo lo que sucedió en la reunión, creo que fue una reacción relativamente normal, y te sirvió para librarte del escándalo - respondió Luke esquivando mi mirada - no sé lo que harás tú, pero yo me iré de aquí por un tiempo, hasta se olviden de todo.   - Claro, porque lo más fácil es huir, en lugar de dar la cara - respondo entre dientes, empiezo a recordar todo - ¿Planeabas decírmelo algún día?   - No tienes derecho alguno a reclamar nada, te metiste con un hombre casado, Rachel - exclamó jalando su cabello con desesperación - jamás pensé que tú serías ese tipo de mujer.   - ¿Perdona? ¿Qué demonios quieres decir? - respondo exaltada - No tienes ninguna autoridad para criticarme, Luke, menos cuando no sabes cómo sucedieron las cosas.   - Claro, seguro ahora pondrás la tonta y usada excusa de “no sabía que estaba casado”,  todas las de tu clase tienen el mismo discurso aprendido - masculla y sin siquiera procesarlo por un segundo mi mano se estrella contra su mejilla.   - No negaré que me equivoqué, la cagué en grande, pero eso no te da ningún derecho de hablarme como lo acabas de hacer, mucho menos cuando tú también has cometido errores, Luke - grito furiosa, pongo un gran esfuerzo de mi parte para no llorar de frustración - No uses mis fallas para que las tuyas pasen desapercibidas.   - ¿Hace cuánto? - pregunta tocándose su mejilla - ¿Sucedió mientras estabas con Dylan… o conmigo?   - ¿En verdad acabas de preguntar eso? - río sin gracia alguna - Qué cínico eres, Luke, no debería ni siquiera darte explicaciones sobre el tema, pero no, estaba soltera, me dejé engañar y no pensé bien, cometí uno de los errores más grandes de toda mi vida y no hay noche en la que no me culpe por ser tan idiota. Tengo más que claro que me equivoqué, no necesito que me lo recuerdes ni que me juzgues.   - No te juzgo, no soy Dios, cariño, solo te estoy preparando para la conversación que tendrás con Dylan, no creo que él pueda ser tan comprensivo como yo - dice con un insoportable aire de superioridad.   - Luke, nunca has estado tan equivocado en tu vida como ahora - respondí - Dylan fue el primero en enterarse, y a diferencia tuya, él sí supo escucharme. Mira, lo tuyo con Carly no me afecta de la manera que crees, me duele de parte ella, no tuya, porque dejé de esperar cosas de ti hace mucho tiempo. Y Dylan es un chico excepcional, no existe punto de comparación entre ustedes.   - Todo lo maravilloso que quieras, pero no lo amas, Rachel. Y nunca lo harás, por más perfecto que seas Dylan no podrá ocupar mi lugar jamás - susurró acercándose peligrosamente hacia mí.   - Corrección: tú no podrás ocupar el lugar de Dylan - respondo esquivando su cercanía para coger nuevamente mi teléfono.   Y cerraste el show con broche de oro… No me sorprende de ti, Rach, supongo que lo primero que pensarás al despertar es en huir de Ryalville, y no puedo permitir eso, ahora que viste de lo que soy capaz y todo lo que sé, te conviene obedecerme, si sabes lo que te conviene, esto es apenas el comienzo del iceberg de engaños, quiero algo sencillo a cambio de mi silencio: la verdad. ¿Quién más tiene que morir, Rachel?   Pandora x.x   - ¿Qué pasó? Parece como si te hubiera bajado la presión, estás pálida y sudando… ¿Rachel? Me estás preocupando, di algo … - pide Luke tomándome por los hombros intentando hacerme reaccionar, desesperado toma mi teléfono y relee el mensaje una y otra vez. Podría apostar que su reacción fue muy similar a la mía - Mierda - susurró - Rachel, esto es algo grave.   - Lo sé, me tiene agarrada de los ovarios - mascullo.   - No, no me refiero a eso, esta persona, la tal Pandora habló conmigo también, por ella volví. Ella me amenazó con contarlo todo. Estamos jodidos, Rachel.   Ryalville, anochecer Luke Hamilton 14 de febrero de 2014   ¿Qué se supone que hacen las parejas en San Valentín además de gastar dinero y pretender que son felices por veinticuatro horas? Rachel y yo no éramos del tipo de parejas que salen por San Valentín o esas ridiculeces, pero sabía que no había tenido una buena semana en casa, no suele hablar mucho sobre ello, aunque no es necesario, a veces las miradas dicen mucho más que las palabras.   Mi terapeuta está sorprendido con mi progreso, y es que parece que mi rojiza me impulsa a ser mejor persona, o al menos eso cree Ian, todavía tengo mucho por mejorar, pero he iniciado un cambio. Ella ha hecho tanto por mí, sin siquiera darse cuenta. El que está mejorando soy yo, es cierto, sin embargo, una parte de ese mérito es suyo.   Rachel estaba sentada en la misma banca en la que nos vemos todos los días, nos divertíamos brulándonos de los demás, hasta que me percaté de que no estaba del todo bien, algo en su mirada me decía que estaba sucediendo algo, y cuando Rachel tiene problemas, significa que su hermano ha recaído, y su madre la ha culpado.   - ¿Sí sabes que no es tu culpa, verdad? - pregunté tomando su mano.   - ¿A qué te refieres? - fingió estar confundida, pero mi mirada penetrante pareció darle un indicio de lo que ocurría - Luke… no quiero hablar realmente sobre eso.   - Lo sé, pero cariño, tampoco puedes pretender que no ocurre nada, algún día vas a explotar - le dije preocupándome por ella.   - Al menos espero hacerlo lejos de aquí - resopló - ¿qué te parece si vamos a comer algo? Muero de hambre, y podemos hacer una parada rápida a mi casa para llevarle algo de cenar a mi madre, seguramente no ha probado bocado...   - Siempre te preocupas por los demás, incluso más de lo que te preocupas por ti misma - acoté - ¿Cuándo fue la última vez que compraste algo que sea pensando únicamente en ti, Ray Ray?   - No puedo permitirme ser tan egoísta, mi familia me necesita - respondió.   - ¿Acaso ellos lo están para ti, Rachel? - pregunté - Mira, no pretendo hacerte sentir mal, solo que siempre te desvives por ellos, somos jóvenes y tontos Ray, hagamos alguna locura, ahora mismo.   - ¿Qué clase de locura? - comentó asustada.   -  Tengo algo en mente - dije tomando su mano - ven, vamos al centro comercial.   - ¿En San Valentín? Estás loco, Luke, todo debe estar lleno de parejitas cursis.   - ¿Y acaso nosotros no lo somos? Vamos amor, casi no tenemos oportunidad de salir a citar tan románticas - la animé, solo ella podía sacar mi lado amoroso.   Un par de semanas atrás me percaté de que iba con Carly a ver una tienda de relojes muy seguido, había uno realmente horroroso, color aguamarina, pero a Rachel le fascinaba, obviamente nunca lo compró porque era costoso, y porque siempre está pensando en su hermano Dean.   A medida que nos acercábamos a la tienda el rostro de Rachel cambiaba, no sabía cómo reaccionar, mientras que yo no podía parar de reír.   - ¿Es una broma? - preguntó seria en la puerta de la relojería.   - ¿Por qué nunca puedo hacer algo bueno? - dije sin dejar de reír - Quiero darle un regalo a mi novia. Es San Valentín.   - Pero yo no te he pedido nada, Luke, no necesito un regalo - respondió avergonzada.   - Sé que no lo necesitas, pero quiero hacerlo. Sé que no suelo ser tan detallista, déjame darte un regalo - pedí.   El reloj era espantoso, estaba seguro de que no combinaría con su ropa, pero su sonrisa, su emoción lo valió todo. Daría todo porque nunca dejara de sonreír. Ella era tan buena, siempre se preocupaba por el bienestar de todos, y eso no me gustaba, porque se descuidaba, dejaba de lado sus deseos, por más tontos que sean, con tal de que las personas a su alrededor sean felices.   No deseo que nadie la lastime nunca, por eso intento tanto ser bueno, porque no soportaría hacerle daño. Por más tonto que haya sido el reloj hizo a Rachel muy feliz, y fue suficiente para hacerme feliz a mí también.   - En verdad no debiste, Luke, es un regalo costoso - insistió.   - Ray, cariño, estamos a punto de cenar, deja el tema del reloj, fue un regalo especial para ti, disfruta el momento - la animé.   - Significa mucho para mí, no recuerdo cuándo fue la última vez que me regalaban algo, creo que fue mi padre… pero ha pasado tanto tiempo que no lo recuerdo - comentó tocando su reloj - Creo que no me quitaré este reloj nunca.   - Oh vamos, no exageres - dije riendo.   - Lo digo en serio, Luke, es una de las cosas más lindas que has hecho por mí - exclamó con emoción - y no lo digo por el reloj.   - Es para que me recuerdes siempre - comenté antes de beber de mi malteada - si algún día la cago, o si el destino nos separa quiero que tengas un recuerdo bonito sobre mí, ya sabes, que puedas decirle a los demás que también hubo cosas buenas en nuestra relación.   - ¿Por qué hablas como si fuésemos a terminar? - preguntó.   - Es una posibilidad, cariño, créeme que me gustaría estar contigo por el resto de mi vida, pero en caso no suceda no quiero que me recuerdes de mala manera.   - Luke, eres imposible de olvidar, y la clase de conexión que tenemos no es algo que pase todos los días. Además, tenemos una promesa - me recordó.   - Nos iremos juntos de aquí - dije tomando su mano - y seremos felices, lo juro.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD