—Volveré al trabajo ahora —dijo, dándose la vuelta hacia la puerta—. Tengo reuniones pendientes que no puedo posponer más. No me esperes. Sentí un frío repentino recorrerme la espalda. "No me esperes". La frase tenía un doble sentido que ambos entendíamos perfectamente. —Está bien —respondí, tratando de que mi voz no sonara rota—. Sé por qué dices que no te espere. Vas a verte con Sasha, ¿verdad? Vas a seguir con eso del hijo. Él se detuvo en el umbral de la puerta, pero no se giró. —Eso no está a discusión, Paula —dijo con una firmeza cortante—. Es mi decisión y ya te lo dejé claro esta mañana. —Sabes... —continué, apretando las sábanas entre mis dedos—. Si eso te va a hacer sentir mejor, o si crees que teniendo un hijo con ella te vas a sentir "a la par" conmigo, o que así vas a equ

