—¿En qué discoteca se van a ver? —preguntó Lucero con curiosidad.
Saqué la nota que había recibido y se la mostré. En la parte de abajo estaba escrita una dirección y un posdata:
"Iré todo de negro."
—¿Y si es alguien desagradable, Cora? —preguntó con cautela.
—Créeme, la persona que me invitó a salir no debe ser cualquiera. Todo el mundo que me conoce sabe quiénes son mis hermanos y mi padre. No cualquiera se arriesgaría a ser descubierto.
Lucero asintió, aunque no parecía del todo convencida.
Así pasó el día.
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Al día siguiente, desde que desperté, fingí sentirme fatal por el periodo. Todo tenía que ser creíble.
Henry, intentando redimirse después de acostarse con Lucero, me dejó un té y unas pastillas para el dolor en la mesita de noche. Rodé los ojos. No lo hacía por el gesto en sí, sino porque sabía que era su forma de empezar a buscar mi perdón.
Fui a clases y regresé temprano. Tal como esperaba, en casa solo estaba Jhampier.
—Voy a acostarme. No quiero que nadie me moleste, me siento fatal —le informé con voz cansada.
Se tensó al instante. A mi hermano jamás le había gustado hablar de estos temas conmigo, así que simplemente asintió y volvió a su celular.
Perfecto.
Subí a mi habitación y me encerré. Busqué algo que pudiera usar para la discoteca, pero que al mismo tiempo diera la impresión de que solo estaba con una amiga. Finalmente, encontré un vestido morado de mangas largas, ajustado hasta las caderas y suelto después de ahí. Lo combiné con unas sandalias.
Apagué la luz y me acerqué a la ventana con cautela, esperando a que Jhampier saliera. Justo en ese momento, mi celular vibró.
"Me aceptó, me dijo que en media hora estará allí."
Le envié un emoji de una manito y esperé.
A los minutos, mi hermano salió en su carro. Para asegurarme, aguardé un poco más antes de encender la luz y terminar de arreglarme.
Cuando estuve lista, dejé mi celular en la mesita de noche y tomé otro que mi familia no sabía que tenía. Sabía que mis hermanos controlaban el GPS de mi teléfono principal, así que no podía correr riesgos.
"Voy saliendo. Me avisas cualquier cosa."
Hice una actualización de estado simulando que estaba en llamada con Lucero para que los empleados de la casa pensaran que iba a su casa. Luego salí, tomé un taxi y di la dirección de la nota.
Ahora solo quedaba un dilema: ¿cómo saber quién era mi admirador secreto?
Miré a mi alrededor hasta que reconocí a un chico de último año de la universidad, hijo de un comandante de la policía. Ahora entiendo por qué no tenía miedo de invitarme.
Sonreí. Pero mi satisfacción duró poco.
Un muro andante se plantó frente a mí, bloqueando mi camino.
—¿A dónde crees que vas, pequeña?
No. No podía ser tan mala mi suerte.
—Tylor, ¿qué demonios haces aquí? —bufé, cruzándome de brazos.
—Lo mismo debería preguntarte yo. ¿Cómo lograste salir sin que tus hermanos te estén buscando por toda la ciudad?
—Eso no es asunto tuyo. Ahora, si me disculpas, tengo una ci…
No terminé la frase.
Cuando volví la vista hacia donde estaba mi supuesto admirador secreto… él ya no estaba.
¿Se había ido? ¿Había huido al ver a Tylor?
—¿Una qué? —preguntó con diversión.
Apreté los dientes.
—Nada, olvídalo.
—Tal vez debería llamar a Jhampier, él sí me dará respuestas.
—¡Espera, no…! —exclamé, alarmada.
Mi cita ya había fracasado antes de empezar. No quería más problemas por algo que ni siquiera había valido la pena.
Tylor sonrió, divertido.
—Entonces, ¿me vas a contar cómo lo hiciste? Estoy intrigado.
Suspiré y asentí con la cabeza.
Sin previo aviso, su mano rodeó mi cintura y me guió unas cuadras más allá, hacia un club mucho más elegante.
—No vuelvas a intentar entrar a un antro de mala muerte, eso dista mucho de ser una discoteca decente, pequeña.
Me quedé en silencio. Si lo contradecía o lo enfurecía, seguro llamaría a mi hermano, y no estaba lista para enfrentar las consecuencias.
Cuando entramos, un mesero nos llevó a una mesa apartada, con poca luz. No tardé en notar que esa zona era para parejas que querían privacidad.
—¿Qué quieres tomar? —preguntó con naturalidad.
—Si mis hermanos se enteran de que estamos aquí juntos, van a explotar.
Rió.
—Tranquila, les hice creer que no eras mi tipo.
Fruncí el ceño.
—¿Perdón?
Volvió a reír y le hizo una seña al mesero.
—Tráenos dos whisky.
El mesero no tardó en regresar con las bebidas.
—Les mentí diciéndoles que no me atraías, pequeña.
Mi corazón dio un vuelco.
¿Acababa de insinuar que en realidad sí le atraía?
Tomé el vaso y le di un trago largo. Sentí el ardor en la garganta y con ello una valentía repentina.
—Ahora dime cómo lo hiciste. Estoy intrigado —insistió.
Le conté, paso a paso, y él se rió.
—Vendiste a tu mejor amiga por un poco de libertinaje.
—Más o menos, pero todo se fue a la borda.
—No necesariamente —sonrió con picardía—. Si yo estoy aquí, dime cuáles eran tus planes y te ayudo a cumplirlos.
Su tono, su mirada intensa, la cercanía entre nosotros… Todo me hizo sentir vulnerable y peligrosa al mismo tiempo.
Su mano rodeó mi nuca y, antes de que pudiera procesarlo, me atrajo hacia él en un beso tan apasionado que me dejó sin aire.
¿Qué diablos acabo de hacer?
Tylor, sin previo aviso, me tomó por la cintura y me subió a horcajadas sobre él. Una sonrisa traviesa se dibujó en su rostro cuando notó la escasa tela que llevaba debajo del vestido.
—¿Qué planes tenías para esta noche, pequeña? —susurró con voz ronca.
Sentí cómo el calor subía a mis mejillas. No podía negarlo, estaba buscando un poco de acción.
Seré honesta: mis hermanos han sido sobreprotectores toda mi vida, pero siempre encontré la manera de escapar, aunque fuera por poco tiempo. Y en esos breves momentos de libertad, tuve mis primeras experiencias. Obviamente, nadie lo sabía.
—¿Por qué te quedas callada? Háblame —insistió, su mirada fija en la mía.
Sus manos se aferraron con firmeza a mis caderas, atrayéndome aún más hacia él. Fue entonces cuando lo sentí. Su erección, dura y evidente contra mi cuerpo. Tragué en seco, y sin poder evitarlo, me moví levemente buscando más fricción.
Tylor gruñó bajo, su agarre se volvió más firme, y el sonido grave de su voz solo avivó el fuego que empezaba a arder dentro de mí.