5 ES INJUSTO

1289 Words
El sol estaba en su punto más alto cuando me tumbé en una de las sillas playeras junto a la piscina. El calor y el sonido del agua me envolvieron en una sensación de tranquilidad, así que, sin darme cuenta, terminé quedándome dormida mientras esperaba a que Lucero terminara su “asunto” con mi hermano. No sé cuánto tiempo pasó, pero me despertó el sonido de pasos acercándose y la risa inconfundible de Lucero. Cuando abrí los ojos, la vi parada frente a mí con una enorme sonrisa en el rostro y una camisa masculina—evidentemente de uno de mis hermanos—cubriéndole el cuerpo. —Cora, ¿me dejas quedarme hoy contigo? —preguntó con tono inocente. Me estiré perezosamente y le lancé una mirada divertida. —¿Y por qué no le dices a alguno de mis hermanos que te dé posada, Lucero? Seguro estarían encantados. Lucero soltó una risa traviesa y se dejó caer en la tumbona de al lado. —Porque si me quedo con alguno de ellos, no dormiríamos nadie en esta casa. Solté una carcajada y negué con la cabeza. —Lu, eres una descarada. —Y tú me amas así —respondió con una sonrisa de suficiencia. Ambas reímos y pasamos el resto del día juntas, disfrutando de la compañía y de los constantes comentarios pícaros de Lucero sobre sus “aventuras” con mis hermanos. Días después Bajé a la cocina lista para ir a la universidad, con la mochila colgada de un hombro y mi celular en la mano. Al entrar, me encontré con mis tres hermanos y mi padre desayunando tranquilamente. Me acerqué a papá y le di un beso en la mejilla. —Buenos días, padre. —Buenos días, cariño —respondió él con una sonrisa. Sin decir nada más, me senté y comencé a servirme el desayuno, ignorando deliberadamente a mis hermanos. —En mis tiempos se decían buenos días, mocosa —comentó Henry con burla. Levanté la vista solo para dedicarle el dedo medio sin remordimiento. —Cora, esos no son modales para una señorita —replicó Marcus con falsa indignación. Le lancé una mirada mordaz. —Mira quién habla. —No seas grosera, Cora. Contrólate —ordenó Jhampier con seriedad. Lo ignoré olímpicamente y seguí desayunando. Papá nos observó con curiosidad antes de preguntar: —¿Por qué estás enojada con tus hermanos ahora? ¿Qué hicieron? Levanté la vista y, con toda la naturalidad del mundo, respondí: —Sencillo: se follaron a mi mejor amiga. Nada más. Henry dejó escapar una carcajada, Marcus soltó un bufido y Jhampier… —¡Eyyy! Yo no. A mí no me metas en eso —se apresuró a decir, levantando las manos en señal de inocencia. Le dediqué una sonrisa incrédula antes de arquear una ceja. —¿Estás seguro, hermanito? Porque, hasta donde recuerdo, cuando quise ir a buscar a Lucero, ¿quién no me dejaba porque sabía perfectamente que estaba follando con uno de estos bastardos? La expresión de Jhampier se tensó por un segundo, y Henry y Marcus soltaron risas disimuladas. Jhampier desvió la mirada, y Henry y Marcus intercambiaron una sonrisa cómplice. Sin embargo, lo que realmente me hizo hervir de rabia fue la respuesta de mi padre. —No le veo el problema, Cora. Son hombres, tienen necesidades, y si tu amiga accedió, no veo nada de malo en ello. Lo dijo con tanta calma, como si fuera lo más normal del mundo, que me hizo estallar. —¡Ah, claro! Ellos pueden follar con quien quieran, pero yo ni un novio puedo tener. ¡No soy una niña! Y es más, de ahora en adelante, voy a hacer lo que me plazca con mi vida amorosa y ninguno de ustedes cuatro me lo va a impedir. Un golpe seco resonó en la mesa. Mi padre había dado un manotazo tan fuerte que hizo vibrar los platos. Su mirada se oscureció y su tono fue puro acero. —Ni lo sueñes, Cora. No me hagas encerrarte para que nunca vuelvas a ver la luz del sol. Lo miré desafiante, con el pulso acelerado, pero sin mostrar ni un ápice de miedo. —¿Apostamos, padre? Y con eso, agarré mi bolso y salí de la casa justo cuando Lucero llegaba a recogerme. A lo lejos, aún alcancé a escuchar a mi padre gritar mi nombre, pero me negué a voltear. Lucero me miró con sorpresa mientras subía al auto. —¿Qué carajos pasó? Me abroché el cinturón y miré al chófer. —Buen día. Puede arrancar. Lucero seguía viéndome con el ceño fruncido. —Cora, ¿me vas a contar qué pasó? Suspiré y me acomodé en el asiento. —Después te cuento. Más tarde, en la universidad Nos sentamos en la cafetería mientras esperábamos que empezaran las clases. Entre sorbo y sorbo de café, le conté a Lucero todo lo que había pasado en casa. Cuando terminé, ella me miraba con los ojos abiertos como platos. —No puedo creer que tu papá reaccionara así. —Yo sí —resoplé, removiendo el azúcar en mi café. Justo en ese momento, un chico se acercó y dejó un papel doblado frente a mí. —Mira, Brown, esto es para ti. Lo tomé con curiosidad. —Gracias. Lo abrí y leí el mensaje en voz baja: "Salgamos mañana a una discoteca, tú y yo solos. Atte: tu admirador secreto." Me sorprendí y sonreí, pero en lugar de emocionarme por la cita, mi mente ya estaba trabajando en algo mucho más grande. Saqué mi celular y revisé el calendario sincronizado de mis hermanos. Siempre lo tenía al día para saber cuándo estaban ocupados y así evitar que me jodieran la vida. —Lu, necesito tu ayuda. Todo va a salir perfecto, pero necesito que me cubras. Lucero me miró con desconfianza. —Cora… ¿qué estás planeando? Sonreí con picardía. —Rebelarme, al fin. Ella apoyó el codo en la mesa y apoyó la barbilla en su mano, claramente interesada. —Te escucho. —Mañana Henry va a acompañar a papá a una reunión y Marcus tiene una rodada con su club de motos. El único que está libre es Jhampier. Lucero hizo una mueca. —Pero es Jhampier. ¿Cómo vas a engañarlo para salir en la noche? —Ahí es donde entras tú, mi querida Lu. Lucero me miró con desconfianza y luego sonrió. —¿Yo? ¿Y qué tengo que hacer? Me acerqué a ella y bajé la voz para explicarle. —Voy a hacerme la que me duele el vientre por el periodo y me acostaré temprano. Cuando digo que estoy mala del periodo, mis hermanos me dejan en paz. Lucero ya estaba riendo, adivinando por dónde iba el plan. —Y mientras tanto, ¿qué hago yo? —Tú lo vas a invitar a salir a… bueno, a "comer". Lucero soltó una carcajada. —Dilo bien, Cora. Me vas a mandar a follar con tu hermano. —Lo que sea necesario por mi libertad —respondí con una sonrisa de suficiencia. Ella negó con la cabeza, divertida. —Entonces, cuando Jhampier salga de la casa contigo, yo me levanto, me cambio, y antes de salir, hago como si estuviera hablando contigo en altavoz para que los empleados escuchen y piensen que voy a tu casa. Lucero asintió, ya completamente metida en el plan. —Ajá, ¿y luego? —Cuando veas que Jhampier ya se aburre o se quiere regresar, me avisas, y yo vuelvo rapidito. Lucero aplaudió con entusiasmo. —Me encanta. Estoy dentro. —Sabía que podía contar contigo, Lu. Chocamos las manos y reímos juntas. Mi noche de libertad estaba oficialmente en marcha.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD