Ambos se encontraban en el cuarto que él mismo, cómo director de su empresa, le había dado a su mejor “talento”, cómo le gusta llamar a los súper que trabajan para él. Clinton Abernathy es generalmente educado y amable con cualquiera que le dé la mano y quiera entablar una conversación con él, pero por detrás de su máscara de serenidad y falsa cortesía, tiene sus propios planes y objetivos; ambiciones que quiere cumplir, y no le importa pasar por encima de nadie para conseguir lo que quiere.
– Estás consciente de lo que debes hacer, ¿verdad? –preguntó Abernathy a Rex Jon en la privacidad del cuarto del súper.
– Sí –respondió Rex sonando resuelto y seguro de sí mismo, lo cual asustó un poco a Abernathy. A veces Jon suele tomarse las cosas muy a la ligera, y esta “misión” en particular, es muy importante que la termine con el máximo de precisión y velocidad posible, sin mencionar que ningún testigo debe quedar en pie cuando el “trabajo” esté hecho.
– Por ello mismo, cuadró los hombros en su lugar y con su ya conocida elocuencia le dijo– no puede haber “cabos sueltos”. Entiendes lo que eso significa, ¿verdad?
– Sí, lo sé –respondió Jon dándose la vuelta hacia Abernathy.
– Y no puedes llevar la memoria de sonido –dijo el presidente de OZ sin mostrar la menor expresión; mientras que Jon, al contrario, puso su mejor cara de confusión, a lo que Abernathy solo rodó los ojos y le explicó– la memoria solo funciona si está conectada a un altavoz o a una radio, ¿acaso hay antenas eléctricas en el cielo, Jon? –ante la pregunta Rex Jon se sintió insultado, lo cual demostró con su lenguaje corporal haciendo los hombros hacia atrás y afincando la mandíbula. Era solo una pregunta después de todo, no tenía por qué hacerlo ver como un tonto– así que, si Prometeo aparece, tendrás que encargarte de él tú mismo.
–Las palabras de Clint hicieron que Rex sonriera con arrogancia, aun estando enojado con él– tú deja de preocuparte, acabaré con Prometeo si aparece.
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Al mismo tiempo en las oficinas de Victory Prime.
– Okey –dijo Tommy llevando a Billy a su oficina, cerrando la puerta tras de él y mostrándole un anagrama de un avión comercial promedio, todo ello para una clase rápida de aerodinámica. El mayor de los Hatcher volvió a encender el tono verde neón en sus ojos y procedió a explicar– un avión promedio pesa alrededor de 90 mil libras que son alrededor de 41 mil kilos en peso vacío, lo que significa el peso del avión cuando sus tanques de combustible están vacíos y no hay personas ni equipaje a bordo. Este ejemplo es para un avión B-737-800 que se considera un avión comercial a reacción de tamaño mediano –dijo Tommy tratando de ser lo más claro posible para que Bill pudiese entenderlo, pero la verdad es que el Prometido empezó a desviarse del tema en cuanto su hermano comenzó a decir números
– » Una vez que el avión despega –prosiguió Tommy con su explicación mientras explicaba el anagrama frente a él– de modo que ya está lleno y con pasajeros y tripulación a bordo, podemos decir que el avión pesará unos 79 mil kilos, y deberemos sumarle unas 84 mil libras, que son 38 mil kilos de combustible, mientras que el resto lo pondrán los pasajeros y su equipaje, ¿bien? –su hermano mayor lo miró esperando una respuesta de su parte, a lo que Billy solo asintió y miró el anagrama con mirada seria, como si de verdad estuviese entendiendo todo.
– » El combustible para aeronaves pesa alrededor de 6 libras por galón estadounidense y el peso de los pasajeros está determinado por el peso real de las personas a bordo, pero como no hay forma de saber el peso real de las personas a bordo usan un peso promedio que se basa en el sexo, la edad, la época del año y también el equipaje de mano que puedan llevar.
– Okey, okey, okey, ¡tiempo! –interrumpió Billy haciendo la señal de “tiempo” en lenguaje de beisbol con sus manos, pues la verdad es que no estaba entendiendo mucho– ¿qué me quieres decir con todo esto?
– Qué el avión promedio tiene 195 mil lb de peso vacío, 400 mil lb de peso máximo que son 88.4505 toneladas de peso vacío y 181.44 toneladas de peso máximo –respondió Thomas cómo si fuera la cosa más obvia del mundo, pero Prometeo solo lo vio como si le hubiera salido una segunda cabeza– mide 185 pies de largo, con una altura de 19, 3 m. Alcanza una altitud al despegar entre los 10 y los 12 mil metros, y en general, la velocidad promedio de los modelos comerciales está entre los 200 y los 280 km/h.
– Okey –dijo Billy queriendo que su hermano se detuviera un momento para luego preguntarle– y todo eso en español, ¿qué significa?
– ¡Quiero que sepas a qué te enfrentas! –exclamó Tommy apagando involuntariamente el neón de sus ojos– ¡fuiste tú quien dijo que jamás habías detenido un avión en pleno vuelo, yo estoy aquí ayudándote!
– ¡Esa parte sí la entendí! –respondió Bill con la misma entonación que usaba su hermano– ¡pero me perdí cuando empezaste a mencionar tantos pesos, velocidades y números en general!
– ¿Entonces no escuchaste nada? –preguntó Tommy con tono decepcionado.
– ¡No entendí nada! –respondió Bill extendiendo sus brazos hacia abajo. Tommy solo se dio la vuelta y se restregó la cara por… ya hasta perdió la cuenta de cuantas veces amenazaron con hacerle perder la paciencia en los últimos ¡2 días!– escucha. Estamos perdiendo tiempo valioso mientras hablamos, así que haremos esto: ve por el avión, usa toda tu fuerza y destreza para aterrizarlo con el menor número de bajas, y si se presenta una “complicación” usa nuestra conexión para decírmelo. No importa en qué momento sea, yo te ayudaré.
– ¿Y si por primera vez en toda mi carrera y en toda mi vida fallo? –preguntó el súper humano con tono desanimado y los brazos cruzados mientras pensaba muy seriamente en qué haría a continuación– y todas esas personas…
– Al menos tendremos el consuelo de que intentamos ayudarlas –le dijo Tommy intentando darle fuerzas– y es la verdad. Estamos aquí para salvar a los más posibles, Bill, pero hay situaciones que ni siquiera un súper humano puede resolver.
–Billy se pasó las manos por la cara, caminando un poco por la oficina y preparándose para lo que venía, al mismo tiempo que se daba fuerza a sí mismo, luego se acercó a Tommy y le dijo– ahora más que nunca necesito a ese Thomas Hatcher de sonrisa confiada que siempre me dice que todo estará bien. Necesito escucharlo.
– Te prometo que haré todo lo que esté en mí poder para ayudarte a ti y a esas personas.
Billy sabía que un “todo estará bien” era una promesa incierta, pues la situación que se presentaba ante ellos, en sí, lo era. Así que, conformándose con la respuesta que obtuvo, se dirigió una vez más a la ventana para abrirla y luego de darle una última mirada a su hermano, salió disparado a dónde su oído sónico le indicará que se encontraba el avión.
Thomas no podía mostrarse vulnerable ante nadie, mucho menos si se trataba de las vidas de los civiles, pero eso no quería decir que no sintiera preocupación, o miedo, o ambas, lo cual es muy malo, ya que ambos sentimientos juntos no le hacen nada bien a su migraña.
Fue hacia la cafetera a un lado de su oficina e hizo café para una taza. Claro, como si tener a su hija enferma y adolorida no fuera la gran cosa, ahora el destino le lanzaba una bola curva con un avión a punto de estrellarse, y en verdad esperaba que su hermano fuese capaz de sacarla del campo salvando a las personas adentro.
¿Detener un avión en pleno vuelo y aterrizarlo?, jamás en la historia de los súper humanos se había escuchado algo así. Su hermano es fuerte, claro, y poderoso. El mismo Jace lo dijo: “es el súper más fuerte por excelencia”, pero, ¿estaría preparado para esta misión?, ¿debió enviarlo con un compañero?, estaba seguro de que Metal Lili podía volar tan alto y tan rápido como un jet pero, ¿llegaría a ser tan fuerte como su hermano?
Su café estuvo listo, y al igual que siempre lo sirvió en su taza y se sentó en su escritorio a degustarlo, pero no sin antes echarle dos cucharaditas del frasco junto a su computadora que decía “azúcar”.
Pensaba en toda la nueva situación por la que estaban atravesando, cuando la puerta de su oficina, supuestamente privada, fue abierta. Era Amira, quién entró y fue directo hacia su escritorio para decirle:
– Briana quiere verte.
Su hija. ¡Claro que no la había olvidado!, pero en serio necesitaba solo cinco minutos en la soledad de su oficina para pensar.
–Al ver que Tommy bajaba la mirada y suspiraba cansado ante la mención de Briana, Amira lo miró y le dijo– ¿qué?, ¿ya te cansaste de ser padre?
–Tommy alzó la mirada con una expresión tan rígida, que incluso pondría a tartamudear a sus guardias de seguridad– ¿YO estoy cansado de ser padre cuando TÚ, literalmente, apareces cuando se te da la gana?
– ¡Yo también trabajo, Tom! –se defendió Amira– ¡y no vengo cuando se me da la gana!, vengo todos los domingos a verla porqué es el único día que tengo libre.
– ¡Entonces no me digas que estoy cansado de ser padre! –alzó el tono de voz, quizás más de cómo le hubiese gustado– ¡soy yo quien la tiene viviendo aquí en lugar de un hospital, con una enfermera que la cuida todo el día, dándole analgésicos para el dolor y buscando una maldita cura a su enfermedad!, ¡no estoy cansado de ser padre, estoy cansado de verla sufrir!
– ¿Escuchaste lo que dije? –preguntó Amira manteniendo su postura calmada y seria.
– Sí, lo escuché. Iré con ella en cuanto me calme –dijo frotando sus dedos contra su sien. La migraña aún no lo abandonaba y después de ese subidón de ira un leve temblor se apoderó de sus manos. Lo único que podía hacer en ese punto era mantener la calma lo más posible.
– Siempre has sido temperamental –soltó Amira en medio de un suspiro mientras buscaba una silla para sentarse.
– Amira, lo último que quiero en este momento es hablar contigo –dijo en tono cansado– ¡es más!, ¡ya discutí contigo!
– No hemos discutido –dijo ella sentándose frente a él en la silla– aún recuerdo nuestras “discusiones” de cuando estábamos juntos. Esto ni se le acerca a ninguna de ellas.
– Recuerdo esas discusiones –dijo Tom apoyando sus codos en el escritorio– también recuerdo un anillo de compromiso volando hacia mi cabeza.
– Jamás lo olvidarás, ¿cierto? –preguntó Amira con un indicio de sonrisa.
– Me dio en el ojo y me estuvo llorando todo el día. Tú me dirás–dijo Tommy cambiando su tono de voz a uno más tranquilo.
– ¡No seas dramático! –dijo Amira en broma mientras pasaba una pierna por encima de la otra.
– Habló la que solicitó el divorcio por un mensaje de texto –dijo Tom entrelazando sus dedos y apoyando su barbilla sobre ellos.
– Pensé que tenías a tu “tercera en discordia” –dijo Amira alzando las cejas.
– Era mi antigua secretaria –dijo Tom en tono obvio.
– Pero ella te coqueteaba. Usaba lindas mini faldas y blusitas escotadas solo para ti. Me tenía con los nervios de punta.
– ¿Por qué crees que la despedí? –Tommy, viendo que ya era zona segura, decidió adoptar una postura más relajada y recostarse al respaldo de su silla.
– ¿Por qué te coqueteaba descaradamente o por qué me tenía con los nervios de punta? –preguntó Amira ladeando la cabeza.
– 50/50 –respondió Tommy– aunque no me molestaba que me coqueteara –admitió sin vergüenza alguna para luego sacar una sonrisa graciosa.
– Tuve que tramitar un divorcio para saber eso –dijo Amira en un fingido tono molesto que hizo reír a Thomas– ¿sabes?, si estamos aquí conversando como viejos amigos, quiere decir que no todo fue malo.
– Claro que no –dijo Tommy sin borrar aquella pequeña sonrisa– hubo cosas buenas. El nacimiento de Briana, la luna de miel… la boda, quizás.
– La concepción de Briana –dijo Amira apoyando sus brazos y su busto a la mesa para quedar más cerca de Tommy. Era algo personal entre los dos y como si eso les diera más privacidad, ella decidió acortar un poco más la distancia quedando inclinada hacia el escritorio– ¿lo recuerdas? –preguntó al final mordiéndose el labio inferior.
– La habitación en el hotel de tu tío, junto a la playa –a Tommy se le dibujo una sonrisa en el rostro al recordar uno de los buenos momentos que pasó en su matrimonio– el hombre tenía buen gusto para el romance, lo admito. El vino, las velas, la cama junto a la chimenea.
– Y una bonita panti rosa que se veía muy bien en las piernas de alguien –dijo Amira empezando a reírse.
– ¡Fuiste tú la de la idea! –dijo Tommy apuntando con su dedo a Amira, quién solo se reía del recuerdo– y yo solo quería complacerte.
– Se te veía sexy –dijo Amira jugando.
– Querida, yo me veo sexy con todo –dijo Tom para luego beber de su café mientras Amira soltaba otra sonora carcajada.
– Oh, sí. Con todo y sin nada –dijo ella como una broma al calmar su risa, pero Tom no tomó por alto su comentario.
– ¿Qué más recuerdas? –preguntó Thomas sin quitar la pequeña sonrisa en su cara, pero queriendo ocultar su mirada de la de Amira, mirando hacia abajo a su escritorio.
– Recuerdo que te veías bien sin camisa –dijo ella sacando la misma pequeña sonrisa que tenía su ex esposo en ese momento– también recuerdo como solíamos terminar nuestras discusiones.
– Sí –Thomas sacó una sonrisa traviesa– sin duda el mejor sexo llega después de discutir.
– No lo discuto –dijo la mujer castaña y luego de un par de segundos sus manos se desenvolvieron para atrapar las de Thomas y decirle– dijiste que hace un momento discutiste conmigo.
– Y tú dijiste que eso no contaba como discusión –dijo Tommy sin la intención de querer enredarse con su ex esposa.
– ¿Y qué me dices de la discusión de hace un año?
– ¿Hablas de nuestro divorcio?
– No, si no hay divorcio –dijo Amira y le sonrió complacida.
– ¿A qué te refieres?, ¿cómo que no hay divorcio? –preguntó Tommy frunciendo el ceño.
– Anulé la petición –dijo la aún señora Hatcher volviendo su mirada un tanto entristecida
– ¿Anulaste la…? –Tommy soltó enseguida sus manos de las de ella y volvió a sobarse la cien mientras suspiraba.
– Es lo mejor para todos, Tom. Tú lo sabes –dijo Amira usando un tono conciliador– Briana necesita a sus dos padres juntos, y yo… yo quiero a mi esposo. El rustico, el temperamental, el hombre de negocios, pero que siempre estaba ahí para mí, que siempre cuidó de mí y de mi hija. Que siempre me daba esa sonrisa ladina y me decía que todo estaría bien, el que siempre me hacía el amor por las mañanas. El hombre que aún amo –decía Amira poniendo su más tierna cara y su tono más dulce, mientras Thomas solo la escuchaba en silencio.
– Y si soy el hombre que aún amas, ¿por qué solicitaste el divorcio en primer lugar? –preguntó Thomas volviendo a adoptar la postura fría que casi siempre suele tener.
– Depresión e ira por el estado de Briana, más que por cualquier otra cosa–se excusó la mujer– y lo pagué contigo, lo siento, pero ahora en serio quiero que comencemos de nuevo –dijo y extendió su mano hasta nuevamente tocar la de Thomas– ¿no crees que nuestra hija merece que sus padres estén juntos?