Desesperación.

2733 Words
Billy solo dejó que la enfermera dijera eso antes de salir corriendo de ahí a velocidad cohete, hasta llegar a la sala de conferencias dónde Tommy había tenido su pequeña charla con Abernathy minutos antes. Lo encontró solo y pensativo sentado en la silla de la cabecera. En cuanto Tommy lo vio, supo que algo malo había pasado, pues eran contadas las veces en que Billy se mostraba así de preocupado, sin embargo, ninguna de las cosas terribles que se imaginó y que pasaron por su mente se comparaban a lo que realmente escuchó. Tom llegó corriendo a la habitación de su hija, teniendo a Billy pisándole los talones, encontrándola llorando de dolor mientras tiraba de las sabanas de su cama. Se acercó a ella al instante en que la vio y tomó su mano para darle apoyo, al instante ella la apretó de vuelta con fuerza sintiendo aquel dolor bombear en su espalda. – Ayúdame –suplicó Briana con lágrimas en sus ojos y un tono de voz casi insonoro al dirigirle una mirada de piedad a su padre. Tommy la miró compasivo y volvió a activar aquel tono verde brillante en sus ojos que significaba el uso de su don más útil. Enseguida tomó unas almohadas y con ellas inmovilizó la espalda de la niña, sintiendo la presencia de su gemelo tras de sí. – ¡Tom! –llamó Billy poniendo una mano en el hombro de éste– Amira y Assa están aquí –escuchó y volteó brevemente hacia la puerta para ver cómo su ex esposa se acercaba a su hija e intentaba consolarla, y luego devolvió su vista a Briana. – ¿Qué fue lo que pasó? –le preguntó Amira a Assa. – Estaba tratando de moverla para llevarla al baño, la dejé sentada en la cama un momento para traer su silla de ruedas cuando escuché a mi espalda que algo se caía y golpeaba contra el suelo. Me di la vuelta y ahí estaba ella, no- no sé qué le pasó –dijo la enfermera sonando muy afectada por lo que acababa de pasar. Había cuidado de Briana desde hace 5 años y podría decirse que ha desarrollado cariño por ella, un gran cariño. – ¿Cómo que no sabes? –preguntó Amira entre enojada y desesperada por el estado de su hija. – Fui yo –respondió la niña que soltaba lágrimas en posición fetal– me estiré para tomar la pinza de cabello que está en la cómoda, siempre lo hago, pero creo que ayer la puse muy lejos y me caí –explicó Briana entre lágrimas y gimoteos. – Está bien, nena, solo no hables ya. Guarda tus fuerzas –le dijo Tommy poniendo una mano sobre su cabeza– es la región torácica, la T7 exactamente –dijo Tommy –haciendo un diagnóstico rápido. – ¿Qué? –preguntó Amira sin entender ni qué había dicho. – ¿La T7?, ¿eso es un hueso? –preguntó Billy sin conocer nada de los huesos del cuerpo, excepto que es importante no romperlos. – Es una vértebra –le respondió Tommy– las vértebras rodean y protegen la médula espinal, pero las dos colinas que ella tiene en la espalda las han ido dañando con el tiempo –dijo y bajó la voz– si una vértebra llegara a romperse, su columna podría sufrir daños. – Mierda, ¿y qué quieres hacer?, ¿llamar a un médico? –preguntó Bill con los ojos bien abiertos. – Hay un 70% de probabilidad que en dos o tres años su columna finalmente ceda –dijo mirando hacia su hija– por lo que lo más recomendable para ella sería una operación. – ¿Una operación?, ¿quieres operarla aquí? –preguntó Billy pasmado. – ¿De qué están hablando? –preguntó Amira acercándose a ambos. – Las probabilidades están a la mitad –dijo Tommy aun pensando– que deba ser operada, o que sea lo que yo creo… – ¿Y qué es lo que crees?, ¿de qué hablas, Thomas? –preguntaba Amira comenzando a desesperarse. –Tommy de repente alzó la mirada y les dijo– denle analgésicos para el dolor. UnYa regreso –y sin más que añadir, Tom le dio un beso en la cabeza a Briana y salió corriendo del cuarto. – ¡¿Qué?!, ¡¿Thomas?! –gritó Amira intentando llamarlo, pero Tom solo se detuvo para darle unas indicaciones a la enfermera. – Inmovilice su espalda. No deje que se mueva –ordenó a la enfermera y siguió de largo hasta salir de la habitación con Billy detrás de él comenzando a seguirlo. Tom siguió de prisa hasta llegar al elevador y entrar en él, apenas se había dado la vuelta cuando una mano evitó que las puertas se cerraran, era Billy quién entró después de Tommy. – Dime qué vas a hacer –dijo Bill con mirada severa en cuanto estuvieron los dos solos dentro del aparato. – Presiona el botón del 4º piso –ordenó el mayor apuntando al tablero del elevador. – ¿El laboratorio? –preguntó el menor acatando la orden. – Sí –respondió Tommy al tiempo que él y Billy sintieron como el elevador descendía. – ¿Tienes alguna buena idea? –volvió a preguntar Billy frente a su hermano. – Se me acaba de ocurrir –inició Tommy toda una explicación utilizando sus manos para expresarse– todo este tiempo. Los cinco años que mi hija lleva enferma, siempre nos hemos enfocado en buscar la forma de “cambiar” la sobrepoblación de ADN que produce A-JAX o de eliminarla permanentemente desde la raíz, ¿cierto? – Ajá –dijo Billy sin comprender a qué iba todo eso. – Pero –y sin quererlo, un leve temblor se apoderó de las manos de Tommy, cosa de la que Billy se dio cuenta– ¿qué tal si no necesitáramos cambiar la fórmula existente, ni modificarla, o alterarla, o eliminarla?, ¿qué tal-qué tal si solo necesitáramos “acelerar” el proceso de desarrollo de la habilidad? – Tom, ya me confundiste –le dijo Billy dándole una mirada un tanto temerosa, justo cuando las puertas del ascensor se abrieron dejándolos salir hacia el laboratorio. Billy se hizo hacia atrás mientras que Tommy con rapidez se dirigió hacia el científico con el que había hablado días antes. – ¡Martin, espero que hayas hecho lo que te pedí! –exclamó el mayor de los gemelos viendo al científico en su área de trabajo. – Señor, hice lo que dijo –dijo el joven de bata blanca levantándose para recibir a Tommy– pero la fórmula no dio resultados positivos en las ratas. – No te preocupes, se me acaba de ocurrir algo mejor –dijo el CEO de Victory Prime y tomando la carpeta del hombre de sus manos, anotó una fórmula de aceleración genética y se la enseñó– ¿puedes recrearla? – Yo… creo que sí –dijo acomodando sus lentes para ver bien dicho procedimiento químico. – ¿Y en cuanto tiempo puedes tenerla lista? –preguntó Tommy estrujando su mano derecha con la izquierda. – No lo sé, un par de días, creo –le dijo el joven científico. – Necesito que la empiezas ahora y ya tengas un avance para esta noche –dijo Tom con total seriedad. – ¿Qué? –exclamó Billy sin entender nada. – Está bien, pero esto es algo nuevo, totalmente experimental, ¿enserio quiere probar suerte y… administrárselo a su hija? –preguntó el científico cuidando bien sus palabras. – Hay un 85% de probabilidad de que esta misma noche llegue “el complemento” de esa fórmula, lo que la hará 100% compatible con cualquier organismo. Y hay solo un 6% de falla en ese procedimiento –dijo Tommy apuntando con su dedo a la carpeta. – Está temblando, jefe –dijo el científico Martin viendo el leve pero notable temblor en las manos de Tommy Hatcher. – Descuida, pasa cada vez que uso este fastidioso pero útil don –dijo Tommy apuntando a sus ojos que seguían de un color verde brillante. Si apagaran las luces en ese instante, lo único que se vería en la oscuridad sería el color verde neón en los ojos de Tommy. – Okey –dijo Martin y miró la carpeta con la fórmula en ella sin querer indagar más en el asunto– entonces comenzaré ahora. – Por favor –dijo Tommy antes de que Martin se fuera a hacer lo que dijo. Tommy se dio la vuelta parándose donde antes estaba Martin para quedar de frente a Billy. El menor de los Hatcher tomó una de las manos de su hermano mayor apretándola fuerte. – ¿Estás…“heurístico”? –preguntó Bill sin recordar muy bien la vez en que su hermano le explicó su poder. – Yo iba a decir “Tecnológico – informativo – comunicativo” pero “heurístico”… sí, podría decirse que estoy “heurístico” –dijo Tommy hablando un poco más rápido a lo usual. – O-okey –por supuesto Bill no entendió nada– solo… cálmate, ella-ella estará bien. Ya puedes apagar esa… –dijo apuntando a sus propios ojos refiriéndose al verde neón en los ojos de Tommy– “cosa”. – Eso es lo malo de usarlo, ¿ves? Porqué… siento que me consume y cada vez… es más difícil… apagarlo –dijo Tommy parpadeando varias veces, esperando que aquel brillo verde desapareciera de sus ojos, pero no lo conseguía. – Tal vez si te calmas primero –dijo Billy como una solución dándole una mirada casi de súplica. – No es cuestión de calmarme, es cuestión de… –dijo y finalmente respiró profundo logrando que el brillo verde desapareciera poco a poco. – Sí, no es cuestión de “calmarte”, es cuestión de “relajarte” –dijo Billy casi burlándose de su hermano. – Déjame en paz –respondió Tommy arrancando su mano del agarre de su hermano. – “Por nada” –dijo Billy sarcástico mientras seguía la mirada de su hermano, la que apuntaba a… oh no. – ¿Es ese el suéter que uso por las mañanas? –preguntó Tommy mientras inclinaba su cabeza a un lado sin dejar de mirar la prenda. – Sí, yo, ah… lo tome “prestado” de tu closet –dijo Bill con cierto nerviosismo– esperaba que no te importara. – Y mi pantalón también, por lo visto –dijo Tommy ahora dirigiendo su vista a dicho pantalón. – Lo malo de tener hermanos con tu misma talla –dijo Bill queriendo bromear un poco. – ¿Ya qué?, devuélvemelos mañana– dijo el CEO y quiso darse la vuelta buscando volver al elevador. – Sí, bueno, ya que estamos en esto… puede que también haya “asaltado” tu nevera –admitió con cierto nerviosismo logrando que su hermano se detuviera y girara a verlo una vez más. – Te comiste mi ensalada y mi pan integral, ¿cierto? –preguntó Tommy con seriedad. – ¡No tienes idea de cuantas calorías quemo volando de aquí a Alabama!, ¡te lo juro, es algo ilógico!, ¡si fuera totalmente humano moriría por falta de calorías en dos días! –explicó Billy tratando de ponerle a su hermano una situación extremadamente seria para él– ¡corrí desde tu oficina hasta la sala de juntas y ya estoy sudando como cerdo! –y nuevamente Tommy se quedó parado en seco en su lugar antes de voltear a ver a su hermano con un gesto indescifrable en su cara. – ¿Con mi ropa puesta? –preguntó Tommy, a lo que Billy volvió a poner su mirada nerviosa. Billy estaba a punto de alegar que lo hizo por avisarle de Briana, pero estaba casi seguro de que Tommy le rebatiría diciendo que pudo haber usado su conexión psíquica, lo cual en todo caso, hubiera sido más rápido y como siempre, tendría razón. – Lo siento –fue todo lo que dijo Billy. – ¿Sabes qué?, te la regalo –dijo refiriéndose a la ropa y entonces sí, reanudó su caminata hasta el ascensor. – Aún la puedo lavar –insistió su hermano. – Dije qué te la regalo –dijo Tom con un tono cansado y Billy no insistió más. – ¿Y ahora qué quieres hacer? –preguntó Billy una vez que ambos hermanos se encontraban dentro del ascensor. – Debo volver con Briana, me necesita –dijo Tommy y Billy presionó el botón 8, el piso de Briana y todo lo que su enfermera necesita para cuidar de ella. – ¿Y cómo piensas ayudarla ahora? – Analgésicos y calmantes… –respondió Tommy llevándose una mano a su sien mientras suspiraba con cansancio– si ese 94% de probabilidad de que resulte nos favorece, esta será la última vez que la drogué para que pueda dormir. – ¿Te duele la cabeza? –preguntó Bill mirando con el ceño fruncido la acción de su hermano de sobarse la sien. – Sí, desde ayer –respondió Tom y bajó la mano– es el estrés, descuida. – La última vez que dijiste eso conocimos tu otro súper poder –dijo Bill sin ocultar su desconfianza a esas palabras. – Lamento eso, otra vez –respondió Tom bajando un poco la cabeza– pero esta vez sé que no es por “eso”. Tengo mi “medicina”, ¿recuerdas? – Sí, esa “medicina” en particular, no me gusta –dijo Bill con voz y mirada seria. – A mí tampoco pero, ¿qué más puedo hacer? – Hay muchas más formas de controlar tus sentidos y tus poderes junto con ellos –dijo Bill antes de que las puertas del ascensor se abrieran. – ¡Ay, por favor! –dijo Tommy pasando por un lado de su hermano para salir del elevador– ¡no me inscribiré en clases de yoga! – ¡Búrlate si quieres, pero cualquier cosa es más sana que…! –decía Bill cuando Donny llegó apresurado por la puerta al otro lado del pasillo llamando a su jefe. – ¡No puede ser!, ¡¿ahora qué?! –preguntó el CEO de la empresa, visiblemente irritado, mientras volteaba hacia su asistente. – Usted y Prometeo tienen que venir a ver esto –dijo el joven Agende apuntando con su pulgar por donde había venido. – ¡Solo di de qué se trata, Donny! –dijo Thomas cruzándose de brazos. – El vuelo 489 con rumbo a Londres está teniendo problemas en el aire, y según los reporteros, podría estrellarse –dijo el chico. Los dos gemelos se miraron con la misma cara de horror y fueron a paso ligero con Donny guiándolos. . – "Tal parece que el vuelo 489 con rumbo hacia Londres está teniendo problemas en pleno vuelo. Según fuentes llegó a la central de la aerolínea un mensaje del capitán diciendo que una de las alas fue averiada junto con la compuerta que permite a las ruedas del avión salir y amenizar el aterrizaje –decía la reportera en las noticias de la tarde– hasta ahora no se sabe qué hará la aerolínea para salvar el vuelo y a sus pasajeros, incluyendo al capitán y al copiloto. O quizás uno de nuestros amados súper humanos se presente a último momento para salvar el día… Bill se mordía los nudillos sintiendo sus nervios a flor de piel, mientras que Tommy se llevaba nuevamente la mano a su sien. La migraña había vuelto y eso NO es buena señal. Quizás las clases de yoga ya no sean tan malas. Sin duda es eso o la opción de “perder el control”. Pero ya tendría tiempo de pensar en ello, por ahora se concentraría en el hecho de qué… – ¡Yo jamás he aterrizado un avión en pleno vuelo, mucho menos desde afuera! –dijo Bill con evidente inseguridad, nerviosismo, y… ¡ah, sí!, pánico. – Lo sé –dijo Tommy poniendo sus manos frente a su hermano tratando de calmarlo– pero, ¿qué quieres qué te diga?, siempre hay una primera vez para todo…
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