Agosto, 1986. Houston, Texas.
Los había convencido de salir a jugar al patio mientras ella hacía el almuerzo. Sus padres habían salido a hacer las compras, por lo que Dana dedujo que se quedaría sola por unas horas con sus gemelos: William y Thomas, “Billy” y “Tommy”.
Sus hijos tienen seis años y ella aún se está acostumbrando a ser madre, claro recibe ayuda de sus propios padres, sin mencionar la ayuda económica del gobierno, pero aun así, se volvía tedioso tener que atenderlos y cuidarlos a ambos. Podía cargar a uno de ellos en sus brazos, pero el otro escapaba de su vista y hacía algún desastre.
Luego de limpiar la sala al menos seis veces, evitar tres peleas diarias por algún juguete y soportar los berrinches de cada uno por cualquier cosa, al final del día Dana Hatcher solo pensaba en tomar un relajante baño caliente e irse a dormir.
Tenía claro que nada iba a cambiar el hecho de que amaba a sus hijos con locura. Se sintió tan plena cuando escuchó a Tommy decirle “mamá” por primera vez mientras le leía a ambos un cuento para dormir, luego Tommy repitió “mamá” y lo volvió a repetir una y otra vez hasta que Billy comenzó a seguirlo como siempre lo hace.
Esa noche Dana se quedó dormida junto a sus hijos escuchándolos llamarla “mamá” una y otra vez y sintiendo su corazón derretirse junto a ellos.
La segunda vez que tuvo ese sentimiento fue cuando Billy comenzó a caminar. Él fue el de la iniciativa intentando pararse solo y dar el primer paso sin caer, cosa que no logró a la primera eso es seguro, y luego Tommy lo siguió cayendo y levantándose una y otra vez en cada uno de sus intentos.
La última vez que lo intentaron fue cuando Billy intentó dar el primer paso y cayó de espaldas en la alfombra de felpa de la sala, el impactó no fue duro pero aun así gritó y lloró cómo si la vida se le fuera en ello. Quizás por la frustración de no poder caminar solito.
Fue entonces cuando llegó Dana y tomándolo de los brazos lo impulsó hacia arriba y él inmediatamente dejó de llorar para dar ese primer paso, luego el segundo, luego el tercero… y así hasta que logró cruzar la sala y regresar a la alfombra de felpa con la ayuda de su madre. Enseguida Tommy quiso intentarlo también, por lo que se levantó él solo y extendió sus bracitos hacia su madre, ella los tomó y comenzaron a caminar dando el mismo recorrido que Dana dio con Billy. Fue el tercer momento mágico en su vida como madre. Por supuesto el primero fue el nacimiento de sus gemelos.
Claro, al principio no fue “tan” mágico. Recuerda haberse sentido aliviada cuando tuvo a Tommy entre sus brazos, pero dicho alivio no duró mucho, pues las contracciones de Billy empezaron solo doce segundos después. Recuerda haber gritado “¡no puede ser!” en plena sala de parto cuando recordó que aún faltaba otro, sobresaltando a una que otra enfermera al momento.
También está un 99% segura de que le gritó “¡imbécil!” al doctor cuando este no dejaba de insistirle en que pujara.
“Buenos recuerdos” sin duda.
– ¡Mamá! –escuchó el grito de Tommy desde el patio– ¡mamá, ven rápido! –exclamó con insistencia.
Dana no pudo evitar preocuparse y preguntarse qué sucedía, por lo que dejó todo lo que estaba haciendo en la cocina y fue al patio a ver qué estaban haciendo esta vez.
Al llegar al punto de dónde provenían los gritos solo pudo ver a Tommy, ya que Billy no se encontraba en ningún lado. Eso preocupo aún más a Dana.
– ¿Qué pasó?, ¿dónde está, Billy? –preguntó Dana mirando a su alrededor sin localizar a su hijo menor.
– El voló –fue todo lo que le respondió su hijo de seis años mientras miraba hacia el cielo.
– ¿Qué? –preguntó Dana sin entender lo que su hijo quería decirle– Tommy, ¿dónde está Billy? –volvió a interrogar Dana mientras se acercaba a su hijo hasta posarse a su lado. La única respuesta que obtuvo de Tommy esta vez fue su pequeño dedo apuntando hacia el cielo. Dana, sin comprender nada, miró en esa dirección y enseguida sintió cómo su corazón se detenía por un instante, al mismo tiempo que sus ojos se abrían tanto como su boca.
– ¡Hola, mamá! –exclamó Billy mientras flotaba sin rumbo por el cielo– ¡mira, estoy volando!
– ¡Es increíble, Billy! –gritó Tommy desde abajo.
– ¡Gracias!, ¡lo sé! –le respondió Billy para luego fingir que nadaba en el aire.
– ¡NO! –exclamó Dana reaccionando– ¡no es increíble, es peligroso!, ¡Billy, baja ya!
Dana se imaginó que al ser hijos de un súper hombre tarde o temprano sus gemelos empezarían a desarrollar “habilidades extrahumanas” como: súper fuerza, súper velocidad, resistencia al calor extremo o a temperaturas bajo cero… quizás visión de rayos X cómo Superman.
Pero JAMÁS se imaginó que vería a uno de sus hijos flotando en su patio. Valla, este sí que será un gran show para sus vecinos.
¿En qué está pensando?, ¡BILLY!
– ¡William Nathaniel Hatcher quiero que bajes enseguida! –Dana tuvo que usar su tono militar sobresaltando un poco al pequeño que tenía al lado, pero funcionó, ya que enseguida Billy cambió su cara alegre por una arrepentida y comenzó a bajar hasta llegar al suelo.
Una vez en la seguridad del piso Dana se acercó a él y lo abrazó con fuerza, cosa que Billy correspondió. Luego se despegó de él y mirándolo a los ojos le preguntó.
– ¿Cómo hiciste eso?, ¿lo sabes?
– No lo sé –respondió Billy– Tommy y yo solo estábamos jugando cuando empecé a elevarme.
– ¿Solo así? –preguntó Dana.
– Eso creo –dijo Billy.
– ¡Y diste un salto! –exclamó Tommy detrás de Dana.
– ¡Ah, sí!, di un salto y entonces empecé a elevarme –dijo Billy.
– Entonces tu poder es volar –comentó Dana asintiendo para sí misma.
– ¿Qué? –preguntó Billy inclinando su cabeza hacia un lado mientras procesaba la información. Al lograrlo, su rostro se iluminó de felicidad y le preguntó a su madre– ¡¿tengo poderes?!
– ¡¿Billy es un súper héroe, mamá?! –interrogó Tommy esta vez con la misma cara de felicidad que su hermano.
– Y tú también –le dijo Dana a su hijo mayor, a lo que éste le dio la mejor cara sorprendida que haya visto en su vida.
– ¿Somos súper héroes? –preguntó Tommy en la incredulidad sobre ser un ente anormal con habilidades extra humanas. Es decir: “un súper humano”.
– Tengo que hablar con ustedes sobre sus… “habilidades” –dijo Dana levantándose del suelo y luego tuvo que hacer una pregunta importante– pero primero: tú no vas a volar también, ¿oh, sí? –preguntó Dana apuntando a Tommy.
– No lo sé –respondió este y dio dos saltitos en su lugar– creo que no.
– Bien –dijo la madre y los condujo a ambos adentro de la casa otra vez.
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Washington, época actual.
Tommy sostenía los viejos pedazos del artefacto mientras sonreía para sí mismo recordando aquel agosto en que Billy descubrió que tiene poderes. En eso salió el susodicho de su baño en la sala de su apartamento con una toalla rodeando su cintura, y vio la pequeña sonrisa de su hermano mientras hacía a un lado los pedazos sueltos del artefacto.
– ¿En qué piensas? –preguntó Billy antes de ir al cuarto a cambiarse. Siempre tenía algo de su ropa en el apartamento de su hermano para casos de emergencia.
– Recordé el momento en qué mamá te encontró flotando en el patio por primera vez. Teníamos… –dijo haciendo memoria del momento– unos cinco o seis años. Fue la vez en que nos contó que tenemos poderes.
– Lindo recuerdo –dijo Billy desde el cuarto buscando su ropa– sobre todo la parte cuando nos dijo quién es nuestro padre y qué hizo para embarazarla de nosotros.
– ¡No, esa historia fue mucho después cuando teníamos como 16 o 17 años! –respondió Tommy con cara de extrañeza mientras hacía memoria de ese día.
– ¡No!, ¡fue ese mismo día! –insistió Billy desde el cuarto.
– ¡Bill, si nuestra madre nos hubiera traumado de niños con esa historia, te juro que yo lo recordaría! –dijo Tommy en tono militar– ¡nos lo dijo después!
– ¡Cómo sea! –exclamó Bill saliendo del cuarto ya cambiado con un pantalón de lana gris y una camiseta negra– ¡¿qué tiene eso que ver con el artefacto?!
– Que recordé cuando mamá cocinaba mientras escuchaba la radio.
– ¿Y?
– ‘Y’ Recordé las radios de ese momento.
– ¿Y entonces?
– 'Y entonces’ me puse a pensar que esta máquina es igual a una de esas radios –dijo Tommy mirando el artefacto por fuera– funciona igual. Mismo sistema y frecuencia. Normalmente, cuando una radio no es usada, produce un sonido chispeante y correoso, cómo miles de gravas siendo movidas.
– Sí, se le llama “estática” –dijo Billy siendo y sonando obvio.
– Pero cuando cambias de canal o de frecuencia, o le subes o bajas el volumen, hay una mísera de segundo en que escuchas un sonido. Es como un “bip”, un “bip” largo que dura solo tres segundos. Pero ese sonido, ese “bip”, en realidad puede durar mucho más tiempo si alguien, quién sea, se propusiera a “alterar” la radio.
– Ante la explicación, que comenzaba a tomar sentido para Billy, este tuvo que sentarse en la silla frente a su hermano y preguntarle– ¿crees que ésta es una simple radio que fue alterada?
– Creo que es un artefacto basado en una simple radio previamente alterada que produce una frecuencia tan fina y baja que solo el oído de un canino podría escucharla –dijo Tommy mirando la máquina fijamente mientras pasaba un dedo por su barbilla.
– ¿Me estás llamando “perro”? –preguntó Billy con tono jocoso.
– La frecuencia solo podría dañarte en una nota menor a ‘sí menor’ porqué los perros escuchan ‘sí menor’ relativamente bien. Debe ser un ‘sí menor’ extremadamente agudo… –Tommy ignoró totalmente a su hermano y su pregunta, y postrando sus codos sobre la mesa miró más de cerca el artefacto– quizás no es la alteración de la frecuencia lo que produce el sonido sino algo más… me falta el “común denominador” en esta ecuación.
Entonces Tommy cerró los párpados y en cuanto volvió a abrirlos sus ojos eran de un color verde esmeralda brillante. Se levantó de la silla lentamente y comenzó a inspeccionar la máquina en busca de la pieza que no estaba viendo.
– ¿Qué descubriste? –preguntó Billy posándose al lado de su hermano.
– Dijiste que Rex Jon te había rescatado. ¿Notaste si él se vio afectado por el sonido también o solo tú? –preguntó Tommy mientras revisaba las piezas una por una.
– No, no me fijé, estaba muy ocupado evitando que me explotara el cerebro –respondió Billy sarcástico.
– Se me ocurre que no es la alteración del aparato en sí lo que produce el sonido, sino algo más, algo que está dirigido directamente hacia tú cabeza.
– ¿Algo como qué? –preguntó Bill viendo como Tommy hallaba algo dentro de lo que quedó del artefacto.
– Algo como esto –lo que tenía el CEO de VP era un minúsculo aparato color n***o que podía tomar entre sus dedos índice y pulgar, pero debajo tenía unas pequeñas aberturas y un minúsculo bombillo que, suponía, se encendía cuando estaba activado.
– ¿Qué es eso? –preguntó Billy viendo el aparato.
– ¿Quieres que sea brutalmente honesto? –preguntó Tommy con sus ojos aun iluminados en color verde.
– Por favor –respondió su hermano.
– Esto es una memoria RAM de sonido –respondió Tommy con total serenidad.
– ¿Una qué? –preguntó su hermano.
– Aún no se inventan. Esta es la primera de su tipo –dijo el mayor de los gemelos mientras examinaba el pequeño aparato– una memoria RAM es la fuente de almacenamiento de un dispositivo a corto plazo y ésta es de sonido, almacena cualquier formato de sonido por un período de tiempo.
– ¿Y qué tiene que ver conmigo? –preguntó Billy posando sus manos en sus caderas.
– Qué es muy probable que Rex Jon la haya usado para intentar volarte los sesos a ti, y a mí por accidente.
– ¿Cómo? –preguntó Billy intrigado girando a ver completamente a su hermano– ¿y cómo es que me afectó a mí y a él no?, tenemos casi el mismo oído.
– Tu oído es más sensible que el suyo, pensé que eso era evidente pero… estoy casi seguro de que hay algo más aquí, algo que alguien no quiere que veamos –dijo Tom mirando con escrutinio el pequeño aparato.
– ¿Y qué es ese “algo”?
– Solo hay una forma de averiguarlo…