Rex Jon caminaba deprisa por los largos pasillos de mármol ocre y las paredes decoradas con pintura dorada que hay en OZ Corporation. Su cara lo decía todo para todo el que pasara a su lado. Tenía una sonrisa aterradora y una mirada que rezaba: “fuera de mí camino”, mientras se dirigía a paso veloz hasta la oficina del CEO y Presidente de OZ.
En su oficina, el señor Abernathy tenía una reunión importante con Camila Lambert, quién le estaba explicando el funcionamiento de un “artefacto no probado” y el cómo les podría ayudar en un futuro, justo cuando Rex Jon abrió las puertas de la oficina entrando cual perro a su casa.
– ¡Lo tenemos! –le exclamó Rex Jon a su jefe apoyándose del escritorio de éste e ignorando la presencia de la científica por completo.
– ¿Qué “tenemos”? –preguntó Abernathy girando a ver a Rex Jon totalmente estoico. No le sorprendió que Jon entrara así, pues no era la primera vez que lo hacía.
– ¡El artefacto! –volvió a exclamar Rex y giró hacia la cartulina que Camila Lambert usaba para exponer– ¡ese artefacto, funcionó!, ¡detuvo a Prometeo!
– ¿Qué? –preguntó Cam atrás de todos sintiendo que se había perdido de mucho.
– ¿Lo detuvo? –preguntó Abernathy levantándose lentamente de la silla frente a su escritorio.
– ¡Sí! –dijo Jon sin querer dejar su efusividad.
– Define, “lo detuvo” –insistió Clinton Abernathy con una cara que decía que aún no se lo creía.
– ¡Por Dios santo, Clint! –exclamó Rex Jon acabando por perder la paciencia– ¡el maldito Prometeo se tiró al piso gritando y retorciéndose de dolor cómo el gusano que es, mientras escuchaba la frecuencia que “eso” transmitía! –gritó apuntando a la cartelera de la doctora, dónde se mostraba claramente el aparato del que discutían– ¡lo logramos!, ¡ya no tendremos esa espina en el trasero nunca más!
– ¿Señor? –preguntó Camila intentando que la escucharan.
– Está bien, Jon –dijo Clint tratando de calmar a su subordinado alzando su mano hacia él– ahora debemos planear muy cuidadosamente nuestro siguiente movimiento…
– ¡Al diablo con eso! –exclamó con furor el súper de traje rojo– ¡podemos acabar con el imbécil, ahora!
– ¡Señor, no estoy entendiendo nada! –exclamó Camila finalmente alzando su voz y logrando llamar la atención de ambos hombres– ¿acaso probaron el artefacto en Prometeo?
– Sí –respondió Abernathy de manera concisa.
– Pero, ¿cómo si no se ha armado aún? –interrogó la joven científica.
– Tú debes ser la científica que inventó este maravilloso artefacto –dijo Jon “aparentando” tranquilidad mientras apuntaba nuevamente a la cartelera con la fotografía de dicho aparato.
– Así es –respondió Cam– pero aún no he tenido tiempo de ensamblarlo, ¿cómo es que ya fue probado?
– Un amigo tuyo en el laboratorio me entregó los planos a mí para que los ingenieros lo ensamblaran por ti –respondió el señor Abernathy mientras le daba la vuelta a su escritorio.
– Y probarlo en Prometeo, ¿por qué? –preguntó Camila con seriedad. Rex Jon miró casi iracundo a Abernathy, casi como si pudiera decirle “ya preguntó demasiado”.
– Ese es un asunto de la compañía –respondió Abernathy.
– ¿De la compañía o parte de una rivalidad? –preguntó Camila mirando de reojo a Rex Jon.
– Okey –dijo Jon aplaudiendo frente a su pecho llamando así la atención de ambos individuos– ha sido muy divertido y usted ha sido de mucha ayuda creando esta máquina para nosotros, señorita. Pero… –decía Jon mientras se acercaba cada vez más a Cam.
– Jon –reprendió Abernathy desde su lugar.
– Sus servicios para/con esta empresa ya no son requeridos –prosiguió el súper humano de traje rojo– usted está, oficialmente, y desde este día…
– ¡Jon, basta! –reprendió el señor Abernathy alzando su tono de voz para que no le quedara duda a su “empleado” de que él era quien daba las órdenes en OZ.
Si había algo que Rex Jon odiara es que le dieran órdenes, pero tratándose de Abernathy a veces Jon, aunque le revolviera el estómago y le quemara las entrañas, debía hacerle caso. Después de todo, Clinton Abernathy fue el hombre que lo crió y lo presentó ante el mundo. Le debe toda su fama y posición a él. Además, Clinton es el único individuo que le presta real atención y cumple sus llamados “caprichos”.
Aunque “Matar” o “detener” a Prometeo no es un “capricho”, según Jon.
– Señorita Lambert, ¿recuerda lo que le sugerí?, ¿sobre regresar a su casa a descansar? –prosiguió el señor Abernathy. Camila le asintió en respuesta– este es un buen momento para hacer lo dicho.
Camila salió de la oficina del presidente de OZ como alma que lleva el diablo, pero no salió de la empresa. Averiguaría lo que esos dos tramaban esa misma noche.
.
Prometeo se encontró con Ironhead a mitad de camino hacia Victory Prime. Debió suponer que aquel extraño sonido impactó en su cerebro más profundo de lo que creyó, llegando incluso a “activar” la conexión psíquica que tiene con su hermano gemelo. Y éste, por ende, envió a otro súper a buscarlo y ver que estuviese bien.
– En serio nos diste un buen susto a todos, amigo –le dijo Ironhead a Billy en cuanto se encontraron.
– Esa no era mi intención –dijo Billy en tono de disculpa.
– ¿Qué es eso? –preguntó Ironhead viendo la enorme caja de madera que tenía Prometeo entre sus manos.
– Lo que me pasó –respondió Billy.
– Se oye grave –comentó Jace sin intentar ocultar el tono de inseguridad en su voz.
– 'Es' grave –respondió Billy.
Con el poder de Ironhead los dos desaparecieron de aquel lugar y reaparecieron en VP en cuestión de segundos. Jace guió a Billy hasta el “pequeño” pero lujoso apartamento de Tommy ubicado dentro del mismo edificio, un piso debajo de su oficina en la cúspide de Victory Prime.
Allí, en su apartamento, Tommy justamente había llenado su bañera con agua caliente y estaba listo para meterse en ella, cuando el timbre de su puerta principal sonó. Pasó por su mente que podría tratarse de Ironhead trayendo de vuelta a su hermano, por lo que se levantó de inmediato y fue a abrir la puerta.
Fue inmenso su alivio al ver a Billy a salvo. Lo abrazó y les dijo a ambos que pasaran a su sala.
Su sala de estar era relativamente pequeña, compuesta por un largo sillón de cuero n***o enfrente de un televisor plasma, una mesa de vidrio polarizado con cuatro sillas plásticas de color n***o igualmente y enormes ventanales con vista a la ciudad. Sencillo pero elegante, así es Tommy en cuanto a decoración, vestimenta y gustos en general.
Billy abrió la caja y sacó del interior lo que quedó del extraño artefacto: una caja metálica con la mitad superior quemada y un montón de piezas sueltas, destruidas y/o quemadas.
– ¿Qué fue lo que pasó exactamente? –preguntó Tommy a su hermano.
– Yo seguí a unos secuestradores hasta su “base” dónde tenían a varias chicas encerradas. Iba a saltar a detenerlos cuando uno de ellos trajo éste artefacto y lo encendió. Al instante escuché un sonido… –dijo Prometeo y se llevó una mano a su cabeza tratando de describir lo que había escuchado– terriblemente agudo. Sentía que se clavaba en mi cabeza como un cuchillo…
– Lo sé. Lo oí también –dijo Tommy sin expresión.
– Sí, perdí el control sobre mis habilidades. Supongo que “active” nuestra conexión por accidente –dijo Billy.
– ¿Qué pasó después? –preguntó Tommy.
– Luego me tiré al piso chillando de dolor, y no adivinaras quién apareció para salvar mi vida –dijo Billy girando y quedando frente a su hermano.
– ¿Quién? –preguntó Tommy frunciendo el ceño.
– El mejor amigo de la ciudad y el país: Rex Jon –dijo Billy con completo sarcasmo.
– ¡No jodas! –dijo Tommy.
– No jodo, es la verdad –le respondió Billy– destruyó el artefacto, mató a todos los de la red de tráfico, incluso dejó ir a las chicas ilesas. Y la cereza en el pastel: salvó mi vida. No puedo esperar hasta mañana, las r************* estarán cargadas de su “proeza” –dijo Billy sonando sarcástico nuevamente al final.
– Algo no está bien –dijo Jace ganándose la mirada de los dos hermanos– ¿por qué Rex Jon te salvaría?
– No lo sé –respondió Billy cruzándose de brazos.
– ¿Y cómo sabía dónde estabas?, ¿cómo te encontró? –preguntó Tommy mirando hacia el extraño artefacto en frente de sí.
– Habrá que preguntarle, ¿no creen? –preguntó Billy mirando a su hermano y luego a Jace.
.
– Tengo curiosidad –dijo Rex Jon a Clint Abernathy aún en la oficina de éste– ¿de dónde sacaste a esos tipos rusos?
– Dmitri Ivanovsky dirigía el mercado n***o de “súper fórmulas” aquí en Washington. Cuando lo descubrí él me hizo una oferta: yo le daría fórmulas no probadas para traficarlas y a cambio él me daría la mitad de sus ganancias. El “fingir” que él y sus hombres eran una red de tráfico fue solo un favor que le pedí.
– ¿“Trafica” con fórmulas no probadas? –preguntó Jon.
– “Traficaba”, tú lo mataste –le dijo Clinton casi en tono de reproche.
– ¡Ah, sí! –dijo Jon con una sonrisa inocente– lamento eso. Él se puso en medio.
– Bueno, ahora gracias a tu “error” se nos acabaron los fondos –comentó Abernathy sentado frente a su escritorio.
– Eso último a Rex no le hizo ninguna gracia, por lo que se volteó hacia su “jefe” y muy seriamente le preguntó– ¿cómo que se acabaron los fondos?
– La empresa está en quiebra, Jon –soltó Abernathy entrelazando sus dedos por encima de su escritorio– ¿por qué crees que pongo tanta presión en ti y en los medios para patrocinarte?, ¿por qué crees que sacó tantos eventos y consigo dinero de la manera que sea? Estamos a punto de declararnos en quiebra. En bancarrota.
– ¡¿Y cómo demonios…?! –Jon estaba a punto de exaltarse otra vez, pero Abernathy lo interrumpió enseguida.
– ¡Por tu pelea contra Prometeo hace dos años! ––exclamó el presidente de Oz– ¡nos dejaste mal parados a todos!, ¡tú audiencia y tus números comenzaron a decaer y por ende tus ganancias también!
– ¡¿Y por qué carajo nadie me dijo eso?! –preguntó el Rey empezando a sentir la ira recorrerlo.
– Te lo dije yo, te lo dijeron nuestros ejecutivos, te lo dijeron nuestros accionistas, ¡todos te lo dijimos! Pero claro, tú estabas muy ocupado haciéndote enemigo de la única persona que pudo salvarnos en ese momento –dijo Clint con una tranquilidad que incluso espantaba.
– ¿Ahora quieres echarme la culpa a mí? –preguntó el rey con algo de indignación en su voz mientras apuntaba a su pecho.
– La culpa es tuya, Jon. Si tan solo te hubieras disculpado quizás Tommy Hatcher y Prometeo nos habrían ayudado –dijo Abernathy con cierta lástima en su tono– pero no, tu orgullo tenía que prevalecer.
– Aunque me hubiese “disculpado” con ambos, ninguno de los dos JAMÁS nos habrían ayudado. ¿Si recuerdas quién murió en esa pelea hace dos años, verdad? –preguntó Jon con ojos abiertos como ventanas. La pérdida de civiles ese día fue equivalente a un desastre natural… pero UNA de esas personas en particular era muy importante para los Hatcher.
– Aun así, sigue siendo tu culpa –dijo Clint sin perder esa radical calma que lo caracterizaba– tú iniciaste la pelea y provocaste que Prometeo lanzará el rayo que quemó, no solo su casa, sino también la mitad del vecindario. Ahora hay personas que confían tan poco en ti cómo en él y personas que están de SU lado y no del tuyo. Tú provocaste esta baja de ganancias y ese artefacto –dijo apuntando a la cartulina que mostraba la peculiar máquina– digamos que es un “método desesperado” por volver a ponerte a ti en la cima.
–Rex Jon volteó hacia la imagen del artefacto y una pregunta importante surcó su mente– ¿cómo es que lo afecta a él pero no a mí?
–Abernathy suspiró con cansancio. Debía suponer que Jon cambiaría de tema a cualquier cosa antes de aceptar la culpa de algo– tengo entendido que los ingenieros lo alteraron. El oído de Prometeo es más sensible que el tuyo, por lo que bajaron la frecuencia incluso más para que fuera tortuoso para él y soportable para ti.
– Es asombroso –dijo Jon sin dejar de alabar el prolijo trabajo que habían hecho los científicos, ingenieros y la doctora Lambert en particular.
– ¡Y es solo en casos de emergencia! –dijo Abernathy en tono de advertencia. Jon giró para encararlo– ya hiciste suficientes desastres en tan solo dos años. No dejaré que “intentes” matar a tu rival con ese artefacto, porqué si fallas te hundes y nos hundirás a todos contigo.