Prometeo y Teseo.

2157 Words
– ¡Gracias a todos por estar aquí hoy! –exclamó Rex Jon saludando al público que lo acompañaba el día de su cumpleaños. Traía un audífono en su oído que iba conectado a un micrófono junto a su boca. Por el audífono podía escuchar toda la información que diría en el evento– en el día de mi cumpleaños quiero que celebren junto conmigo –dijo Rex Jon en cuanto el público se calmó y luego empezó a caminar por el escenario– habrán actividades, una vez que yo termine de hacerles perder el tiempo –dijo como un chiste, cosa que la gente captó pues se escucharon unas tenues risas de fondo– y por supuesto tendremos muchas estrellas invitadas como: ¡Tigrees y Golden Luna! –exclamó y el público se puso eufórico– ¡claro que sí! y además… Rex debía ser, además de quien abriera el show, quien anunciara el itinerario para el día, pero el revuelo de las personas al fondo quienes gritaban apuntando al cielo por detrás de la carpa negra que servía como fondo del escenario al aire libre, lo distrajo y desconcertó por un momento. De repente todo el público empezó a hacer lo mismo al tiempo que saltaban y volvían a dar alaridos eufóricos. – ¿Qué? –preguntó Rex Jon realmente confundido hasta que el motivo de los gritos se hizo presente en el escenario tras de sí. – ¡Damas y caballeros, de vuelta desde Bagdad tenemos a un invitado sorpresa: PROMETEO! –anunció una voz clara y grave tras bastidores mientras que Prometeo saludaba amablemente al público. – Rex, no teníamos idea de que esto pasaría, ¿okey? Pero… –decía la voz del organizador del evento por el audífono que tenía Rex en el oído antes de que este se lo quitara disimuladamente y lo estrujara en su puño, todo sin quitar la enorme sonrisa falsa que tenía en el rostro. – ¡Prometeo! –exclamó Rex Jon alzando su brazo para recibir a su compañero de especie, el cual pasó su propio brazo por detrás de la espalda del cumpleañero. – ¡Rex Jon! –dijo Prometeo correspondiendo al abrazo y acercándose lo suficiente como para que el micrófono de Rex elevara su voz también. – ¿Qué haces aquí? –inquirió Rex aguantando las ganas de golpearlo por interrumpir su gran momento– pensamos que seguirías en Bagdad, ayudando a la paz mundial –dijo casi queriendo morderse la lengua, cosa que la forzosa e incluso “dolorosa” sonrisa que tenía demostraba. Por suerte el público no pareció notarlo, pues aplaudieron a Prometeo y su misión en Medio Oriente con ánimo. – Lo estaba, hasta hace una hora casi –respondió Prometeo– lo mío no son los conflictos, solo quería ayudar a los civiles –el público vitoreo por su respuesta. Uno de los de producción se acercó al escenario y le tendió un micrófono al súper humano de blanco y azul, es decir Prometeo, y este al apenas tomarlo vio como el chico de producción desaparecía nuevamente tras bastidores. – Bueno, aunque agradezco el gesto de los de producción, yo solo vine a desearle un feliz cumpleaños a mi buen amigo –dijo Prometeo con el micrófono cerca de su boca y dándole una palmada en el hombro a Rex. – Que gesto más dulce, pero no debiste molestarte –respondió Rex sonriendo y actuando perfectamente como si sus palabras fueran ciertas, porqué realmente lo eran. Prometeo no debió molestarlo, mucho menos en el día de su cumpleaños. – Pero yo quise hacerlo –respondió Prometeo con una enorme sonrisa ganadora y palmeando el hombro de Rex Jon una segunda vez se dirigió al público– fue un placer estar con ustedes y “Rexi” esta tarde, pero el trabajo de un súper nunca termina, así que debo despedirme de todos ustedes y seguir mi camino. ¡Adiós, y espero volver a verlos! Mientras el público vitoreaba a uno de sus súper favoritos, este le extendía el micrófono a Rex Jon para que lo sujetara, pues era el único que estaba cerca, y despegó volando en el aire, dejando al súper humano que iba siempre vestido de rojo y con una hombrera dorada en el lado derecho, con una mirada odiosa, dos micrófonos en las manos y unas inmensas ganas de vengarse. – ¡Prometeo haciendo sus entradas sorpresa! –dijo Rex obligándose a sacar una enorme sonrisa– bueno, ¿en qué estábamos? . Prometeo iba volando por Washington a una velocidad moderada hacia la empresa Victory Prime, una corporación de Súper héroes parecida a OZ Corporation pero con más “integridad” según dirían algunos. El CEO y dueño de la empresa Victory Prime o “VP”, como la llaman algunos, no es otro más que el magnate, genio y representante oficial de Prometeo y Metal Lili, las dos súper caras de la empresa, el señor Thomas Wayne Hatcher o “Tommy” Hatcher, uno de los hijos y productos de la violación de Dana Hatcher. Tommy estaba sentado en su escritorio de madera de caoba pulida muy tranquilamente mientras agregaba tres cucharadas a su café del frasco junto a su computadora que decía “azúcar”, y luego de revolverlo bien lo llevó a sus labios para degustarlo. Era una tarde tranquila y fresca, por lo que cualquiera diría que él se levantó del escritorio a abrir la ventana para dejar entrar el aire natural… y no para evitar que su súper hermano gemelo rompiera el costoso vidrio polarizado cuando entró literalmente volando a su oficina. – Gracias por abrirme –dijo Prometeo levantándose del piso con su usual energía y buen humor. – Aprendí la lección luego de diez costosos vidrios polarizados –le dijo Tommy regresando a su lugar detrás del escritorio. – En mi defensa estaba aprendiendo a aterrizar –dijo Prometeo avanzando en la oficina. – Si, recuerdo que limpiaste mi piso con la cara al menos unas diez veces –dijo Tommy bebiendo de su café. – Ja, ja –respondió Billy Hatcher o “Prometeo” burlándose– por cierto, el traje sirvió. – ¿Ah, sí? –Billy bajó el cierre de la chaqueta blanca hecha de una fibra especial contra altas y bajas temperaturas revelando que la camisa blanca que traía debajo de ésta estaba hecha jirones y tenía agujeros gigantes de quemaduras que dejaban ver parte de su abdomen bien trabajado– sí –respondió el súper para posteriormente quitarse la chaqueta y lanzársela a su hermano, pegándola por accidente contra el monitor de la computadora en el escritorio. – ¡Cuidado con la computadora, demonios! –exclamó Tommy enojado. Su hermano podrá ser meticuloso y audaz en una misión, pero en horas de descanso es más torpe y descuidado que un novato en zancos– ¿y qué te pasó? ¿por qué quedaste así? – Una bazuca me explotó en la cara, literalmente –dijo Bill quitándose la camisa blanca que ya no era blanca ni camisa. – Oye, si quisiera un estriptis llamaría a Donny –dijo Tommy refiriéndose a su asistente desde hace cinco años: Donnatello Agende. Bill le lanzó lo que quedaba de tela a la cara a su hermano como respuesta. – ¡Imbécil! –dijo Tommy contraatacando lanzándole la misma camisa– al menos dime que lograste evacuar la ciudad. – Claro que sí –respondió Billy recogiendo la tela del suelo– el comandante Al-Khasan no es un hombre muy paciente, pero logré sacar a los civiles a tiempo. – Bien –respondió Tommy volviendo a recostarse en su silla. – ¿Viste las noticias? –preguntó Billy acercándose al escritorio con una sonrisa divertida mientras tomaba su chaqueta de vuelta. – ¿Hablas de tu gran entrada en el cumpleaños del Rey? –preguntó Tommy, a lo que Billy rió como respuesta– bien hecho, ahora nos tendrá en su lista negra por tu culpa. – Nosotros vivimos en esa lista desde que mi nombre empezó a escucharse en pantalla. Por cierto, quiero ducharme –pidió el menor de los gemelos por dos minutos, a lo que su hermano mayor le apuntó hacia el baño de su oficina. Y hacia allá se dirigía Billy hasta que en las noticias salió un reporte especial. Al parecer en una escuela pública hubo una fuga de gas y ahora se encontraba quemándose con los estudiantes adentro. Niños de entre 5 y 10 años habían quedado atrapados en el fuego. – Creo que ese baño tendrá que esperar –dijo Tommy y miró a su hermano. – ¿Y si dejamos que OZ se encargue? –propuso Bill con una mirada dubitativa. – ¿Enloqueciste?, ¿quién en OZ se va a encargar?, ¿Rex?, ¡si hay diez niños atrapados dejara morir a siete por no querer ensuciar su bello traje! –dijo como la voz de la razón. – Sí –dijo Billy y volvió a colocarse la chaqueta blanca rápidamente– ¡prepara mi baño! –dijo y se acercó a la ventana para salir volando otra vez. – ¿Quién crees que soy?, ¿tu maldita secretaria? –protestó Tommy viendo a su hermano salir disparado por la ventana con una enorme sonrisa ganadora. . Septiembre, 1980. Dana Hatcher, estando acostada en la camilla del hospital, giró la mirada hacia su izquierda y vio la pequeña pantalla que reflejaba el feto que se gestaba dentro de ella. Dana no pudo evitar alegrarse y el sentimiento cálido de su pecho se sintió incrementar, tanto que sintió la necesidad de estirar su mano y tocar la pantalla con el pequeño feto en ella. – Es lindo, ¿no? –dijo la doctora con el aparato de ultrasonido presionado contra la zona baja del vientre de Dana. – Es hermoso –dijo la madre de Dana sentada junto a su esposo, ambos a un lado de la camilla de ella. La joven ya cumplía 2 meses de embarazo, dos meses en los que había estado internada en el hospital apenas levantándose de la camilla para ir al baño y asearse con ayuda de su madre. Ese sería su primer ultrasonido y lo que más la emocionaba del acontecimiento era poder escuchar el latido de su bebé, incluso poder verlo, y con esa nueva pieza de tecnología podría hacerlo. La doctora movió el aparato aún sobre el vientre de la mujer y por un momento logró ver algo a un lado del feto. – ¿Qué fue…? –preguntó mientras movía el aparato más hacia dicho lado. – ¿Qué fue qué? –preguntó el padre de Dana. – Hay un segundo feto –dijo con alegría pudiendo verlo claramente en pantalla. Dana alzó la cabeza de la camilla pudiendo ver el segundo feto también– son gemelos. – ¿Eso puede suponer una complicación para ella? –preguntó su padre– lo digo por su útero. – Bueno, el útero parece estar sanando bien, si hubiera algún problema o complicación el ultrasonido lo captaría –respondió la doctora moviendo el aparato un poco más a la izquierda para que se pudieran enfocar ambos fetos y luego encendió el sonido para que ambos corazones pudieran escucharse. Dana no podía expresar con palabras lo que sentía en ese momento, pero sentía que todo el sufrimiento se desvanecía y dejaba algo cálido dentro de ella en su lugar. Esperanza era lo que sentía. Lágrimas comenzaron a salir de sus ojos involuntariamente, pero ella se mantenía callada sin decir ni una palabra. – ¿Estás bien, Dana? –preguntó su madre poniendo una mano sobre su hombro, la doctora y el padre de Dana también posaron su mirada en ella. – Son hermosos –respondió la chica en un hilo de voz. Más el dulce momento se vio abruptamente acabado en cuanto la embarazada regresó a su habitación en el hospital. Un hombre trajeado y con un maletín de cuero n***o se hallaba en medio de la habitación esperando por ella. – Este es un documento que dice que usted no hablará sobre el evento, ni quién estuvo con usted durante el mismo –dijo el abogado mientras extendía el documento frente a ella en una pequeña bandeja de madera– y a cambio se le dará la suma de 500 mil dólares en efectivo. Si firma al final del documento el trato estará sellado. – No lo hagas, Dana –le dijo su padre con enojo– podemos pelear. Podemos llevar tu caso ante un tribunal, haremos que nos escuchen. – No, no podremos. Dana se dio por vencida esa vez y firmó el documento, pero en ese momento no tenía idea de que ese dinero sería la base de la empresa de sus hijos, una empresa con la que ambos harían realidad el mito del “Superhéroe”
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