2

693 Words
“¡Zahir!", exclama mi madre, pero no le hago caso. En cuanto salgo a la calle, mis preocupaciones se profundizan. Tiene razón, si me retiran el apoyo financiero de la familia, no podré huir con Amelia. Tomo una bicicleta y sigo adelante. Antes, como hijo del jeque, tenía muchas responsabilidades, ya que debía cuidar mi seguridad para evitar que atentaran contra el único heredero. Pero la verdad es que me importa muy poco. Mi padre tenía una segunda esposa, aunque nunca habían tenido hijos. Solo había permanecido con mi madre y la otra esposa, a pesar de que vivía con nosotros, rara vez se les veía juntos. Creo que era más un símbolo de poder. Aunque mi padre no lo admitiera, la única persona a la que había amado era mi madre. Cuando llevaron a esa segunda esposa, la hirió, pero ella fingió que no le dolía, aunque yo sabía que sí. Yo me negaba rotundamente a seguir esas absurdas costumbres. Pronto llego frente al hotel, dejo la bicicleta estacionada y avanzo. Golpeo un par de veces la puerta de su habitación y ella aparece. Su cabello rubio llega hasta la cintura y sus ojos verdes me miran curiosos. La abrazo, respirando su dulce aroma a flores, y ella me observa esperando alguna explicación. "Tenemos que hablar", murmuro, y cierro la puerta. Abrazados, nos sentamos en el borde de la cama y ella me contempla. "Dime", pide, y yo no sé por dónde empezar. Abro y cierro la boca, buscando las palabras adecuadas para decirle a la persona a la que quiero que me voy a casar con alguien más. "Me han comprometido con otra persona", murmuro, y Amelia abre los ojos con sorpresa. "¿Qué?" pregunta sin entender. "No puedo", murmuro. A pesar de mi enojo, no puedo renunciar a todo, sería una terrible deshonra en la familia, y mi madre no se merece algo así, por más que ame a Amelia. "¿Por qué no?" pregunta, poniéndose de pie y cruzándose de brazos. Mira hacia arriba y se muerde los labios. Hace eso cuando está preocupada. En ese momento, la encuentro hermosa. La tomo de la mano, pero ella se aparta. "¡Aléjate!", comenta enojada, y da unos pasos hacia el gran ventanal. "Amelia, lo lamento", digo. "Sé que es tu cultura y lo entiendo, pero no hace que sea más fácil. ¿La conoces?" pregunta, y yo niego. "Bueno, ojalá que sea feliz. Ahora te puedes ir, mañana me iré", dice. "No, quédate conmigo", le pido, pero ella niega. "No puedo." "Puedo hacerte mi otra esposa", sugiero. "¿Y ser la segunda de verdad?" pregunta, riéndose divertida, pero aún con una mirada de desaprobación. "Es que quiero tenerte a mi lado. ¿Acaso tú no me amas?" "Te amo, pero esto es suficiente para mí", murmura ella, y yo sigo insistiendo. "Por favor, no te vayas. Quédate conmigo", le suplico. "Me iré", responde finalmente, y después añade: "Te pido que te vayas". Ella me empuja hacia la salida y finalmente cierra la puerta. Bajo la mirada, sintiéndome mal por todo esto, y aún siento el peso de la gran joya que tengo en mi mochila, pero al parecer a ella no le importa. Somos tan diferentes entre nuestras culturas, por eso creo que me he enamorado de ella; es sencilla y no le interesan mis riquezas. Me doy la vuelta para marcharme, pero no me rindo por la persona que quiero. Cuando llego a casa, mi padre sigue en la mesa bebiendo junto con su hermano, mi tío Allen. "Hey, muchacho, alégrate. Seguramente la puedes tener como segunda esposa", propone mi tío, con quien me llevo mejor. Niego. "Ella ya no quiere estar conmigo", comento en voz baja, sentándome a su lado. "Bueno, pero te encantará la esposa que te hemos elegido", comenta mi padre. Está bien. Siento que estoy en un trance, y es el peor día de mi vida. Continúan hablando, y pido permiso para ponerme de pie. Mi padre me lo concede con un gesto de su mano sin mirarme, y me alejo mientras atravieso el gran palacio. Mi madre me intercepta.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD