Maya Ya hacía dos horas que estaba en casa de Darcy. Estuvimos jugando a la PlayStation de Brandon durante un rato, después avanzamos un poco de deberes y luego escuchando música, hasta que la fiebre le volvió a subir a Darcy, así que se tuvo que tumbar en la cama. — Maya, no te obligo a que te quedes. Si te quieres ir vete, no pasa nada — habló con voz adormilada. La verdad es que sí era tarde y muy oscuro. — Sí — hablé levantándome de la silla del escritorio — Ya es muy oscuro, y seguro que mi padre se debe estar preguntando dónde estoy — eso era verdad, se me había olvidado de avisarle. — Vale, hasta mañana — me lanzó un beso y volvió a cerrar los ojos. — Adiós, baby — le besé la frente — Y si mañana no estás bien, no vengas al instituto. — Ya veremos — esbozó una sonrisa. — Adió

