Capítulo 5

1607 Words
MAYA — Sí — respondo sorprendida aunque asustada a la vez. «¿Qué coño hace Henry aquí?» Entra cuidadosamente en la habitación y rápidamente me limpio las lágrimas con el pulgar antes de que me las pueda ver. Joder, esto no puede estar pasando. — Maya — me llama suavemente, deja la puerta entornada y entra. Un rayo de luz se cuela por ahí. El corazón me da una punzada al oír mi nombre en sus labios — Ha ido mal la noche ¿Me equivoco? — cuestiona esperando una respuesta sincera. Se sienta a mi lado, pero no muy cerca para no incomodarme. — ¿Como lo sabes? — inquiero triste y abochornada. — De lo contrario no habrías llegado tan temprano — declara torciendo una mueca con la boca. — Es verdad — declaro rindiéndome. No puedo intentar hacerme la dura y estar bien cuando realmente no puedo. — ¿No habías quedado con el chico que te gustaba? — berrea, arrugando la frente. «Joder, ¿Para qué recordármelo?» — Sí, pero no ha venido — expongo con vergüenza. — Lo sabía, sabía que algo había pasado — habla seguro aunque con tacto — ¿Estabas llorando? — me mira de aún más cerca. Se le ve preocupado. Niego cohibida a la vez que inspiro los mocos y más lágrimas amenazan con salir. Suerte que estaba todo a oscuras y no me podía ver la cara, aunque la luz de la luna iluminaba un poco la habitación. No quería hablar, ya que si lo hacia, notaria mi voz rota y sabría que estoy llorando. — No — respondo al fin cómo puedo. — Bueno, el tal Luke este se lo pierde, de verdad — habla. Agacho la cabeza y juego con mis dedos, avergonzada. — Qué le den a Luke — añado y sonríe. No quería hablar nada más por si acaso se daba cuenta. — No llores, anda — me anima y me da un leve golpe en el hombro. «Bien, ya sabe que estoy llorando. Qué bien disimulo» — No estoy llorando — balbuceo limpiándome las lágrimas que iban cayendo. — Maya... Qué a mi no me engañas — musita y se acerca más a mí, ahora preocupado. — Todo es una mierda, Henry — sollozo y me llevo las manos a los ojos. No quiero que me vea llorar, joder — Soy una... una... — me callé ya que tampoco sabía qué decir, y tampoco queria dejarme en evidencia delante de él. — Una ¿Qué? — Una estúpida, eso es lo que soy — anuncio finalmente — Los tíos son unos idiotas — berreo sin más, mientras algunas lágrimas se derraman por mis mejillas. — A ver, todos no- — Todos, Henry — insisto — Tú no porque ya eres mayor — anuncio sollozando — Pero seguro que de joven has sido igual que todos los tíos de mi instituto. — ¿Y como son los tíos de tu instituto? — Pues unos cerdos, que solo quieren acostarse con las chicas para después pasar de ellas — detallo y me limpio la nariz con la manga del pijama — Y después avergonzarlas. — Bueno, técnicamente... — empieza y se encoge de hombros. — ¿Lo ves? — Pero coño, todos somos jóvenes. Además, la gente cambia — me explica Henry — Yo antes era así, pero mírame ahora, he cambiado para bien ¿no? «¿Me lo está preguntando?» — Sí, sí, claro — respondo. — Pues ya está. — Es que soy muy lamentable, de verdad — añado con rabia. — ¿Qué? Tu no eres lamentable Maya, no lo vuelvas a decir más, deja de machacarte — expuso y me cogió la mano — ¿Qué ha pasado, exactamente?— preguntó tranquilo. — Pues... — balbuceo no muy segura. Dudo en si contárselo — Tenía ganas de ir a la fiesta, la verdad. Me encanta salir por la noche. He ido muchísimas veces de fiesta — hablo galardeando un poco de que salgo — Pero es que hoy no era mí día, básicamente. — Siempre es tú día, Maya — responde, cogiéndome la mano más fuerte y me mira a los ojos — Y te voy a ser honesto, Maya, no sé cómo puedes decir que eres lamentable. A ver, vamos a hablar claro... — se calla unos segundos — Hoy ibas muy guapa, eso se ha de decir — expresa y corazón me dio un brinco — Y... A mí me gustaba, mucho. Yo me habría acercado nada más verte entrar — confesiesa aún con su mirada clavada en la mía. Aunque no pudiera verla, me intimidaba muchísimo — Ese vestido te quedaba perfecto. «Dios mío. ¿He oído lo que he oído?» pienso intensamente histérica. De seguro estaba rojísima, aunque no estaba mal recibir piropos de él. — El Luke este es un c*****o — sigue y ahora desvía la mirada hacia la ventana — No sé como ha podido pasar de una belleza tan bonita como tu — contó y sonrió. No me puedo creer lo que estoy oyendo. Nunca llegaría a creer que el padre de mi mejor amiga me estaría soltando estos piropos, y menos que me pondría cachonda, aunque eso era lo mas bonito que alguna persona del sexo opuesto me había dicho, sin contar a mi padre. — Gracias... — declaro tímida, ya roja como un tomate y me responde con otra oscura sonrisa debido a la luz. Se podían distinguir las distintas caras que hacía ya que había un pequeño rayo de luz del pasillo que entraba por la puerta entornada. Hubo un largo silencio. — ¿Sabías que una vez estaba en el baño y entró una paloma? — dijo riéndose a lo que yo también reí por lo bajo aún tímida. — ¿Una paloma? — expuse abriendo los ojos. — ¡Sí! Estaba sentado en la taza del váter tranquilo y de repente entra una paloma por la ventana — explica gracioso y me eché a reír. — ¿Pero enserio te entró una paloma? ¿Cómo puede entrar una paloma en un baño por una diminuta ventana? — cuestioné riendo ahora un poco más fuerte. — No sé — soltó carcajadas él también — Pero me cagé del susto. — Madre mía, ¿Y como salió? — Esa es la parte graciosa — pausó un momento y prosiguió — Cogí una escoba y la iba asustando para que saliera. Pero al final no salió y tubo que venir Brandon a ayudarme. — Dios, jajajaja — seguí riendo y luego paré , causando un incómodo silencio — Bueno... — articuló Harry — Me voy a abajo con Brandon — se levantó — Si quieres venir, estamos abajo — rió. Cada vez que reía, mostraba esa hilera de dientes tan fina y esos preciosos hoyuelos que me encantaban. Espera. ¿Que? Santa mierda. «¡Cállate mente de Maya!» Harry se fue de la habitación y yo me quedé pensado en todo lo que había pasado. Es que no me lo podía creer, joder. Luke es un puto cabrón. Hace tres días me decía de quedar, que yo le gustaba, y hoy llega el día que tanto había esperado y el idiota ni siquiera viene. Me metí al baño de nuevo a lavarme la cara con agua y cuando ya estube lista, bajé. Cuando oyeron los pasos de alguien bajando las escaleras, los dos se giraron desde el sofá y me miraron. — Hola — saludo avergonzada. — Ya era hora de que bajaras — dijo alegremente Brandon — Ven, están haciendo El Corredor Del Laberinto, y se que te gusta — me señaló que me sentara a su lado en el sofá. ¿Qué? ¿Cómo lo sabía? Me encantaba esa película. Sonreí y me senté a su lado. Henry estaba al otro extremo concentrado en su móvil. — ¿Cómo sabes que me gusta? — pregunté sorprendida hacia Brandon. — Darcy me lo dijo — sonrió como un niño pequeño a lo que me reí. {...} Vimos toda la película, ya que acababa de empezar, y había veces que pillaba a Henry mirándome de reojo. Se pensaba que no le veía pero no era así. Y Brandon... Él no se enteraba. Cuando acabó la película, sobre las una, yo ya estaba muerta, me estaba durmiendo, así que me despedí de ellos y subí a la cama a dormir. Al cabo de más o menos media hora, alguien entró en la habitación, haciendo que abriera los ojos perezosamente. Era Darcy. Me hice la dormida para no tener que darle explicaciones de porque me había ido así de la fiesta. Se quitó el vestido y luego se metió en el baño, seguramente para sacarse el maquillaje y hacer sus cosas. Luego salió y se metió en su cama en silencio sin decir nada. Henry Subí preocupado a la habitación dónde estaba Maya, ya que cuando llegó estaba un poco triste. Me la encontré llorando, y lo único que pude hacer para subirle los ánimos era hacerla reír. Le conté mi famosa historia del día que me entró una paloma en el baño. Esa historia siempre hace reír a la gente. De verdad que el chico ese es un tonto. ¿Cómo puede dejar plantada al bombón de Maya? ¡Si está buenísima y es preciosa! Pero, ¿Qué estoy diciendo? Soy un padre soltero con dos hijos, no puedo pensar así de la amiga de mi hija, no.f
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