Capítulo 4

2307 Words
Maya Después de muchas horas más tarde, Darcy y yo por fin acabamos de arreglarnos. Nos pusimos nuestras chaquetas, cogimos los pequeños bolsitos con todo lo necesario dentro, y bajamos al piso de abajo, dispuestas a despedirnos. — ¡Papá, nos vamos! — chilló Darcy bajando el último escalón al comedor. Su padre se levantó del sofá y se nos acercó. Me miró bastante rato. «Qué sexy es» — Bueno chicas, tened cuidado — nos advirtió mirándonos — Y no os fiéis de nadie. La gente está mal de la cabeza y- Darcy lo interrumpió. — Qué sí, papá. Tendremos cuidado — le dijo su hija. Darcy se dio la vuelta, y me cogió del brazo para irnos, pero en ese instante su padre la paró. — Darcy ¿Qué no me vas a dar un beso? — se quejó mirándola con el ceño fruncido. — Pero ¿Qué dices, papá? — expuso ella flipando y se encaminó hacia la puerta, ignorando las palabras de su padre. — Pues entonces le doy un beso a Maya, te quedas sin — expuso sin verguenza a la vez que esbozaba una pequeña sonrisa de lado. Se acerca lentamente a mí a besarme la mejilla. Fue lento. Pude apreciar el precioso aroma de su colonia. — Suerte con Luke — oigo que me susurra Henry al oído a lo que me produce un escalofrío por todo el cuerpo. Hizo un ruido extraño y se alejó mordiendo su labio. Yo estaba a roja mas no poder. «¿Qué coño hace?» Qué vergüenza. — Papá, ¿Ya estás? — Henry asintió a la pregunta de Darcy — Bien, pues adiós. Vamos Maya. — Adiós, chicas — se despidió finalmente con una sonrisa Henry y disimuladamente logré ver cómo me guiñó sin que Darcy se diera cuenta. Espera, ¿Qué? ¿Me ha guiñado el ojo? No entiendo a que se debe que Henry me guiñe el ojo, aunque debo decir que me resulto... sexy. Me siento un poco culpable al llegar a pensar semejante cosa del padre de mi amiga, pero es que no puedo evitarlo. Al fin y al cabo soy una chica que no entiende mucho de "relaciones", de "ligues", ya que no he tenido anteriormente, y se tiene que entender que al ver a este pedazo de hombre se me revuelvan las malditas hormonas. Salimos de la casa y pedimos un taxi para que nos llevara a la fiesta. No pagamos ya que Darcy y yo, con nuestro encanto, le gustamos al conductor, y nos acabó diciendo que no le debíamos nada, así que perfecto, no me iba a quejar. Realmente estas cosas me suben el ego. Pensando y pensando, me acordé que al irnos no me despedí de Brandon. No es que fuera nada importante, pero quería que me viera arreglada y con el vestido. Cuando una va guapa quiere que la vean. Estábamos solo a dos manzanas y la música ya se empezaba a escuchar. — ¿Esto que se oye es de la fiesta? — expuse perpleja bajando la ventanilla del taxi, a lo que la música se escuchaba más fuerte. — ¡Sí, tía! — exclamo Darcy — Madre mía, espero que esté el amigo de Brandon — sacó un mini espejo de su bolso y se retocó el pintalabios con el dedo. Cuando llegamos, la música se escuchaba por todas partes, y había mucha gente fuera en el jardín; bebiendo, besándose, bailando... Caminamos por el verde y húmedo césped con dificultad, debido a nuestros tacones, hasta dentro de la casa de Sam, uno de mis "enemigos". No éramos muy amigos, casi nunca hablamos, pero me enteré que le caía mal, así que decidí que él a mí también. Pasamos por entre toda la gente que estaba acumulada en la puerta bebiendo y por fin estábamos dentro. Las dos nos dimos la mano y andamos entre la gente hasta la barra para pedir algo de beber, pero Darcy vio a Samuel, el amigo de Brandon, y de repente salió disparada hacia él sin decirme nada, dejándome ahí sola. «Genial» Me acerqué a la barra, muerta de vergüenza, y me senté en el único taburete vacío que quedaba. — ¿Qué te pongo, preciosa? — me preguntó el barman. Para ser honesta, el tío era realmente guapo. Ojos verdes y pelo moreno peinado hacia arriba, musculoso y sexy, pero nada comparado con Henry. Espera. ¿Henry? Joder, tenía que admitirlo, Henry era jodidamente caliente y sexy y estaba buenísimo, pero era el padre de mi amiga, no nos pasemos. Esto ya es obsesión. — Ron cola, por favor— le dije al camarero a fuerte volumen ignorando mis pensamientos. Él me guiñó el ojo en señal de "recibido" y se giró para prepararme el cubata. Unos segundos más tarde, sorprendentemente, ya lo tenía echo. — Aquí tienes, ron cola — avisó el camarero. Me lo dio y le agradecí con un "gracias" y una sonrisa — Invita la casa — anuncia. «Vaya, hoy todo el mundo me está invitando. Qué bien» {...} Ya había pasado una hora desde que estaba ahí, y realmente no me lo estaba pasando bien. Algún que otro chico me vino a hablar, y pude mantener alguna conversación con varios de ellos, pero no eran mi tipo para nada. «Al menos te vienen a hablar por qué estás buena», pensé para mí. No quería echarme flores, pero eso realmente me motivaba. Llevaba todo el tiempo sentada en ese taburete de la barra. El trasero se me quedaría cuadrado. Estaba exactamente igual que cuando llegué, la única diferencia es que estaba un poco borracha. Como soy delgada y poca cosa, cuando bebo me afecta muy rápido. Estaba buscando desesperadamente a Luke, ya que me dijo que vendría y que nos veríamos, pero no lo ví en absoluto. A quién sí que vi fue a Darcy bailando con dos chicos a la vez. Después de ver esa escena, salí a fuera a la terraza a que me diera el aire. Necesitaba respirar aire fresco. Me alejé de la gente y me situé en la parte trasera de la casa, donde había un banco. Me sorprendió que estuviera vacío así que me senté. — Oye, guapa, ¿Tienes un cigarro? — oigo de repente a mi lado y me volteo rápida. Era un chico. Alto, rubio, ojos azules y musculoso. Por lo que podía ver, iba bastante borracho y se sentó a mi lado en el banco. — No, no fumo, lo siento — le digo sin más, abrazándome a mí misma ya que empezaba a hacer un poco de frío. Estaba esperanzada de que se fuera. Me daba un poco de miedo. — Venga, dame uno, nena — insiste y se acerca más a mí. — Perdona, ¿Te puedes ir? ¿No ves que quiero estar sola? — le cuestiono enfurecida. Suerte que he bebido un cubata y voy un poco borracha, porque de lo contrario esto no se lo podría haber dicho. — Solo quiero que me des un cigarro y me iré — sigue el tío, arrastrando las palabras. — Qué no tengo — exclamo. Espero que no se lo haya tomado a la defensiva — Vete a preguntar por ahí. — Seguro que tienes, pero no me quieres dar. Las tías sois así — habla sin rodeos. — ¿Qué? ¿Qué dices, tío? — le cuestiono, furiosa — ¿Sabes qué?, realmente tienes razón, si tuviera un cigarro no te lo daría, porqué me das pena — respondo y acabo con una sonrisa final. Me da coraje hablar así, pero este chico me había cabreado. — Puta — susurra cabreado y se va. «Al menos se ha ido» Esto no estaba yendo como lo había planeado. No vi a Luke por ningún lado, y por colmo Darcy me deja sola. Sí que algunos chicos se habían acercado a hablarme - porque realmente soy guapa - pero no iba lo suficientemente borracha como para liarme con ellos. Agotada, me dispongo a entrar dentro de la casa de nuevo. Localizo a Darcy en la pista, y me acerco a ella con tal de decirle que me iba a casa, bueno, a su casa, porqué me estaba aburriendo mucho. Caminé entre toda la gente apretada como sardinas y cuando la tuve delante, chillé por encima de la música su nombre. — ¡Darcy! — exclamo fuerte. Ella pareció escucharme y paro de bailar con los chicos para mirarme. — ¿Qué? — preguntó ella ahora, chillando también. — ¡Me voy a casa! — balbuceé cansada. Ella frunció el ceño. — ¿¡Qué hoy te casas?! — cuestionó chillando muchísimo. — ¡Qué me voy a casa! — volví a chillar. — Pero, ¿Por qué? ¿No te lo pasas bien? — me pregunta y niego. — ¡No! — voceo de vuelta, incómoda — ¡Me voy Darcy! ¡Luego nos vemos! — exclamo finalmente. Le besé la mejilla y me fui. No sé si me había entendido, pero esperaba que sí. {...} Me encontraba en el taxi rumbo a casa. Como no tenía llaves, mi intención era llamar al timbre a ver si por casualidad aún había alguien despierto, ya que eran la una de la madrugada. No creo que estén durmiendo. Bajé del taxi, esta vez pagándole, y me acerqué a la puerta de casa se Darcy para llamar al timbre. «¿Porque estoy tan nerviosa?» Esperé unos 10 segundos hasta que un Brandon con el torso desnudo me abrió la puerta. «Ay va» — Hombre Maya, ¿cómo tú por aquí? — pregunta pitorreándose de mí, no sin antes mirarme de arriba abajo. — Hola — saludo encogiéndome de hombros. — ¿Qué haces tan temprano aquí? — preguntó aún con la mano en el pomo de la puerta — Oh, perdón. Pasa — se echó a un lado y pasé. — Pues la verdad es... — entré — Que no me estaba divirtiendo, demasiado aburrido — miré hacia mis dedos los cuales se estaban moviendo por el nerviosismo. — ¿No? Yo iba a ir, pero me ha dado mucha pereza — explica y se rasca la nuca. Observo cómo se le marca el bíceps — Me ha podido más una Play Station y una pizza. Río. — ¿Y Darcy se ha quedado ahí? — interpela Brandon de nuevo, curioso. — Sí, se lo está pasando bastante bien — respondo y sonrío — No quería obligarla a irnos. — Has hecho bien — me dice Brandon dándome un pequeño codazo — Déjame decirte que vas muy guapa — me dice cohibido y juro que me puse roja. Automáticamente recuerdo que él no me vio al irme — Te queda muy bien este vestido, en serio. — Gracias — respondo sorprendida ante ese piropo — No sabía si este color sería el correcto — expongo intentando soltarme un poco. No quiero estar retraída ante el hermano de mi mejor amiga. Quiero que sea cómo un amigo más para mí. — Pues este color es perfecto, y mira que no sé mucho de moda — responde siguiéndome el rollo y nos reímos. — ¿Maya? — se oye de pronto esa voz tan ronca desde el otro lado del comedor. Es Henry. Trago duro y me volteo — ¿Qué haces aquí? ¿No es muy temprano para que hayas vuelto? — cuestiona confuso acercándose a nosotros. — Bueno, ha estado bien, pero había mucha gente y me he agobiado — explico un poco por encima. No quiero dar detalles — Darcy aún está ahí. — Oh... — respondió casi en un susurro. — Pensaba que estaríais acostados, la verdad — anuncio y me encojo de hombros — Ya me veía durmiendo en el césped — bromeo ante ellos y se ríen. — Qué va, qué va — empieza Brandon — Hemos pedido unas pizzas y nos hemos puesto a ver La Champions, que la hacían hoy — expresó refiriéndose al futbol. — Y ha acabado hará media hora, más o menos — termina Henry mirándome fijamente. Yo asentí con nerviosismo. No sé por qué, pero la mirada de Henry me intimida tanto que nisiquiera puedo mirarlo varios segundos seguidos. Nos quedamos los tres en silencio durante, más o menos, unos segundos. Esto estaba siendo incómodo. — Si me disculpáis, me voy a ir a sacar este vestido — empecé tímidamente rompiendo el silencio. — Oh, sí, claro — respondió Henry — Cómo si estuvieras en tu casa — le agradezco con una cohibida sonrisa y subo velozmente arriba, para a continuación encerrarme en la habitación de Darcy. Mientras me quitaba el vestido, me puse a pensar en la noche de hoy, en cómo había transcurrido todo. Estaba triste, realmente. «¿Luke me habrá mentido?» Entré a su baño dispuesta a quitarme todos los kilos de maquillaje que llevaba en la cara, y sin darme cuenta, estaba llorando. Esta noche había sido un desastre, y encima solo me hablaron chicos... no muy agraciados. Nunca he sido popular, y tampoco me gustaba ser el centro de atención, pero a todo el mundo le hace gracia saber que tiene chicos que se mueren por el, como es el caso de Darcy. ¿Cómo se supone que voy a tener pareja y una relación estable? Todo es una mentira. Los chicos que me gustan después resulta que no les gusto yo a ellos. No estaba llorando mucho, pero sí que tenía en la cara algunas lágrimas. Me las limpio con las manos a la vez que me acurruco a un lado de "mí cama". Sin esperármelo, oigo como alguien llama a la puerta dos veces. — ¿Puedo pasar? — cuestiona esa persona. Era Henry. No, por favor. Ahora no. No quiero que me vea llorar.
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