Maya
En la calle, el aire chocó en toda la cara. Los pelos se me revolotearon por todos lados. Qué molesto.
Era otoño, y hoy era de esos días en los cuales no hacía ni frío ni calor.
— Bueno, así que hoy váis a la fiesta de Sam ¿no? — cuestiona Brandon andando a mi lado con las manos en los bolsillos.
— Sí — expresé yo, contenta. Hacía un montón que no iba a una fiesta, y además, ahí estaría Luke.
— ¿Y habrá mucha gente? — preguntó Brandon de nuevo — No sé si ir.
— A ver Brandon, cariño mío... — empezó su hermana — Es una fiesta, no una misa, claro que habrá gente — le dijo Darcy a su hermano irritada — Todos los de los dos últimos cursos.
— Es que yo iría, pero a mis colegas no les va mucho el rollo fiesta y tal — explicó él — A ver si encuentro a alguien.
— Vente con nosotras — ofrezco yo y automáticamente Darcy me pega un codazo y me fulmina con la mirada. En realidad, entiendo que no quiera que venga, ya que son hermanos y se tienen que estar aguantando todos los días. Deben estar hartos el uno del otro.
Brandon hace un curso más que nosotras en nuestro instituto, así que ¿Por qué no decirle que vaya con nosotras? ¿Se va a perder una fiesta por no tener con quién ir? Qué tontería.
— Vente con Samuel — formuló pícara Darcy.
— ¿Quién es? — le pregunté a Brandon, sin saber de quién hablaba.
— Un amigo mío — me respondió rodando los ojos.
— Sí, un amigo suyo el cual está buenísimo — dijo Darcy mordiéndose el labio inferior — Anda que no me lo llevaba a la cama.
Yo no sabía quién era. Por nombres no conozco a nadie, yo recuerdo por caras.
— Pues si te quieres enrollar con él date prisa, que hoy tiene una cita con una de segundo — le avisa su hermano.
— ¿Enserio? — declaró Darcy y su expresión cambió — Bueno, me da igual — hizo un gesto de despreocupación con la mano — Ya veréis como en la fiesta me lo llevo a la cama, o al menos bailo con él.
— A ver si es verdad — le dije yo riendo.
Giramos la esquina de la segunda calle y vimos el preciado Starbucks. Estaba deseando entrar y beberme un frapuccino. No suelo beberlo mucho, pero hoy me apetecía.
Entramos en silencio y nos colocamos en la cola. No había mucha gente, pero sí que un par de personas delante. Cuando fue nuestro turno, Brandon habló primero.
— Hola — saludo cortésmente y sonrió hacia la cajera — Me gustaría un café con poca leche y... — nos mira para que pidamos.
— Un frapuccino de chocolate sin café y otro de vainilla — pide Darcy hacia la dependienta.
— Vale — la chica cogió dos vasos del montón — Decidme un nombre — preparó el bolígrafo para apuntar el nombre de cada una, así no nos equivocaríamos con los vasos.
Cada una le dijimos nuestro nombre y pagamos. Esperamos unos minutos hasta que nuestras bebidas ya estuvieron listas, y salimos de ahí.
{...}
Llegamos a casa de Darcy sobre la hora de comer. Cuando Brandon se fue nosotras nos fuimos al centro comercial a mirar ropa, hasta que nos cansamos.
Solo entrar en su casa, pude apreciar el típico olor del famoso pollo asado que preparaba su padre.
— ¡Hemos vuelto! — chilló Darcy abriendo la puerta de la entrada.
— Hola — saluda Henry saliendo de la cocina — ¿Todo bien? — nos miró y asentí. Se estaba secando las manos con un trapo de cocina y llevaba un delantal junto con un moño mal echo. Precioso — Bien.
— ¿Sabes qué, papá? — habló Darcy entusiasmada y Henry voltea su vista hacia ella — Me ha pasado una cosa muy extraña.
— A ver, cuéntame — responde su padre de vuelta y se va para ella.
— Pues antes estaba...— Darcy se le pone a hablar de no se qué. La verdad es que no prestaba atención, ni quería. Se adentran de nuevo a la cocina, dejándome sola en el comedor.
Me quito la chaqueta y la cuelgo en el gran colgador que tenían detrás de la puerta. Estaba bastante lleno, pero logré encontrar un hueco para dejar la mía. El móvil me lo guardé en los pantalones ya que no quería perderlo.
— ¿A qué es muy curioso? — expresa una Darcy alucinada hacia su padre, saliendo los dos de la cocina y volviendo aquí.
— Sí Darcy, es bastante extraño. Háblalo con tu hermano — manifiesta Henry y se mete de nuevo en la cocina, no sin antes volverme a mirar de arriba a bajo disimuladamente. Qué hombre.
Admiré su preciosa y musculada espalda a medida que se iba alejando. Daría lo que fuera por verlo sin camiseta. De seguro está fuerte.
A la hora de comer tocana lasaña hecha por su padre y después de comer cada uno se metió en su habitación. Brandon se fue a echar la siesta y Henry... realmente no tenía ni idea.
Poco quedaba para la hora de la fiesta, así que nosotras, ansiosas, nos empezamos a preparar con cuatro horas de antelación. El tiempo pasaba volando. Siempre se nos hace tarde.
— No sé qué ponerme. Ayúdame a elegir — se queja mi amiga y se lleva la mano a la frente.
Me saca todos los vestidos que tiene en el armario y los tiende en la cama para que los pueda ver mejor.
Uno era rojo con dos rayas blancas en los costados. Otro que me sacó era todo blanco, con la parte del pecho de brillantitos, y el último era azul de manga larga, bonito pero no muy apto.
— Este no me queda muy bien — informa refiriéndose al azul y me lo señala. A mí tampoco me acababa de convencer.
— Me gusta el blanco — expongo y ella se lo queda mirando de brazos cruzados — Te quedaría bien, nunca te lo he visto puesto.
— Este es el que más me gusta, realmente — manifiesta hablando del vestido que le he indicado yo — Me pondré ese, aunque no me gusta ir de blanco ya que si me mancho se ve.
— Es verdad — respondo y hago una mueca — Intenta no mancharte.
— Intentaré — concluye y lo coge para empezar a ponérselo.
— Yo me pondré este, mira — aviso y saco de mi mochila un corto vestido que me regaló mi tía. Es de tirantes, n***o, y queda perfecto al cuerpo — Sé que es básico pero lo amo — declaro contenta, a parte de que me queda genial. Mi amiga se lo queda mirando detalladamente, aunque tampoco hay mucho que mirar.
— ¡Es muy bonito! ¿De dónde es? — cuestiona alucinada por mi vestido.
— De una tienda del pueblo de mis abuelos, creo — informé sin saber, a la ve que admiraba mi vestido — Al principio no me gustaba mucho, pero es que todo el mundo me dice que me queda muy bien — añadí tirándome flores.
— Eso ya te lo diré yo — bromeó y rió.
Cada una se puso su vestido y estuvimos orgullosas de nuestras elecciones. Nos quedaban genial.
Una vez dentro de los vestidos, era tiempo de maquillarse.
— Me voy a maquillar ya — informa mirándose al espejo — Que tardo mucho siempre — y dicho eso se encierra en el baño de su habitación, sin darme tiempo a mí de entrar con ella.
— Déjame maquillarme contigo ¿no? — le pregunto a través de la puerta.
— Sí, pero espera que estoy haciendo mis cosas — habló, supongo que refiriéndose a que estaba liberando a Willy o algo así.
— Joder, qué oportuna — me quejo burlona y oigo cómo suelta una risita.
— No tardo nada — informa y se queda callada unos segundos — Pensándolo mejoe, ve al de abajo de mientras, porque tengo para rato.
Genial. Resoplo resignada ya que ahora me hace irme a bajo, y además con el vestido puesto.
Un poco incómoda y cohibida a la vez, me dispongo a bajar al baño de abajo. No quería que nadie me viera con ese vestido. Iba enseñando mucha carne y me sentía desnuda.
Rápidamente y temiendo que alguien me vea, logro llegar sana y salva al baño de abajo.
La puerta se encontraba cerrada, y desconocía si habría nadie dentro o no, así que opté por llamar dos veces. Llamo y nadie contesta, así que tengo via libre para empezar a arreglarme esta cara de zombie que llevo.
Lo primero que hago es encerrarme y asegurarme de que pongo el pestillo. De esta manera me siento más segura.
Dejo mi neceser encima del tocador y primero me decanto con un poco de base, luego máscara de pestañas, eyeliner, y un poco de colorete, no sin antes aplicarme el valioso y preciado highlighter.
Para finalizar mi look, no podía faltar el pintalabios granate. Me veía bonita. Hoy sí.
Cuando estuve lista, hice un pis rápido cuando justo en ese instante alguien intentó abrir la puerta.
«Mierda»
Un pequeño mini ataque de corazón es lo que sufro en el segundo que veo el pomo girarse.
— ¡Oh, lo siento! — se disculpa la voz de Henry desde el otro lado de la puerta, al darse cuenta que estaba el pestillo puesto y que había alguien dentro.
No dije nada ya que del susto no podía articular palabra. Me quedé en blanco de lo nerviosa.
— ¿Hay alguien? — pregunta extrañado al no recibir respuesta por mi parte.
«Serás estúpida, Maya. Respóndele de una vez»
— Sí, soy yo — anuncio esperanzada de que solo con eso sepa que soy yo la que está ahí dentro.
Acabo de hacer pis a velocidad del rayó, me lavo las manos, me vuelvo a mirar al espejo y, convencida de mi look, salgo.
Al abrir la puerta, me sorprendo al ver a Henry sentado en la silla de delante del baño mirando su móvil. Pensé que se habría ido, pero no, estaba ahí esperando a que saliera.
Cuando me vio, se levantó del suelo, un poco impactado. Me miró de arriba abajo, esta vez descaradamente y tragó duro.
— E-estás estupenda, Maya — balbucea sin sacarme los ojos del vestido.
— Gracias — respondo muerta de vergüenza y sonrío tímidamente. Ahora estaría roja, segurísimo.
— ¿Vas a ir así? — cuestiona mirándome embobado. No sé si me mira a mi o a mis tetas.
— Sí — expreso segura, aunque roja, deseando irme de ahí.
— Oh, eh... — tartamudea sin saber qué decir. Sus ojos vuelven a recorrerme entera de nuevo — Siento haber intentado entrar en el baño así antes. No sabía que estarías — se encoge de hombros, aunque el nerviosismo se le nota igual.
— No pasa nada — sonreí — Me estaba maquillando — él asiente y nos quedamos unos segundos en un silencio incómodo. Cómo odio esto.
— Bueno... — empiezo y carraspeo mi garganta — Me voy arriba, que Darcy me espera — salgo del marco de la puerta y cuando estaba por irme, Henry me coge del brazo. Su tacto era suave y parecía terciopelo.
— Te dejas esto — avisa y me tiende mi neceser que se me había olvidado por completo en el baño.
— Oh, gracias. Me lo dejaba — respondo cómo una tonta. Después de agradecerle, me doy la vuelta y subo al piso de arriba.
Henry
¡Jesús! Como me estaba meando.
Acabada de beber un litro de agua en el gym y como no fui al baño allí, ahora me meaba encima.
Fui al mío, pero cuando quise abrir, alguien estaba dentro. Al principio nadie contestó, lo que me pareció extraño, pero después me quedó claro que era Maya la que estaba ahí dentro.
Me senté en una silla esperando a que saliera y de mientras me puse a jugar al Candy Crush Saga en mi iPhone. Iba por el nivel cuatro cientos quince. Al cabo de unos 2 minutos más o menos, oí que Maya abría la puerta, y vi su silueta bien formada saliendo de ahí.
Madre de la virgen santa, pero que buena que estaba, y que preciosa y que-
«¡PARA HENRY!»
Cuando salió por completo, pude apreciar sus preciosos pechos a través de ese vestido tan atrevido, y no pude evitar mirarlos disimuladamente mientras tragaba duro. Mi amiguito ya estaba reaccionando.
«¿Lo habrá notado?»
Cuando me concentré en mirarla a los ojos y no a los pechos, me disculpé con ella por lo de antes y luego se fue, dejándome una preciosa vista de su hermoso, redondo y gran culo.
Esta chica hoy tendría que vigilar, los tíos están muy salidos hoy en día.