Maya Dejé mi plato en la encimera mientras abría el lavaplatos y dejaba los cubiertos. De pronto, noté como alguien se apoyaba en mi culo. Giré la cabeza y ahí estaba Henry, pegando su parte a mi culo y mirándome con una picara sonrisa. — Henry, para — lo reñí y me levanté. Él dejó su plato en la encimera también. — Mhmm, no quiero — dijo y se acercó a mi para luego darme besos en el cuello. Posicionó sus manos en mi cadera y yo las mías en su cabeza. Por instinto, enrollé mis piernas y me sentó en el mármol, quedando su polla en mi chichi. — Que bien hueles — me susurró y sonreí. Volvimos a besarnos con lengua sin parar. Su mano derecha se desvió y fue bajando por mi barriga hasta llegar al botón de mi pantalón. Lo desabrochó y metió su mano por debajo de mis bragas. — Oh Dios

