CAPITULO 5

1329 Words
El invierno llegó rápidamente, los días en la residencia Olson se volvieron más normales con cada día. Mis nervios no disminuyeron de inmediato y menos aún cuando todos en la casa me llamaban señora, claro, sin contar a los otros que extendían el apelativo con el apellido. Señora Olson. Nadia desapareció de mi vista en cuanto entré en mi nuevo hogar, su actitud no era para nada normal pero no tenía idea de qué es lo que yo había hecho para ganarme su desprecio de esa manera. Antes de poder preguntar cualquier cosa se fue, por más que la buscaba con la mirada en los pasillos no estaba, supongo que se aseguró de que su trabajo fuese lejos de mí. La casa era inmensa, casi intimidante no obstante logré recorrer todas las habitaciones en un mes. Sentí cierto orgullo aunque esto también se debía a que no me dejaban hacer nada, Violeta insistió en que la señora Olson no tiene que trabajar sino dirigir su hogar y concentrarse en quedar embarazada. Por cierto, esa última parte me daba pánico y empeoró cuando tres meses después no había indicios de que fuera posible. La doctora me dijo que era de esperar que los genes, por decirlo de un modo, del señor Olson no fuesen capaces de hacerme embarazar en su condición. Al caer la noche Violeta se fue a su casa pese a mis múltiples intentos de que se quedase así que con los dedos congelados subo la escalera. Esa sensación de ser observada me pone nerviosa así que giro encontrándome a Nadia de frente. Me está observando, no sé por que ahora se deja ver. ─Salí al patio, señora Billie ─espeta de mala gana. Violeta me dijo que Maximiliano contrató a esta mujer hacía muchos años así que no se deshizo de ella pero algo no está bien y lo presiento. ─No hagas ruido ─le doy la espalda mientras sigo con mi camino. Subo las escaleras hasta la habitación de Maximiliano, está recostado de la misma forma que cuando me fui pero la ropa que trae puesta es nueva, carajo. ─¡Nadia! La mujer entra corriendo a la habitación mientras yo camino de un lado a otro tratando de mantener la calma. ─¿Quién tocó a mi marido? La forma en que me mira me hace dar un paso al frente, me está retando. ─El doctor me dijo que el señor necesitaba un cambio urgente ─dice como si nada. ─¿Tú se la pusiste? ─Pues claro, antes de usted ese era mi deber. ─Claro pero desde que me casé con Maximiliano es mío así que no vuelvas a tocar a mi marido de nuevo. La expresión en el rostro de Nadia es de auténtica ira, esta furiosa pero no puede contradecirme y lo sabe. ─De acuerdo. Da media vuelta y sale sin decir más. Pienso en reprenderla pero me lo guardo y respiro hondo, no sé de donde ha salido eso pero esa mujer no me da buena espina y por alguna razón me molesta de sobremanera que haya conocido al hombre en cama antes que yo, cuando estaba despierto. Ya han pasado tres meses desde que estoy casada con Maximiliano, he estado a su lado la mayor parte del tiempo ya que leí sobre terapias físicas e incluso le he hablado sobre mi vida en un intento de hacerlo despertar pero lo único que he conseguido han sido desilusiones, una tras otra. Miro la cama y al hombre en ella, me hace suspirar. Me aproximo a él, me siento a su lado mirándolo fijo, me levanto al tiempo que quito la bolsa de alimentación que ya está vacía. ─Hoy no me siento muy bien ─susurro botando la bolsa─. La doctora me dijo que tengo que ir de nuevo mañana al mediodía y la verdad no tengo muchas ganas. Giro con la bolsa nueva, sonrío al ver al hombre y entonces coloco la bolsa como me enseñaron. Una vez terminada la labor me siento nuevamente a su lado, tomo su mano con suavidad y miro sus ojos. Según las fotos el color de sus ojos es de un verde brillante pero nunca he visto, miro sus piernas largas imaginando lo alto que debe ser. Es un hombre guapo sin duda pero al estar aquí comienzo a entender a Violeta, se pierde la esperanza de verlo de pie después de estar mucho tiempo viéndolo allí en la cama quieto. ─Aunque un hijo con tus rasgos sería muy guapo ─susurro divertida. Me levanto dispuesta a darme un baño, me desvisto camino al baño y una vez allí me doy una ducha rápida. Después de casarme Violeta se mudó a la casa de atrás, al ver lo grande que es la casa no pude permitir que ella se fuera de aquí así que he ido cada día a comer con ella. Dejo el agua caliente correr por mi cuerpo mientras pienso en lo mucho que ha cambiado mi vida. Paso mis días al lado de este hombre rogándole que despierte aunque no tengo idea de si lo hará. Me he imagino algunas veces lo que sería cuando despertara, seguro pediría el divorcio de inmediato. Si quedara embarazada querría el bebé y me echaría después. Una nueva posibilidad acecha mi mente y entonces noto cierto dolor en el vientre, ¿y si no quiere el bebé? Ni siquiera estoy embarazada pero me estoy tocando el vientre como una, no sé que me pasa pero la idea de que Maximiliano rechazara a su hijo me parte el corazón aunque tampoco podría juzgar. Estuve pensado durante este tiempo en lo que me dijo antes de que se fuera al extranjero de vacaciones, me compartió algo muy íntimo pero lo que se me quedó fue ese dolor "nunca volvió a ser el mismo". Perdió un hijo y después quedó en coma, cuando despierte pensará que su esposa está viva, ¿por eso no despierta? He leído historias donde una persona no despierta por que no quiere tener que afrontar el dolor de la realidad, si él sabe que su esposa está muerta significa que está sufriendo. Mierda. No me gusta cuando mis pensamientos van por ahí. Enjuago mi cabello y salgo de la ducha con una toalla envuelta a mi alrededor, canturreo una canción de Taylor Swift mientras camino hasta la cómoda. Estoy prácticamente desnuda pero el hombre está en coma, ¿que podría pasar? Saco mi ropa interior perfectamente doblada y sonrío al ver la ropa de Maximiliano a su lado. Me visto con unas bragas de algodón, cómodas, y un sostén deportivo. Giro con la toalla tallando mi cabeza pero la visión frente a mí me hace quedarme quieta, la toalla cae de mis manos y mi corazón se detiene por lo que parece una eternidad. Sus ojos están abiertos. No se mueve pero tiene los ojos abiertos, su vista puesta en el techo. Me acerco con lentitud y, cuando estoy frente a él, me recuesto a su lado. No se mueve, no está despierto. Un poco desanimada giro su rostro hacia mí pero eso solo hace que mis ojos se abran. Mis manos se quedan quietas sobre sus mejillas, siento una sensación extraña en el vientre y mi corazón se aprieta. No podría haberlo imaginado, ni en mis sueños era tan hermoso el color de sus ojos. El verde de sus ojos era como el de un par de esmeraldas brillando a la luz del sol destellando sentimientos, casi puedo sentir el dolor que emana de ellos. Cuando mas los miro más hermosos me parecen, me envuelvo en ellos dejando volar mi imaginación. Sus ojos no solo están abiertos, están expresando lo que no puede decir con palabras. Me acerco un poco más a él notando una sensación de calma a mi alrededor, es agradable estar a su lado. Sonrío con esperanza y entonces susurro: ─Te prometo que despertarás y yo te amaré hasta que mi corazón deje de latir.
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