Capítulo 6

1584 Words
Violeta se mantiene en silencio mientras yo me muero de curiosidad por saber lo que está pasando. Anoche Maximiliano abrió los ojos por si solo así que lo primero que hice por la mañana fue llamar a Violeta y comentárselo pero con ello vinieron los doctores, análisis y el silencio devastador. No sé si debí llamar a Violeta anoche mismo por la forma en que se mantiene mirando la puerta frente a nosotras, me siento culpable. Me levanto para decirle unas pocas palabras pero la puerta se abre y entonces Violeta y yo giramos en su dirección atentas. ─Señora Olson ─llama el doctor. Me adelanto hacia el hombre por mero instinto, luego de este tiempo siendo llamada por el apellido de mi esposo ya me resulta natural responder ante el llamado. Violeta da un paso al frente pero al notar mi reacción sonríe débilmente quedándose atrás pese a que es obvio que desea responder por su hijo. ─Al parecer es algo normal que sus ojos se abrieran por sí solos pero hemos estado examinando al señor Olson por horas y sus dedos muestran ligeros movimientos, es muy probable que su cuerpo esté preparándose para despertar ─susurra con cuidado de que Violeta no escuche, seguro no quiere darle esperanza. ─¿Podemos pasar a verlo? ─Claro, en unos minutos vendrá la señorita Nadia a vestirlo... ─¿Nadia? ─no lo puedo creer, esa mujer se está metiendo directamente conmigo─. ¿Está desnudo? ─Así es, desde que llevo el tratamiento del señor ella es la que se encarga de esas cosas ─justifica levantando las manos, asustado. Violeta se acerca, toca mi hombro y entonces aprieta suavemente dándome cierta tranquilidad, poca. ─Doctor, la señora Olson es la encargada de cualquier cosa relacionada con su esposo ¿entiende? ─dice dando dos pasos hacia él. El doctor asiente una y otra vez, nervioso. ─Hija tranquila... Esquivo su brazo dándome vuelta, camino de un lado a otro mientras respiro hondo varias veces tratando de tranquilizarme pero cuando Nadia aparece frente a nosotras mi humor termina de empeorar. ─¿Que crees que haces aquí? ─cuestiono adelantándome a ella. ─Me llamaron para cambiar la ropa del señor ─responde como si nada, con una mirada de superioridad que me causa mucho más enfado. ─A partir de hoy no tienes nada que ver con lo relacionado a Maximiliano ─espeto con autoridad─, no te acercaras a él. ─Disculpe, a mí me contrató el señor... ─comienza a decir pero Violeta la detiene de inmediato. ─Ella es la señora de la casa, ella manda así que acata lo que te dice o yo misma sacaré tus cosas de aquí. Nadia tensa cada parte de su cuerpo, aprieta sus manos en puños hasta que finalmente asiente sin un rastro de buen humor. ─Sal de mi vista ─espeto mirándola fijo. ─Con permiso, señoras. Maldita sea. Cuando llegué aquí no tenía nada más que curiosidad sobre ella y su actitud contra mí pero con el paso del tiempo se ha vuelto fastidiosa toda la situación, se cree señora de la casa cuando Maximiliano es mi marido. No es suyo. Su cabello normalmente está recogido en una coleta alta y su ropa siempre está intacta, incluso es algo difícil de entender. ¿Porqué es una sirvienta? Sacudo mi cabeza alejando esos pensamientos y camino hasta Violeta, me paso a su lado y miro al doctor. ─Yo me encargaré de la ropa de mi esposo ─informo más tranquila. ─Claro, como usted ordene. Sonríe nervioso al tiempo que toma su maletín. ─Me retiro, estaré pendiente. ─Gracias. Violeta se vuelve a mí en cuanto el doctor desaparece entre las escaleras, su mirada desborda emoción pero aún espera a que yo diga las palabras que desesperadamente quiere escuchar. ─No está seguros de que es lo que pasa ─explico lentamente, no queriendo darle muchas esperanzas─, hay una posibilidad de que despierte pero dado que lleva mucho tiempo así no saben que pensar. ─Claro... Pese a lo que dije ella muestra una felicidad genuina, no sé que hacer pero ella se abalanza sobre mí sin darme tiempo a nada. La abrazo con fuerza haciéndole saber con ello mis pensamientos, yo también estoy emocionada y ni siquiera tengo idea de que es lo que pasará. Maximiliano es un hombre al que no conozco de nada, su familia no me ha contado mucho sobre él y su hermana solo me hizo temer. Al cabo de unos minutos puedo escuchar a Violeta sollozar mientras me aprieta contra ella, es increíble lo mucho que la quiero en tan poco tiempo. ─Despertará mi niño ─solloza contra mí. ─Violeta... No quiero decirle que no pero tampoco quiero mentirle, no quiero darle falsas esperanzas. ─Despertará, lo sé ─termino por decir. ─Sólo lo dices para tranquilizarme ─susurra con una risa triste. ─Claro que no ─me retiro, mirándola directamente─, él despertará y tú podrás ver esos hermosos ojos verdes de nuevo. ─Sus ojos son hermosos, ¿cierto? ─Lo son, no puedo imaginar como habrán sido cuando... Me callo al no tener idea de como expresar lo que quiero decir, Violeta me mira y asiente comprensiva. Vuelve a abrazarme pero se retira rápidamente y sale de la habitación dejándome a solas en el pasillo, la puerta frente a mí me causa cierto escalofrío en todo el cuerpo. Sé que Maximiliano está en la cama pero las palabras del doctor no me dejan, él se está preparando para despertar. Camino con decisión y abro la puerta, el cuerpo sigue inmóvil en la cama, siento una extraña sensación en mi vientre, desilusión tal vez. Abro las puertas del armario y tomo una playera negra, unos jeans rasgados y un par de calcetines a rayas. Sonrío ante la combinación, los colores en las calcetas me causan gracia. No conozco a este hombre pero estoy casi segura de que no le gustarían para nada. La ropa interior es otro tema, al abrir el cajón me inunda el nerviosismo. Nunca he visto un hombre desnudo, he leído muchas escenas explícitas en mis libros pero nunca he visto algo tan de cerca y el hecho de que le pondré una de las prendas que están pulcramente acomodadas me hace temblar. Tomo un bóxer con cuidado de no hacer un desastre pero cuando estoy por cerrar el cajón la pila de ropa cae a un lado causando justamente lo que deseaba evitar. Coloco todo en su lugar lo mejor que puedo y cierro el cajón con fuerza, un escalofrío me recorre mientras me acerco al hombre en cama pero no me detengo sino que avanzo lentamente. Sus ojos están cerrados como es costumbre pero la penumbra me hace un poco difícil ver así que entrecierro los ojos dando pasos calculados. Mantengo mis ojos fijos en su rostro atenta a cualquier movimiento pero lo único que se escucha es la respiración de Maximiliano, tranquila y pasiva, de modo que continúo hasta llegar a los pies de su cama. Una sábana cubre su cuerpo así que con cuidado la retiro, mis manos tiemblan por los nervios así que respiro hondo armándome de valor y entonces la quito de un tirón. Su cuerpo es una obra de arte, sin duda alguna. ─¡Oh! ─jadeo sorprendida. Es un hombre imponente en toda la extensión de la palabra, su abdomen pareciera esculpido por los mismos dioses y su m*****o. Dios me libre de estos pensamientos. Desvío la mirada avergonzada pero nada cambia cuando miro sus brazos, tan grandes como mi cintura. Un tatuaje se aloja en la parte trasera de su brazo, un corazón humano flameante con un nombre al lado. Samantha. ¿Quién es Samantha? ¿Su anterior esposa? Las dudas me consumen, quizás cuando despierte solo pueda pensar en su esposa. Kristen mencionó que nunca despertó después del accidente así que puede que ni siquiera sepa que la mujer falleció o peor aún, que lo sepa y por ello no despierte aunque esa posibilidad ya la había considerado, para mi desgracia. Observo el tatuaje a lo lejos, sin atreverme a tocarlo. Verlo me desgarra de una forma inexplicable, la forma en que las llamas consumen el corazón es como si él sintiera que él mismo es el que está allí quemándose. Bajo un poco la vista recorriendo su cuerpo con curiosidad, hay más tatuajes justo sobre su entrepierna y se alargan hasta su espalda. Procedo con mi misión inicial y comienzo por ponerle su ropa interior, cubro su m*****o con unos bóxer que, por como se sienten, deben ser muy costosos. Sigo con los jeans rasgados y las calcetas. Para cuando voy a ponerle la playera un par de esmeraldas me miran aunque se encuentran un poco lejanas para mi gusto. Me acerco con cautela hasta que estoy a centímetros de su rostro, coloco mis manos con delicadeza sobre su hombro asombrándome de su cálides al instante. Levanto su cuerpo de la cama y pongo la playera rápidamente queriendo ver esos ojos verdes de nuevo pero cuando recuesto nuevamente al hombre sus ojos se encuentran cerrados. Mierda. Salgo de la cama desilusionada, comienzo a desvestirme para ducharme con un sentimiento atormentándome. Deslizo mi vestido dejándolo en el suelo y entro al baño. Tras una larga ducha caliente salgo, envuelvo mi cuerpo desnudo en una toalla blanca y voy directa a la recámara. Saco mi ropa del armario con la toalla puesta y cuando ya sé que me pondré la suelto dejándola caer al suelo. Justo cuando acomodo mis bragas escucho un movimiento detrás de mí. ─¿Siempre dejas la ropa regada por dónde vas?
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