Su voz es profunda, imponente.
─Disculpa, por educación debes mirar a las personas cuando te hablan ─habla nuevamente.
Miro hacia abajo y entonces caigo en cuenta.
¡Sigo desnuda!
Recojo la toalla y la envuelvo nuevamente a mi alrededor asustada, no sé que hacer o qué decir, quería que el hombre despertara pero no ahora. No así, doy la vuelta y entonces mis piernas fallan. Maximiliano despierto es algo fuera de este mundo, sus brazos están sosteniendo su peso sobre la cama mientras que su rostro está contraído en una mueca que no sé describir.
─Perdón...
─¿Puedo saber por qué estás desnuda en mi habitación? ─mira alrededor y vuelve a la carga─. Y, ¿porqué dejas tu ropa tirada por dónde vas?
─Normalmente no tengo problemas en dejar la ropa en el suelo ya que soy yo quién la recoge ─suelto afianzando mi agarre en la toalla que me cubre.
─Y, ¿porqué estás en mi habitación?
─Bueno, es complicado...
─Habla que me duele la cabeza.
Pasa su mano por su frente despeinando su cabello en el proceso, me quedo sin habla ante tal adonis.
─¿Y bien?
─Ah, por supuesto ─sacudo la cabeza saliendo de mi estado de incoherencia─. Pues es que tú y yo...
─¿Dónde está Amber?
Claro, su esposa no se llamaba Samantha ¿cómo lo pude olvidar?
─Ammm, traeré a Violeta ─farfullo nerviosa.
Tomo mi ropa y salgo rápidamente, entro en la habitación contigua para vestirme rápidamente y salgo disparada a la casa de atrás dónde Violeta se encuentra.
Paso a toda prisa sin importarme el llamado de algunos sirvientes con quienes me cruzo, fijo mi curso sin mirar atrás y al llegar a la puerta de la casa de mi suegra no espero a que me anuncien sino que entro corriendo. Subo las escaleras hasta la habitación que busco y una vez la encuentro entro.
─¡Violeta despierta! ─grito entusiasmada.
No sé porqué pero ahora estoy muy feliz.
─¡Despierta, ya! ─grito de nuevo.
Mi suegra se remueve en la cama pero al escucharme nuevamente se levanta asustada, me mira aterrada al tiempo que cubre su cuerpo con una bata.
─¿Qué te pasa Billie? ─pregunta angustiada.
─¡Ven!
La sonrisa en mi rostro la intriga pero no me da señal de nada, se pone unos zapatos rápidamente y llega a mí con las manos temblorosas. Envuelvo mi brazo alrededor del suyo y la llevo lo más rápido que me deja, bajamos las escaleras sin mucho cuidado pero ella solo gimotea.
─Billie, más despacio.
─Cuando lleguemos verás porque el maltrato ─declaro sonriente.
─¿Qué sucede?
─Ya verás.
Llegamos a mi casa en tiempo récord, las puertas siguen abiertas ya que ni siquiera me quedé para cerrarlas así que entramos.
─¡Cierren todo! ─ordeno cuando pasamos al lado de unos sirvientes.
Subimos las escaleras y cuando la puerta de mi habitación está frente a nosotras Violeta se tensa. Me mira insegura pero la animo a continuar, la jalo hasta que entramos al cuarto dónde está el hombre en coma.
Aunque ya no está en coma.
Y tampoco en la cama, suelto a Violeta y camino hasta el baño dónde una nube de vapor empaña la vista. Aquí está.
─¿También te metes en las duchas ajenas? ─pregunta desde adentro.
Guardo silencio sonriente, los pasos de mi suegra acercándose me hacen saber que ya lo ha oído y, cuando está frente a mí estoy segura de que ha sido la decisión correcta traerla de inmediato.
─¿Está...? ─sus ojos se empañan en segundos.
No termina la frase sino que comienza a sollozar logrando que vaya hasta ella y la rodee con mis brazos cariñosamente. Maximiliano sale del baño gloriosamente desnudo pero la alegría no dura mucho ya que se tapa con una toalla y nos mira confundido a más no poder.
─¿Qué les pasa? Y, ¿quién mierda eres?
Su humor es malo pero no me importa, él es mi esposo que ha despertado y ahora mismo soy feliz.
─Hijo mío...
Violeta se acerca a él y lo abraza con brusquedad, la escucho dar gracias a Dios un par de veces pero mantengo distancia dándole espacio a mi suegra para poder reencontrarse con su hijo que creía perdido.
─Billie, ven ─me llama pero niego y es una excelente idea dada la mueca de Maximiliano.
─No la conozco, ¿que hace aquí? ¿porqué no me dicen que mierda pasa?
─Vístete y te veo abajo, ¿ok? ─dice Violeta sonriendo.
Maximiliano asiente sin mucha convicción, salgo acompañada de mi suegra y carcajeo cuando la escucho susurrar:
─Sigue estando bueno mi hijo, ¿verdad?
─¡Violeta!
Reímos mientras salimos, bajamos las escaleras entre risas y cuando un sirviente pasa a nuestro lado pedimos algo para tomar.
Nadia es quién llega a la sala con tres tazas de café, una descafeinada para mi suegra, una con mucha azúcar para mí y un café n***o con poca azúcar para mi esposo. Vaya, nunca pensé decir eso o siquiera pensarlo. Se siente extraño saber que mi esposo estará despierto cuando llegue a casa, cuando duerma a su lado.
─¿Para quién es la tercera taza? ─pregunta la mujer dejando el café en la mesita.
─No quiero que vengas ahora, vete a dormir ─ordeno de malas.
─¿Porqué das ordenes en mi casa? ─dicen desde las escaleras.
El líquido en la taza cae sobre mis piernas quemándome haciendo que salga disparada hacia atrás, Violeta pasa una toalla sobre mi piel pero arde.
─¡Nadia vete de aquí! ─espeta Violeta casi tan molesta como yo.
La mujer solo mira a mi esposo bajar las escaleras, caminando directamente hacia nosotras.
─¡Nadia vete! ─grito histérica.
─¡Tú no das órdenes en mi casa! ─contraataca mi marido.
─¡Pues fíjate que sí! ─me levanto, camino hacia él.
─¡No eres nadie aquí! ─dice acercándose cada vez más.
─¡Soy tu esposa!
Abre la boca para decir algo pero se detiene en cuanto las palabras salen de mi boca, mira a su madre y entonces me mira nuevamente a mí con una sonrisa petulante.
─¿En serio crees que alguien como tú podría ser mi esposa?
─¿Alguien como yo? ─pregunto sonriendo igual.
─Sí, alguien como tú.
─Pues fíjate que llevo muy bien mis tres meses viviendo contigo ─digo dando pasos hacia él─. Aunque me gustabas más cuando no hablabas.
─No veo posibilidad de esto ─nos señala con su dedo acusador─, yo ya tengo una esposa a la que sí quiero.
El hecho de que mencione a Amber me hace dar un traspié, me detengo mirándolo fijo y sé que sabe que me ha hecho daño pero continúa con su expresión confundida.
─Querido, Amber murió en el accidente en el que quedaste en coma.
Veo su cuerpo tensarse pero no hay una reacción más allá de eso. Es como si ya lo supiera pero lo mencionara solo por lastimarme y eso me causa un dolor indescriptible, agacho la cabeza y me vuelvo al sofá junto a Violeta.
─Trae otra taza de café para mi esposo ─ordeno a la chica que sigue embobada mirando a Maximiliano.
─No des ordenes en mi casa.
─¿Acaso no quieres café? ─pregunto con una ceja enarcada.
─Tráelo ─ordena de malas.
Sonrío satisfecha pero el recuerdo de sus palabras me obligan a apartar la mirada de ese hombre de ojos verdes, tomo mi café y soplo sobre el queriendo enfriarlo un poco ya que el vapor sobresale debido a lo caliente.
─Hijo, siéntate con nosotras.
Con desconfianza toma asiento a mi lado dejando un espacio entre nosotros, siento sus ojos escrutándome pero me mantengo mirando mi café sin intención de dejarle ver lo nerviosa que estoy.
Juego con mi anillo de bodas entre tanto silencio hasta que finalmente su mano se posa sobre la mía, miro su rostro pero está viendo fijamente la joya que descansa en mi dedo. La piedra es enorme pero no fue mi decisión, Violeta eligió la mayoría de las cosas. Tengo la necesidad de explicarlo todo pero me contengo esperando que él diga algo pero mi corazón sufre un poco más cuando suelta mi mano con algo parecido al asco.
─Bien, explíquenme como es posible que esté casado con otra mujer.
─Hijo, pensábamos desconectarte hace unos seis meses pero Kristen enfermó y sé que yo no duraré mucho más tiempo...
─¿Qué quieres decir? ─pregunta interrumpiendo a mi suegra, se levanta y pasa su mano por su cabeza frustrado.
─Quería descendencia...
─¡No tenías derecho! ─grita mirando a su madre con furia.
─¡No le grites! ─me interpongo entre ellos y entonces dirige su ira a mí.
─Ni te metas ─espeta conteniéndose.
─¡Si quieres gritarle a alguien que sea a mí! ─grito furiosa─. ¡Tu madre solo pensaba objetivamente!
─¿Objetivamente? ─pregunta con una risa sarcástica─. ¿De dónde sacaste a esta mujer tan sosa?
─¡Es suficiente! ─grita Violeta.
Ambos miramos a la mujer en el sofá asombrados, nunca la había escuchado molesta y menos aún gritando.
─¡Váyanse a dormir!
─Violeta...
─A la cama, los dos ─ordena levantándose─. Mañana hablaremos de esto.
Sale de la estancia en segundos, no puedo creerlo.
Subo las escaleras con la ira bullendo dentro de mí, no voy a caer y volver a pelear. Entro en mi habitación y me quito el vestido rápidamente, me pongo un camisón y me meto en la cama. La puerta se abre pero yo mantengo mis ojos cerrados, el silencio se hace incómodo pero no hago nada para cambiarlo.
─Esta es mi cama ─susurra metiéndose entre las sábanas.
─Desde que soy tu esposa es nuestra ─digo acomodándome.
Al cabo de unos minutos escucho su respiración más pesada y entonces me giro hacia él. La vista de él durmiendo me hace temblar, ¿y si no despierta de nuevo? Me arrastro hasta él y envuelvo mis brazos a su alrededor antes de pensar con coherencia, su cuerpo es cálido como cada noche pero lo que más me sorprende es lo cómodo que se vuelve cuando sus brazos son los que me rodean.
Ya es costumbre que duerma abrazada a este hombre pero ahora él es quién me abraza y es una sensación maravillosa.
─Por favor no vuelvas a dejarme sola ─susurro reforzando mi abrazo.
Y entonces me duermo.