Capítulo 8

1536 Words
La mañana me recibe fría así que me remuevo en la cama queriendo encontrar el calor que siempre hay a mi lado y, cuando lo tengo en mis manos lo abrazo feliz. Sonrío contra su pecho duro pero sus manos sobre mi trasero me hacen saltar conmocionada. Abro lo ojos de golpe encontrándome con un par de ojos hermosos observándome. ─Tal vez deberías revisar donde pones tus manos ─susurra con la voz ronca. Muevo mi mano lentamente palpando pero el gruñido que sale de él me hace detenerme en el acto, no había notado la dureza y ahora que está en mis manos me quedo quieta. ─Lo siento ─digo sintiendo arder mis mejillas. ─Quita tus manos ─ordena fuertemente. Aparto la mano rozando su m*****o en el proceso causando un nuevo gruñido de su parte, me muevo hasta quedar de espaldas a él pero siento el calor subiendo por todo mi cuerpo. Aprieto mis piernas con nerviosismo. ─Entonces eres mi esposa ─resopla detrás de mí. ─Así es ─respondo sin más. ─Pues entonces no estará mal que haga esto. Antes de poder preguntar algo siento sus manos tomándome por la cintura, me recuesta boca abajo y se pasa sobre mí con la mirada ardiente y las manos impacientes recorriendo mi cuerpo sin pudor. ─¡Espera! ─jadeo sorprendida. ─Después de todas las noches abrazándome no creo que no hayas imaginado esto... Su cara está a centímetros de la mía, mi respiración se acelera pero los nervios son más fuertes así que me remuevo inquieta queriendo escapar de su agarre. ─La verdad es que no lo pensé. ─¿Ah no? ─pregunta sorprendido. Se detiene manteniendo mis manos quietas sobre mi cabeza y su mirada me escudriña con curiosidad. ─No, no sabía si despertarías. ─Pues no debiste casarte con un hombre en coma. ─Pues no debiste quedar en coma ─ataco con una carcajada. En cuanto hablo Maximiliano me mira con diversión pero mantiene su expresión seria. ─Esas pecas en tu cara son extrañas ─suelta haciéndome callar. ─¿Extrañas? ─pregunto intrigada, ¿es malo? ─Sí, tus ojos son muy claros... Mantiene su mirada puesta en mis ojos, nunca me habían dicho algo así aunque es cierto que mis ojos son claros. Mi hermana y yo compartimos lo azulado de los ojos de mi padre. ─Mi padre tiene el mismo color... ─Seguro tu padre no se ve como tú ─bromea. ¿En serio bromea él? Disfruto la carcajada que sale de él, no puedo creer tanta perfección en una persona. Cuando nota mi atención fija en su rostro endurece el gesto pero antes de poder decir algo la puerta se abre sin previo aviso. Maximiliano salta de mi lado acomodándose a mi lado, me siento en la cama y Nadia aparece frente a mí. Lo que me faltaba. ─¿No te enseñaron a tocar? ─pregunto con el humor por los suelos. ─El doctor Hill ya está aquí ─avisa ignorando mi pregunta. ─Te ha preguntado algo, Billie ─escucho a Maximiliano decir. ─Disculpe señor, lo que pasa es que parecía muy urgente. ─Bien, vete Nadia. Antes de que se de la vuelta me acomodo al lado de mi esposo, abrazo su cuerpo y dejo un beso en su mejilla. Cuando la puerta se cierra me retiro, me levanto y me pongo una bata sobre el camisón. ─¿Por qué has hecho eso? ─pregunta desconcertado. ─Por que esa mujer quiere algo contigo desde que llegue aquí ─suspiro dejando la bata a un lado para cambiarme─, pienso que incluso desde antes. ─Pues no lo creo, es apenas una niña. ─¿Cuántos años tiene? ─No lo sé, tal vez unos veinte. ─¿Cuántos años crees que tengo? ─bufo. ─No lo sé, ¿veinte? Ruedo los ojos molesta al tiempo que quito mi camisón para cambiarme. ─Sí. El silencio me hace girar encontrándome con su rostro inexpresivo, no entiendo por que se ha callado pero recuerdo mi desnudez así que me giro nuevamente sintiendo el calor subir por mi cara. ─Disculpa... ─Ella no se ve como tú ─suelta sorprendiéndome, su voz ronca dejándome sin habla. La forma en que las palabras se escuchan en él me hacen temblar, no sé que decir. Estoy tan acostumbrada a cambiarme aquí sin importarme su presencia que no pensé al quitarme el camisón y ahora estoy solo con mis bragas negras y un sostén que no va a juego. Con los nervios de punta me agacho para recoger mi bata pero entonces un nuevo sonido proveniente de atrás me deja perpleja. ─Vístete ─escucho su voz pero suena tan ronca que me cuesta mantenerme tranquila. ─¿Te molesta? ─pregunto con el miedo amenazando mi tono. ─Me pones duro. Su declaración me hace levantarme de golpe, giro con las manos en puños y lo miro. Su mirada estaba puesta en mi culo, estoy segura. Recorre mi cuerpo con descaro y cuando llega a mis ojos resopla levantándose. Observo su pecho subiendo y bajando agitado, su m*****o levantado sobre sus pantalones y sus piernas acercándose a mí. ─Iré a vestirme, tienes que ver al doctor Hill. Salgo disparada al baño para darme una ducha. Cierro la puerta con fuerza cuando estoy dentro y respiro tantas veces como me es posible, no sé que iba a hacer cuando estuviera junto a mí pero no estoy segura de querer averiguarlo. Puedo escuchar sus pasos en la habitación pero no me habla, camina de un lado a otro hasta que de pronto todo se silencia. ─Iré con Nadia para ver al doctor ─avisa desde afuera. No puede ser, salgo con la ira bullendo muy dentro de mí. ─Ah no, con ella no ─espeto frente a él. ─¿No? ─puedo ver la diversión en sus ojos pero continúa serio. ─No. ─¿Me lo impedirás? ─Iré contigo. ─Puedo ir con Nadia. ─No quiero que ella esté aquí. ─No la voy a correr ─dice endureciendo el gesto. ─¿Porqué? Niega con la cabeza y entonces veo algo que no esperaba y peor aún, algo que temía. Está molesto. Gracias a Dios no me grita sino que sale del cuarto dejándome a solas con mi desgracia, me dirijo al vestidor y tomo un vestido blanco de algodón poniéndomelo rápidamente. Camino en silencio hasta la habitación donde está el doctor Hill y entonces las voces comienzan. ─Ya le dije que estoy bien. ─¿Dolores de cualquier tipo? ─pregunta el doctor. ─No. Entro a la habitación y lo que veo me termina de molestar. Maximiliano está sentado en el sofá del fondo, al lado el doctor Hill lo revisa mientras que a la izquierda está Nadia. Se encuentra de pie con las manos sobre su espalda pero mira la escena como si ella fuese la esposa preocupada y no yo. ─Nadia te puedes ir, estaré con mi esposo el resto del día ─anuncio pasando a su lado. La chica me mira con ira contenida pero pronto dirige su rostro a mi esposo. ─Ya la escuchaste Nadia, estaré con Billie. ─Sí, señor. Nadia sale con el rostro contraído en furia pero yo sonrío encantada de que me haya secundado frente al doctor. ─Doctor, ¿como está mi esposo? ─pregunto fijando mi atención en el hombre canoso. ─Parece ser que todo está bien pero me gustaría que fueran a hacerle algunos exámenes. ─Claro, lo llevaré mañana mismo. ─No iré ─espeta Maximiliano levantándose. ─Hasta luego ─sonríe el doctor. Lo despido amable y, cuando la puerta se ha cerrado miro a Maximiliano que está caminando de un lado a otro inquieto. ─¿Qué pasa? ─pregunto pasándome a su lado. ─Nada. Toco su hombro con delicadeza causando que gire a verme, está muy molesto pero no entiendo porqué. ─Dime lo que pasa, quizás puedo ayudar. ─¿Por qué te casaste con un hombre en coma? ─pregunta en su lugar. ¿Qué? ¿De eso quiere hablar? ─Mmm, la verdad es que no lo sé... ─No entiendo por qué alguien como tú necesitaría casarse con un hombre que no le puede dar lo que merece. ─Me dabas lo que necesitaba incluso en coma ─suelto dando un paso atrás. ─¿Ah sí? ─pregunta insinuando cosas distintas. ─De acuerdo, me dabas seguridad y estabilidad ─digo caminando hasta el sofá─. Es lo que necesitaba. ─Pero no lo que merecías. ─¿Qué merecía entonces? ─me burlo. ─Alguien que te llevara al cine, a comer o que te hiciera el amor. ─Puedo hacer dos de esas cosas contigo ahora ─bromeo nerviosa. ─No me gusta el cine ─dice dando un paso hacia mí. ─A mí tampoco me gusta mucho, prefiero las pelis en casa... ─No me gusta comer fuera ─otro paso. ─Comeremos en casa. ─No te haré el amor ─termina por decir frente a mí. ─No te lo estoy pidiendo ─susurro aunque mi corazón duele un poco al escucharlo decir eso. ─Bien, vamos a comer entonces. Se levanta dejándome como una tonta con las piernas temblorosas. Pienso en decir algo más pero sale de la habitación y entonces me dejo caer en el sofá aturdida, no sé que me pasa. Aunque es algo bueno que me haya dicho que no me hará el amor no entiendo por que confesarlo y de esa forma. ¿Piensa que estoy urgida? Mierda. Menudo hombre.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD