-No, no lo soy. Se pone de pie con un movimiento fluido que me recuerda lo bien que usa ese cuerpo de atleta. Puede que James se pase el día dominando el mundo de las finanzas, pero está claro que dedica bastante tiempo al gimnasio. A sus cuarenta y dos años, está en mejor forma que la mayoría de los hombres de mi edad y sabe exactamente qué hacer con ese cuerpo grande y fuerte.
No pienses en su cuerpo. Ni en lo duro que está. Ni en lo fuerte que quieres que te folle contra la pared de tu apartamento mientras sus sensuales ojos verdes te perforan el alma.
Levanto la barbilla, rezando para que mi fuerza de voluntad aguante mientras se acerca lentamente, hasta que su olor a jabón y cítricos me provoca la nariz, recordándome lo bien que olían mis sábanas después de que me destrozara en ellas. -En serio. ¿Qué haces aquí?
-Esa noche asamos camarones en tu apartamento , dice, ahora cerniéndose sobre mí, obligándome a echar la cabeza hacia atrás para mantener el contacto visual con él, mucho más alto. -¿Recuerdas lo que hablamos?
Frunzo el ceño al recordar escenas de esa noche. -Hablamos de muchas cosas. Y bebimos mucho vino .
-Y dos postres , dice, acercándose aún más, hasta que el calor de su cuerpo calienta mi piel y mis pezones traidores se tensan bajo el corpiño de mi vestido de dama de honor.
Pero empieza a hacer frío en la playa a medida que el sol se pone. Solo por eso tengo esta reacción. No tiene nada que ver con que el hombre me mire como si se imaginara mi aspecto sin más sonrisa mientras lo montaba en una silla junto a la mesa de la cocina.
Estábamos tan enamorados el uno del otro después de ese segundo postre, que ni siquiera pudimos llegar a la cama...
-Y antes de sacar la mousse de espresso del refrigerador , continúa, me dijiste cuánto deseabas tener hijos. Que te morías de ganas de tener un bebé, de hecho, pero que aún no habías encontrado la situación ideal .
Frunzo el ceño con más fuerza. -De acuerdo. ¿Y?
-¿Qué pasaría si pudiera ofrecerte la situación adecuada? , dice, haciendo que mis cejas se disparen hacia arriba.
-¿Qué? , dije con una risa cortante. -¿Qué significa eso?
-Mi madre se está muriendo , dice, provocando un dolor intenso en mi pecho. -Es cáncer. Inoperable. No le queda mucho tiempo .
—Yo... —Trago saliva—. Lo siento. Mi madre murió hace unos meses. Y también de cáncer. Es una puta mierda.
—Sí —coincide—. También lo es la impotencia para consolar a la única persona que importa. Literalmente, mi dinero o mi influencia no pueden hacer nada por ella, y las largas conversaciones y el tiempo que pasamos juntos no sirven de mucho. Solo hay una manera en que realmente podría aliviar su partida. —Hace una pausa, su mirada ya penetrante clavada en la mía—. Lleva tiempo esperando verme establecido y formando una familia. Para ella es importante continuar nuestra línea familiar.
Se me corta la respiración y el corazón me late más rápido.
Pero seguro que no quiere decir lo que creo que quiere decir. -¿Y eso qué tiene que ver conmigo?
-Quieres un bebé , dice. -Necesito una prometida, preferiblemente una que esté embarazada de mi hijo, cuanto antes, para asegurarme de que mi madre muera creyendo que tendré a mi lado a la familia que siempre ha querido para mí cuando ya no esté .
Niego con la cabeza. -Qué retorcido, James . No querría que le mintieras .
—No si supiera que miento —coincide—. Pero no lo hará. Eres buena con la gente. Encantadora. Simpático/a. Creo firmemente que eres capaz de convencerla de que estamos enamorados y que esperamos con ilusión el nacimiento de nuestro primer bebé. Y, si lo consigues, cuando ella ya no esté, me aseguraré de que a ti y al bebé nunca les falte de nada.
Parpadeo más rápido. Todavía suena loco, pero una parte de mí también está… intrigada. -¿Qué quieres decir con eso?
-Me refiero a diez mil al mes de manutención hasta que el niño cumpla dieciocho años y todos los demás gastos estén cubiertos .
Menos mal que no tengo cerveza en la boca porque la escupiría sin dudarlo. -¿Diez mil?
—Bien, quince —dice, sin entender claramente la razón de mi incredulidad—. Y pagaré el préstamo de tu edificio aquí en Sea Breeze. Pero eso es todo lo que estoy dispuesto a ofrecer.
Resoplo. -Estás loco.
-Es una oferta generosa.