-¿A dónde demonios crees que estas yendo? – preugntó ella, interponiéndose en su camino y poniendo sus manos en el pecho de Alessandro. Estar tan cerca hizo que los corazones de ambos se aceleraran, por un segundo, se miraron fijamente y debieron mantener la calma para poder respirar con normalidad, lo cierto era que, de la cabeza de ninguno de los dos se habían salido todavía los recuerdos de aquel apasionado beso que desató toda aquella catástrofe entre ambos. -Voy a hablar con tu jefe, solamente eso – soltó con la voz entrecortada. Georgia vio las pupilas dilatas de Alessandro, definitivamente aquellos eran los ojos más bonitos que ella hubiera conocido nunca, pero así mismo, eran los más enigmáticos también. -¿Sobre qué? – frunció el ceño – te conozco, Alessandro, sé de lo que

