Capítulo 5

1371 Words
Capítulo 5 Las fiestas parisinas resultaron bastantes movidas, por lo menos aquí tenía la certeza de que no se iba a presentar una pelea, romperían botellas o algo así, se notaba que las personas presentes eran lo bastante educadas y civilizadas. Dean y yo decidimos comenzar la noche con un par de martinis, increíblemente era un trago que nunca había tenido la oportunidad de probar y siempre quise, frunciendo el ceño al sentir el líquido pasar por mi garganta, era bastante fuerte, a decir verdad, pero estaba bastante bueno, sabía que no sería el último de esa noche. Tomamos asiento en una mesa para dos dentro del ruidoso local, Dean saludaba a muchas personas que pasaban y lo miraban, era muy conocido y yo solo me dedicaba a tomar un poco y observar a las personas, me gustaba mucho la forma en la que bailaban, que diferencia al perreo intenso que estaba acostumbrada en Latinoamérica, aquí simplemente se tomaban su espacio, movían sus cuerpos y disfrutaban de la música, los tragos y quizás una que otra sustancia psicotrópica, por lo menos por este lado del mundo les daba solo por bailar, reír y seguir tomando más. Algo me decía que no pasaría mucho para que Dean me invitara a bailar, lo note porque seguidamente pasaba la mirada de la pista de baila hacia mí, y sus piernas las movía como si tuviera una especie de tic nervioso, me causaba mucha gracia verlo así de nervioso, no era común en él, pero dadas las circunstancias y basándose en la seriedad que siempre denoto, dudaba de hacerme la petición ya que lo más probable era que temiera por una futura respuesta negativa; así que simplemente le hice la situación más fácil y fui yo misma quien lo invito a bailar, su cara fue todo un poema, como si Calvin le hubiese dicho que le iba a doblar el sueldo. Estuvimos un rato dejando que la música electrónica entrara por nuestras venas y nos llevara a su ritmo, la verdad me estaba gustando más este estilo de fiestas, sin tantos gritos, sin tanta gente alrededor, sin miles de olores concentrados, era algo más relajado y agradable. Dean se encontró con unos amigos y nos unimos a ellos un momento, pero luego yo me sentí aburrida y salí del lugar a tomar un poco de aire fresco, me apoye del borde del extenso balcón y coloque mi atención en las hermosas luces de la ciudad, Paris era un sueño hecho realidad. Estaba concentrada pero igual mis oídos lograron escuchar unas quejas a mi lado, giré mi rostro para saber de qué se trataba y pude notar que estaba una chica agachada, buscando algo entre las plantas, se veía bastante desesperada. –Hola, ¿estás bien? – le pregunte, mientras me acercaba. –Hola, se me ha caído mi anillo entre las plantas, no lo encuentro y es muy especial para mí, no quisiera meter mi mano ya que esta todo con lodo. Si fuera de verdad especial, no dudaría ni un segundo en meter la mano, estas chicas de cristal son un caso perdido, pensé mientras me bajaba a su nivel, tome mi teléfono, active la linterna y me dispuse a buscar el tan aclamado anillo, el cual encontré casi al instante, estaba casi sumergido en el lodo, pero aún se podía ver un poco el hermoso diamante que llevaba incrustado, me quite la chaqueta para no ensuciarla e introduje mi mano, sacando el anillo con todo y lodo, para su buena suerte había una fuente cerca y sin mayor vergüenza lave la joya, note como la chica me miraba con una sonrisa en su rostro. –Listo, ya está limpio y a salvo – le dije, entregándole el anillo. –Muchas gracias de verdad, no sabes lo valioso que es para mí – me respondió con emoción, colocándose el anillo y mirándolo con devoción. –Y es muy bonito. –Me lo regalo mi abuelo cuando me gradué en la universidad, poco después el falleció y lo guardé como una reliquia, solo lo uso en ocasiones especiales. Esa chica denotaba mucha ternura y vaya que yo si era buena para saber reconocer a personas de ese tipo, escucharla hablar era sentir paz; me estuvo contando un poco sobre su abuelo y lo mucho que lo quería, me pregunto de donde era y me comento que había visitado mi país hace muchos años en un tour por Latinoamérica. –Ustedes los latinos son gente muy alegre y amables, tengo varios amigos cubanos y son graciosos. –Bueno, a mí no es que se me dé mucho la comedia, soy un poco seria como podrás ver. –Pero eres amable, agradable, y lo que hiciste por mí, otra persona en este lugar no lo hubiera hecho, meter su mano y ensuciarse, no lo creo. Nos concentramos un poco en la noche y los tragos que el mesonero nos trajo, parece que la conversación de Dean con sus amigos estaba bastante buena, pues lo noté a gusto y no quise acercarme a él y Emily, mi nueva amiga del anillo, parecía interesarle las historias de mi vivencia en Venezuela y a mí me agradaba mucho su presencia, se notaba buena chica y de ahí, creo que podría nacer una nueva amistad. Me comento que estaba esperando a su pareja, que habían quedado en verse ahí, yo le señale a Dean quien estaba asumido en su conversación y ella me tomó del brazo y juntas nos fuimos a la barra a por otros tragos, la cosa se estaba poniendo buena ahora, Emily bailaba y cantaba al ritmo de las canciones francesas y yo la miraba con una sonrisa. –¿Qué pasa con tu chico?, está tardando mucho – le dije. Noté que algo pasaba, pues cuando le dije eso ella sonrió ampliamente y bajo la mirada con pena. –No es un chico, es una chica – me informó. No pude premeditar eso, la verdad mi radar me fallo con ella, nunca pensé que esa dulce chica de cabellos casi blancos, ojos azules, piel blanca y brillante, con esas expresiones de ternura en su rostro, fuera una chica de mi bando, no tenía nada de malo, era obvio, pero me asombro un poco saberlo, aunque estaba bien, nos entenderíamos mejor ahora. –Genial, entonces tu chica, se está tardando mucho – le dije con gracia. –Pues, de echo ahí viene. Gire mi rostro hacia donde estaba puesta su mirada llena de brillo y sentí como algo dentro de mí se rompía en mil pedazos, el destino estaba siendo demasiado cruel conmigo ahora, no podía ser posible que Camille, la chica del croissant fuera la novia de Emily, esto tenía que ser una jodida broma, no entendía cuál era la función de conocerla, de que me gustara y luego por todos los medios hacerme ver que no es para mí, que es un gusto innecesario y que nada podrá surgir de ahí, era demasiado cruel para ser cierto. Ella noto mi presencia automáticamente porque la expresión de asombro en su rostro me lo hizo entender, yo me gire y tome de mi Martini a fondo, necesitaba aminorar la adrenalina y los nervios que estaba sintiendo ahora, tratando de controlarme para no hacer nuevamente una escena como la de la panadería. –Hola mi amor – le saludo Em, con una sonrisa y un tierno beso en los labios. Camille no le respondió nada, tenía sus ojos puestos en mí, hasta cuando la beso, me miraba, yo sencillamente trate de apartarme un poco y no verlas, era demasiado para mí en ese momento. –Amor mira, ella es mi nueva amiga latina Vania, es demasiado linda, hemos compaginado mucho esta noche – le dijo con emoción, mientras yo trataba de mantener mi sonrisa nerviosa. –Curiosamente ya nos conocemos, ella compra en la panadería – le dijo, con una sonrisa de medio lado y con Camille recostada en su pecho. Por una parte, me agrado el hecho de que Camille dijera la verdad sobre mí, por un momento pensé que iba a negar conocerme, pero no fue así y eso hizo que me sintiera un poco menos nerviosa.
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