Aquel domingo prometía estar lleno de adrenalina para Corina, Avril y Diana, principalmente por sus vuelos en parapentes. Diana había hecho reservas en el sitio con mejores recomendaciones. Era un pequeño viaje de al menos dos horas, con un clima que mejoraba y se hacía más fresco a medida que subían las montañas a través de carreteras sinuosas, desde las que lograban divisar campos de duraznos y hortalizas por un lado y por el otro, cultivos de flores. Era una agradable vista para las chicas, haciéndoles sentir que el corto viaje ya valía la pena. Además, se decía que el panorama se volvía aún más impresionante cuando sobrevolar la zona en los parapentes. Al poco tiempo de haber llegado, los asistentes de los pilotos empezaron a prepararlas para sus despegues, cada una iría con un parag

