CAPÍTULO 7. EMMA. Éramos cuatro jóvenes a punto de subir el tercer piso. Yo estaba algo asustada porque sabía que allí había hombres mucho más grandes que nosotras y eso me daba un poco de vergüenza ajena. Ariadna se había retocado el labial y Camile se había acomodado la blusa para dejar ver su delicado escote. Aquello era una mierda. ¿En serio sus padres la habían criado con tal de casarse con aquel que tenga más dinero? Si tan solo ellas supieran que pudieran conseguirlo por si solas. Sin embargo, yo las acompañaba para no ser un aguafiestas. Creo que estaba pagando el precio de pertenecer a su grupo de amigas aunque sinceramente no sabía por qué lo hacía si apenas las conocía. Elizabeth tenía su brazo entrelazado con el mío y del otro lado agarraba a Magenta que no parecía

