El dolor de cabeza se hizo insoportable y ya no pudo seguir durmiendo. Tomó el reloj de pulsera que había dejado sobre la mesita la noche anterior..., ya eran las once de la mañana.
—¡Maldita sea! —exclamó Daryl con frustración. Se había quedado dormido todo la noche en esa habitación de hotel cuando solo tenía pensado pasar un par de horas.
Se levantó y se vistió a toda prisa. La noche de parranda y derroche de dinero le había pasado la cuenta. Ahora la resaca no se hacía esperar. Estaba ahí, martilleando en sus sienes como queriendo castigarlo por su irresponsabilidad e inconsciencia.
—¿Ya te vas, cariño? —la melosa voz de la rubia despampanante que dormía a su lado lo sacó de sus pensamientos.
—Es tarde... —respondió cortante, detestaba dormir toda la noche con sus conquistas. Ya no quedaba nada de ese Daryl complaciente y generoso de anoche.
—¿Y vas a dejarme sola aquí? —La hermosa mujer se sentó sobre la cama aún somnolienta y se cubrió el pecho con las sábanas.
¿De que valía ahora tanto pudor? Daryl ya había descubierto cada parcela de su piel. Abrió su billetera y sacó una generosa suma. Con eso debía bastar.
—Ten... —Dejó los billetes sobre la mesita y la mujer miró con creciente interés.
—Oh, no debes molestarte —respondió con fingida inocencia—. Solo lo aceptaré para no ofenderte.
Seguro, pensó Daryl con ironía y se dió media vuelta para marcharse. No acostumbraba a comportarse de esa manera con sus mujeres, pero últimamente andaba irritable. Ni siquiera él mismo entendía el motivo de su mal humor que ni él aguantaba.
—¡Llámame! —le gritó la chica antes de que se fuera. Pero él no le respondió y cerró de un portazo.
Camino a su deportivo, una extraña sensación que no había sentido antes se hacía cada vez más intensa dentro de él. La mujer con la que había dormido anoche no lo había satisfacido. Aunque ella tenía todas las cualidades que él tanto buscaba y le complacían a lo sumo. Por alguna razón, ahora se sentía insatisfecho y frustrado. Revisó sus llamadas al interior del deportivo, había un número que se repetía varias veces.
—Vincenzo... —murmuró a solas. Justamente, tenía un mensaje de voz con el mismo destinatario:
—¿Ortega, como estás? Te he llamando toda la noche, y no contestas. Seguro estás con una rubia entre los brazos, maledetto fortunato... —una sonora carcajada proveniente del aparato celular resonó al interior, el hombre de acento italiano había acertado sin querer. Daryl meneo la cabeza sonriendo con diversión— Llámame. Estaré en Nueva York por unas semanas.
Daryl bloqueo el celular y lo lanzó al asiento del copiloto con desinterés. Vincenzo era sinónimo de malas juntas y perversión, y Daryl ya no seguía ese camino. Presionó el botón de encendido de su deportivo y se marchó a su mansión.
Ya habían pasado varias semanas de aquel día del desencuentro entre Daryl y Rubí. Daryl había evitado ir por un tiempo para que su mal carácter no volviera a jugarle una mala pasada otra vez. Si quería tener los resultados que deseaba debía actuar con la cabeza fría y con inteligencia. La mirada confrontadora de Rubí aquella noche, había incitado aún más su empeño por desenmascararla. ¿Desde cuando se inmiscuia en asuntos que no le correspondían?, quiso saber su sentido común. "Es lo que cualquiera haría por un gran amigo", su arrogancia escondió el verdadero origen de su obsesión por Rubí.
En la semana fue al bar, pero no se encontró con ella. Nyo le había dicho que Rubí no acostumbraba ir al bar los días de semana. Daryl sintió curiosidad por saber el motivo, sin embargo, se abstuvo de hacer preguntas para no dejar en evidencia su creciente interés por ella. Dejó pasar varias semanas más para no levantar sospechas y se dejó caer un día sábado. A diferencia de la última vez, el bar ahora estaba repleto. Y en esta ocasión, tuvo suerte. Rubí estaba ahí, en la pista bailando para Nyo que cantaba sobre el escenario. La camiseta sin mangas y de color n***o que llevaba puesta el mulato dejaba ver de manera generosa su figura escultural. Su piel la cubría una fina capa de sudor que brillaba bajo los reflectores. Ofrecía un pequeño concierto para presentar su más reciente producción. Daryl se sentó en la barra con discreción y pidió una copa. Quería aprovechar la ocasión para observar el comportamiento de Rubí sin que ella se diera cuenta. Estaba seguro que encontraría algo que la dejaría en evidencia.
Los tacones negros de Rubí, estilizaban sus piernas fácil de apreciar en esa falda corta de cuero. Una blusa de seda manga larga y cuello de pico en tono gris perla, le aportaba la elegancia tan característica en ella, que siempre cuidaba que su vestuario no mostrara más de lo necesario. Su abundante cabellera larga y ondulada seguía suavemente los movimientos de su cuerpo. Era como un velo resguardando un misterioso tesoro que muchos anhelaban descubrir, y que el privilegio sólo lo tenía uno: el mulato sobre el escenario.
De vez en cuando Rubí miraba a su alredor, hasta que sus ojos encontraron a la persona que estaba esperando. Se acercó discretamente a él y le hizo un pequeño gesto para que el hombre la siguiera sin que nadie se diera cuenta, pero había uno camuflado observando con sospecha la escena: Daryl. La evidencia que estaba buscando para confirmar sus sospechas estaba ahí, frente a sus ojos. Rubí esperó al hombre frente a la puerta del camerino de Nyo.
—¿Qué necesita, señorita Rubí? —preguntó el hombre en cuanto llegó a su lado.
—Johnny, quiero devolverle su pañuelo.
—No es necesario, yo...
—Sí lo es —interrumpió ella inflexible. Había decidido devolverlo porque quería evitar cualquier tipo de mal entendido entre ellos. Atribuciones que quizás ese hombre, que no conocía, podía tomarse en el futuro. Rubí los mantenía a todos a raya-. No me pida que lo conserve porque me compromete. Usted sabe a lo que me refiero, ¿verdad?
Johnny asintió desilusionado. Ya estaba convencido que tenía cierta complicidad con ella y deseaba usarlo a su favor. Extendió la mano en silencio para recibir su fino pañuelo. En ese preciso instante, Daryl que había fingido ir a ver a alguien en la entrada, vió cuando Rubí le pasó algo a escondidas al hombre que la había seguido. Ya no le quedaron dudas, Rubí era una vil embustera. Ahora él estaba más dispuesto que nunca a llegar hasta las últimas consecuencias para exponerla delante de su amigo. Con rabia se devolvió a la barra y pidió otra copa para tragar el deseo imperioso que tenía de desenmascarar a Rubí delante de Nyo en ese mismo instante. Pero necesitaba más pruebas, ya sabía que Nyo no se dejaba persuadir con facilidad. Minutos después llegó Rubí a la barra y se sentó varios puesto apartada de Daryl. No se había dado cuenta que el puertorriqueño estaba en el bar observándola. Parecía un lobo acechando a su presa desde las sombras.
—¡Roberto! —Rubí llamó al bartender por su nombre. No le gustaba nombrarlo por su apodo. Daryl la miraba de reojo, y en cuanto vio que ella sonreía despreocupada le dió más coraje.
—¿Un Gin Tonic? —adivinó el Cubano.
Ella le respondió con una sonrisa, era el cóctel que acostumbraba a beber después de bailar porque le ayudaba a calmar la sed. El bartender tardó pocos minutos en preparar el pedido y se lo llevó a la chica que esperaba paciente. La voz de Nyo seguía resonando en todo el bar. Rubí bebió el primer sorbo con ganas y por el rabillo del ojo notó que a su derecha un hombre se acercaba a ella sigiloso y sin quitarle la vista de encima. Lo miró con cautela..., era Daryl con una copa en la mano. Rubí se tensó al instante y regresó su vista a su coctel. Ya no le agradaba verlo cerca de ella y prefirió ignorarlo. Solo lo saludaría si él lo hacía primero. Daryl se paró justo al lado de ella y con el ceño fruncido la miraba insistente. Rubí percibió la vibra negativa del puertorriqueño y no quiso enfrentarlo. Se mantuvo impasible frente a su copa. Pero Daryl estaba sobrepasado por sus emociones, realmente le costaba trabajo contenerse. Ambos eran dos puntos opuestos.
—Conozco a las mujeres como tú —soltó Daryl destilando veneno.
Rubí se congeló en su asiento ante la voz fría y acusatoria de Daryl. Se dió cuenta de que no podría evitar un enfrentamiento verbal entre ellos. Ese hombre la tenía entre ceja y ceja, pero, ¿por qué? Lo miró directo a los ojos sin amedrentarse.
—¿Ah sí? —respondió sarcástica—. ¿Y cómo son las mujeres como yo?
—Arribistas. Que seducen a los hombres para luego quitarle todo lo que tienen sin mover un solo dedo para trabajar. Son como verdaderas sanguijuelas.
La batalla entre fuertes acababa de comenzar. Rubí apretó su copa y lo miró en silencio tragándose su rabia. Estaba a punto de aventarle el cóctel en la cara, se lo merecía por patán. Pero prefirió responder con inteligencia jugando con sus mismas armas.
—¿Con qué clase de mujeres acostumbras relacionarte que estás tan frustrado? —respondió con tranquilidad. Los ojos de Daryl lanzaban chispas—. ¿Sabías que para un animal herido todas las manos son una amenaza?
En realidad Rubí quería decir perro en alusión a los canes que cuando están lastimados muerden la mano que acude a su auxilio, pero pensó que sonaría demasiado brusco para un hombre como Daryl de espíritu fácilmente exitable.
—Yo no soy ningún frustrado, y no me salgas con jueguitos de palabras incomprensibles. —escupió confundido.
Rubí reprimió una sonrisa al ver que su oponente estaba aturdido sin siquiera darle ningún golpe. Que fácil era para ella herir la susceptibilidad masculina. No necesitaba emplear la fuerza. Rubí volvió la vista al frente ignorándolo a propósito. No valía la pena discutir con tipos como él. Daryl perdió los estribos ante ese gesto despreciativo de la chica.
—Escúchame bien... — amenazó desafiante y la tomó del brazo para que dejara de ignorarlo.
Craso error...
—¡No te atrevas a tocarme! —dijo furiosa levantándose de la silla y le arrebató su brazo de un solo movimiento. Ese brusco gesto repentino, poco habitual en ella, llamó la atención del Cubano que atendía a unos clientes unos metros más allá y algunos de los presentes. Daryl ni se inmutó, pero no pasó desapercibido a sus sentidos el intenso aroma a rosas que desprendió Rubí al levantarse.
—A mí no me engañas como lo haces con Nyo —declaró con voz severa acercando su rostro al de ella para intimidarla. La batalla aún no terminaba y ninguno de los dos bajaba la mirada—. Te estaré vigilando, y en cuanto cometas el primer error, no dudaré en delatarte. No permitiré que te sigas burlando de mi bro.
Los dos respiraban agitados por la rabia y la adrenalina de la confrontación. Ninguno cedía, y no se dieron cuenta que esa simple cercanía entre ellos comenzaba hacer un silencioso efecto. Por el momento estaban muy ocupados odiándose.
—Te aconsejo que esperes sentado —contraatacó ella—, y que con todo ese dinero con el que acostumbras a fanfarronear...
—Sí, lo tengo, y mucho —intervino arrogante y su aliento mezclado con el vodka chocó suavemente en el rostro de Rubí.
—Pues con ese dinero, ve y cómprate algo interesante que hacer con tu vida, porque tendrás que esperar durante un largo tiempo.
Rubí lo miraba desafiante y sin la más mínima señal de temor. ¿Es que acaso no le tenía miedo? Se veía tan segura de sí misma que por un momento Daryl dudó de sus sospechas y no supo que responder. Ella parecía una mujer fuerte, inteligente y de carácter, algo nuevo para él. Tuvo el presentimiento que no sería fácil lograr su propósito.
—Oye tú, bofe —intervino el cubano con su acento característico para defender a Rubí-. ¿Amaneciste con el moño virao? Deja de dar muela y cierra esa bocota tuya po-que el jefe no pe-mite que nadie le hable a su chica del modo en que tú lo estás haciendo. O te bebes tu trago en silencio, o te la-gas de mi barra.
Daryl no se había percatado que el bartender ya se había dado cuenta de su discusión con Rubí. No deseaba llamar la atención y prefirió no responder. Se tomó su vodka al seco y dejó el vaso sobre la barra de un golpe. Los ojos se le habían oscurecido y sus cejas se curvaban en un ángulo casi doloroso. Era increíble que Rubí no se haya sentido amedrentada ante esa terrible mirada que producía escalofrios y una fría corriente en la espalda. Daryl salió del bar a grandes zancadas.
Rubí le dió un vistazo a Nyo quién ya estaba en la última canción. Estaba tan concentrado complaciendo a a su público, que era totalmente ajeno a lo que acababa de ocurrir. La mujer se sentó lentamente en el taburete otra vez.
—¿Estás bien, chica? —El Cubano la miraba preocupado. Se había dado cuenta de la rudeza en el trato de Daryl.
Rubí asintió en silencio, todavía estaba tragándose la impotencia y el deseo de llorar.
—Este mundo es muy ru'o pa' ti, deberías buscar otro rumbo —insistió el bartender con mirada compasiva.
Rubí suspiró rendida, y alzó la vista para mirarlo de frente.
—No te preocupes por mí, Roberto. Estoy bien, en serio. Por favor, no le cuentes a Nyo.
—Eso me parece una idea mu' mala, chica. Tú sa-es muy bien que es Nyo quien te protege de prepotentes como ese.
—Sí, Roberto, pero esta vez es diferente. Daryl es su mejor amigo y no quiero estar entre medio de esos dos, ¿te imaginas a Nyo y a Daryl enfrentados?
—¡Dios me libre! Bueno, como tú quieras. Eso sí, cuida'o ahí. Estoy seguro que ese voverá po'más.
El Cubano regresó a su trabajo y Rubí se quedó bebiendo de su copa meditando en lo sucedido. No podía sacarse de la cabeza la agresividad y el odio con el que la miró Daryl. Estaba afectada, pero era lo suficientemente fuerte como para no llorar. Aunque no le faltaban ganas. ¿Por qué Daryl la odiaba tanto? ¿Siempre era así de impulsivo? Lo que sí tenía claro, era que no se dejaría amendrentar por un sujeto que no tenía idea de quien era ella en realidad.
—¿Por qué no estabas en la pista bailando para mí?
Rubí dió un gritito de sorpresa y se sobresaltó en su silla al sentir los brazos de Nyo redearla y el aliento de su boca sobre su cuello al hablar. Estaba tan abstraída en sí misma que no sintió la llegada de su chico.
Nyo la miró con curiosidad, ella no se asustaba fácilmente.
—Nyo, me asustaste... —respondió con suavidad. Sus palabras eran tan dulces que derretirán el corazón más endurecido. Excepto el de un puertorriqueño furioso-. Estaba un poco cansada...
Nyo estaba fascinando besando su cuello perfumado de rosas. En esta ocasión, olía mejor que nunca. El perfume se había mezclado con el ph natural que desprendía su cuerpo. El enfrentamiento con Daryl la había echo sudar.
—Mhmm... —exclamó Nyo con satisfacción—. Últimamente te has sentido cansada con demasiada frecuencia... —Continuó besando su cuello obligándola a ladear un poco la cabeza para poder besarla mejor—. Parece que tendremos que repetir nuestro escape a las Bahamas, ¿Qué dices, nena?
Rubí soltó un suspiro casi inaudible de placer. Nyo y Bahamas combinaban a la perfección. Él percibió la reacción placentera de Rubí y la miró a los ojos complacido.
—Me encantaría, pero debo decirte que acabas de mojar mi blusa con tu sudor.
El moreno sonrió divertido y los ojos le brillaron con malicia. A esas alturas Nyo había conseguido relajar el cuerpo tenso de Rubí sin siquiera proponérselo.
—Eso podemos arreglarlo en mi camerino...
—O en el departamento...
—No puedo irme temprano esta noche, nena —Nyo se enderezó y le ofreció la mano a Rubí para ir juntos al camerino—. ¡Ey, Cubano...! Que nadie me moleste.
—¡Entendido, jefe!
...
Daryl subió a su vehículo y en cuanto cerró la puerta soltó todo el aire que venía conteniendo. Su corazón estaba latiendo a mil y se echó hacia atrás dejando caer la cabeza en el asiento y cerró los ojos para encontrar el sosiego a su agitación. ¿Desde cuándo se comportaba así?, quiso saber. Siempre había sido un hombre impulsivo, pero últimamente andaba con las emociones a flor de piel. Todo lo irritaba, sobre todo si estaba involucrada esa mujer, perdía completamente la razón cuando se trataba de ella. Levantó la cabeza y se agarró a su volante para regresar a casa, pero seguía respirando coraje. Su enfrentamiento con Rubí lo había desestabilizado, y era la primera vez que le sucedía una cosa así. Pensó en desistir, no sería sencillo desenmascararla. Esa mujer era dura e impenetrable. Parecía que nada la afectaba, ni siquiera se sintió intimidada ante su actuar agresivo y frontal. Además que le importaba a él los asuntos personales de su amigo. Nyo ya estaba bastante grandesito para cuidarse las espaldas y el bolsillo él solo. Pero la frase "derrotado por una mujer" no formaba parte del vocabulario Ortega.
—¿No te dejarás intimidar por una mujer? -se preguntó a sí mismo. Hasta ahora ninguna de sus tácticas había funcionado, pero estaba seguro que pronto se le ocurriría algo, no por nada le llamaban el lobo solitario.
...
El baño del camerino estaba equipado con ducha y un pequeño closet para que Nyo pudiera asearse y cambiar de vestuario después de una noche intensa como esa. Al entrar, Rubí caminó en la dirección opuesta al baño para esperar a Nyo en los sofás. La mano del moreno se enredó en su muñeca y no le permitió avanzar.
—Ven conmigo al baño. —La aferró a su pecho deseoso.
—Nyo, voy arruinar mi maquillaje. Sabes que no me agrada maquillarme y tardo mucho tiempo en hacerlo.
—¡Que importa! Regresas al departamento así.
—Pero pueden verme... —advirtió suavemente.
Nyo ignoró sus palabras y alargó la mano para cerrar la puerta con seguro. No estaba dispuesto a aceptar un no por respuesta esta vez. La miró en silencio, con los ojos cargados de deseo. Él ya había dado el primer paso ahora esperaba que ella aceptara la invitación. Había algo oprimiendo el pecho de Rubí. El enfrentamiento con Daryl seguía causando ese incómodo malestar dentro de ella. Nunca le había importado la opinión de los demás, pero los ojos acusadores de Daryl, el odio que sintió a través de su mirada y de sus palabras resonaban en su cabeza. Le estaba costando trabajo ignorarlo y se dejó llevar por las manos del moreno al baño y a intensas oleadas de placer bajo el chorro tibio de la ducha. Todo el malestar que estaba sintiendo se fue por el desagüe.
Rubí estaba luchando con el delineado frente al espejo, siempre le costaba dejar ambos ojos parejos. Sin embargo, se sentía de un estupendo humor, estaba radiante gracias al encuentro con su chico.
—Me pareció ver a Daryl hace un momento en el bar... —preguntó Nyo que estaba al lado de ella terminando de aplicar la crema hidratante en su rostro. Rubí hizo una pausa y lo miró por el espejo disimulando la tensión instantánea que sentía al escuchar ese nombre.
—Sí, estuvo bebiendo en la barra. Me preguntó a que hora terminabas y luego se fue sin decir nada más... —Respiró profundo y continuó maquillándose los ojos. Debía disimular a toda costa. Bajo ningún punto de vista sería ella quien iniciaría una guerra de proporciones monumentales entre dos hombres dominantes y explosivos. A pesar de que tenía las pruebas en su poder, sólo bastaba con que Nyo revisara las cámaras de seguridad para comprobar sus acusaciones contra su mejor amigo. Daryl estaba en sus manos. Si hubiera sido una mujer vengativa o rencorosa tal vez lo hubiera hecho sin pensarlo dos veces. Pero Daryl ni siquiera se merecía su rencor. Era demasiada energía malgastada en alguien como él. Además, Rubí sabía hasta donde podía llegar Nyo con tal de defenderla. Lo mejor para todos era callar.
—Justo necesitaba hablar con él. Lo llamaré más tarde. —Nyo terminó de aplicarse su perfume y se puso su sombrero trilby que estaba sobre el tocador—. Te espero afuera.
—Está bien... —respondió ella y en cuanto Nyo salió del camerino tiró el delineador sobre el tocador. Se miró al espejo y suspiró con frustración. Daryl había llegado para amargarle la existencia, y lo peor de todo, es que no podía deshacerse de él. Debía resignarse a la idea de que ahora en adelante lo vería seguido y tendría que dismular el deseo de agarrarlo por el cuello para callar esa boca insolente y atrevida que poseía.

—¡Ey, bro! ¿Por qué te fuiste anoche del bar? —Nyo había esperando el momento oportuno para llamar a Daryl y hablar a solas con él.
—Ey, bro. Tuve un imprevisto.
—Ok. Escucha, ¿tienes tiempo ahora mismo? Necesito hablar contigo de algo importante.
—En este momento no, estoy fuera de Nueva york, pero puedo pasar en la noche por el bar, ¿que necesitas? —Daryl se preguntaba si Rubí se había atrevido a meter cucarachas en la cabeza de Nyo, algo típico de mujeres como ella. Más le valía a esa mujer mantener la linda boquita cerrada o no tendría contemplación alguna con ella.
—No, prefiero que sea a solas. ¿Puedes venir mañana temprano a mi departamento? Estaré solo.
—¿Mañana...? Sí, mañana si puedo. ¿Sigues en el West?
—Sí, piso 60B.
—Estaré ahí temprano.
Ambos amigos se despidieron. Daryl se quedó ansioso por saber de que quería hablar Nyo de manera tan urgente y privada. ¿Acaso esa mujer, realmente se había atrevido a contarle a Nyo el enfrentamiento entre ellos? Le preocupaba un poco porque no tenía pruebas para acusarla, y de ser así, el perjudicado terminaría siendo él. A la mañana siguiente se levantó temprano y se fue al departamento de Nyo sin siquiera desayunar.
-----------------------------
Bofe: pesado
Moño virao: mal humor.
Dar muela: hablar mucho.
-----------------------------