El ascensor se detuvo en el piso 60 del lujoso rascacielos ubicado en la punta sur de la isla de Manhattan. El 50 West era una torre de cristal curvo de piso a techo y le concedía vista panorámica continuada a todas las habitaciones. Desde las alturas se podía apreciar la magnífica vista a toda la bahía de Nueva York, los ríos Hudson y East, y la Estatua de la Libertad. Por las noches el espectáculo se llenaba de miles de luces que irradiaba la ciudad.
Al ingresar al penthouse, Rubí no alcanzó a llegar a la cocina donde se dirigían sus pasos. Nyo, impaciente por tenerla, la tomó de los muslos y la subió a sus caderas para besarla contra la pared. Era un amante impetuoso, y con Rubí era como un vehículo deportivo: alcanzaba altas velocidades en pocos segundos. La llevó con facilidad por el pasillo a la derecha que conducía a una de las habitaciones que Nyo había acondicionado como estudio. Luego, dobló a la izquierda pasando por el baño con sauna llegó hasta la habitación principal de cristal curvo. Poco importaba la gran vista en ese momento. Nyo se dedicó a besarla de pies a cabeza infatigable. Era adictiva y placentera. Los dos seres se unieron entrelazando sus cuerpos como uno solo. El contraste de sus pieles, totalmente opuestos, era alucinante. Una osadía contra los prejuicios sociales y culturales. A ninguno le importaba el que dirán de la gente y disfrutaron uno del otro sin remordimientos hasta saciar sus deseos.
—Mañana debo viajar a Las Bahamas. —Nyo acariciaba la espalda de su chica en la quietud de la noche.
—Negocios, supongo —respondió ella un poco adormilada.
—Sí, y estaba pensando que podrías acompañarme aprovechando que es fin de semana. ¿Qué te parecen dos días en una playa paradisíaca?
Rubí alzó la vista sorprendida. Muy pocas veces tenían la oportunidad de viajar juntos. Nyo siempre se mantenía ocupado con el bar, la producción se sus discos y sus negocios.
—¿Y el bar?
—El Cubano podrá hacerse cargo por esta vez. Mañana nos levantamos temprano, arreglas tus cosas y desayunamos en el hotel.
—Me encanta la idea. —Rubí se giró sobre su espalda y tomó a su chico por el cuello para poder besarlo como muestra de gratitud—. Entonces será mejor que vaya a descansar.
—Ok, nena.
Rubí se levantó de la cama y recolectó su ropa esparcida por todas partes bajo la mirada divertida de su guapo moreno. Le lanzó un beso desde la puerta y se fue a su habitación al lado opuesto del penthouse. Una de las reglas de Nyo era que nadie dormía en su cama. No deseaba involucrase tan íntimamente con nadie todavía. A Rubí no le molestaba, ella también disfrutaba de su privacidad y era tan celosa de ella como Nyo. La chica pasó por la cocina por una botella de agua tónica y se fue a su cuarto que estaba al lado de la inmensa sala de estar; ese espacio del departamento también tenía vidrio curvo y la experiencia visual era en un ángulo de 90°.
A la mañana siguiente volaron hasta Nasaú, capital de Las Bahamas. Desde el avión, Rubí contempló extasiada el maravilloso espectáculo de la naturaleza que se imponía ante ella con esplendor. Numerosas islas rodeadas de un inteso color turquesa de aguas marinas, y nubes que parecían juguetear con ellas. Jamás en su vida había visto tanta belleza en un solo lugar. Era un verdadero paraíso terrenal. El resort, donde se hospedaron, contaba con piscinas climatizadas frente al mar. Algunas de ellas tenían pequeñas cascadas en forma de rocas marrones. Habían palmeras y jardines con variadas flores exóticas que le daban al aire un exquisito aroma floral. Las personas chapoteaban alegres en las piscinas o disfrutaban de un jugo natural en reposeras repartidas por todo el lugar. Otros disfrutaban de la arena blanca y las aguas cristalinas en tono verde esmeralda unos pocos metros más allá. La pareja desayunó en la terraza del hotel disfrutando del bello paisaje y de una amena conversación. Fruta de la región, jugos naturales, jamón, huevos y pan de semillas eran unas de las delicias que allí se servían. Nyo la miraba complacido, en sus ojos podía ver esa capacidad de asombro que poseen los niños. Descansaron durante toda la mañana. Se habían levantado de madrugada y la intensa noche de pasión que compartieron juntos los tenía agotados a los dos. Luego, almorzaron comida local en unos de los siete restaurantes de comida local e internacional que poseía el hotel resort: langosta con ensalada bahamiana de papaya y vino blanco. La tarde la pasaron a las orillas del océano, bajo las sombrillas de paja bebiendo Switcha helada: una refrescante bebida de sabor cítrico. Para Rubí era sublimemente placentero cambiar el bullicio interminable de Nueva York por el dulce y suave sonido del oleaje.
—Vamos al agua —le pidió Nyo extendiendo la mano hacia ella. Rubí lo miró indecisa—. ¿Te irás de Las Bahamas sin probar las aguas más cristalinas del mundo?
—Está bien —le respondió con una sonrisa insegura. No se sentía cómoda en un espacio rodeado de agua.
—Estás conmigo, no dejaré que nada te pase.
Nyo la llevó de la mano y Rubí no se arrepintió. El agua era increíblemente cálida y transparente. De poca profundidad y oleaje. Pronto se sintió segura y disfrutó relajada de las generosas sensaciones que le aportaba el paisaje natural. Era indescriptible lo que allí se podía sentir: paz, quietud, aire puro y brisa fresca, combinaban perfecto con las caricias del agua sobre su piel y los besos húmedos que dejaba Nyo sobre su hombro desnudo quien la abrazaba desde atrás.
—Que bien se siente estar aquí contigo... —le dijo a su chica con tono sensual. El cuerpo en bikini de Rubí, era el estímulo suficiente para él —, lástima que hay más personas presentes o ya te hubiera tomado aquí mismo.
Rubí se dió la vuelta para responder mirándolo a los ojos.
—¿No te bastó con todo lo que hicimos anoche?
—No. Nunca obtengo suficiente de ti. Siempre deseo más... —La besó en la boca deseoso y añadió—: y más... y más.
De un momento a otro el oleaje aumentó su intensidad y Rubí se asustó.
—¡Nyo! —exclamó alarmada aferrándose al cuello de su chico. Él la alzó enseguida para tomarla en sus brazos y volviera a sentirse segura junto a él.
—Tranquila, no pasa nada.
Los brazos fuertes del mulato la sostenían sin esfuerzo. Y su pecho tonificado le entregaban la protección que ella estaba necesitando en ese momento. Lo miró a los ojos y le sonrió un poco avergonzada. No podía evitarlo. Nyo no le reprochó nada, y se dedicó a besarla una vez más.
Por la noche, después de la cena, se reunieron en el bar con un hombre de aspecto afro como Nyo. Se sentaron en una de las mesas, pidieron unos tragos y hablaron de trivialidades por varios minutos. Pronto, Nyo quiso hablar de negocios y le lanzó una mirada significativa a Rubí: era la señal. Ella la reconocía enseguida. Cada vez que Nyo quería hacer negocios le lanzaba esa mirada para que ella no estuviera presente.
—Lo siento —dijo ella y se puso tranquilamente de pie—, estoy cansada me retiraré a la habitación.
—Adelante, por favor —le respondió el hombre frente a ella.
—Ha sido un placer conocerle. —Le extendió la mano para despedirse cortés y miró a Nyo—: te espero arriba.
Nyo le guiñó un ojo con orgullo en respuesta. Rubí sabía tan bien como comportarse en cada situación. Era la cualidad que más apreciaba de ella. Quizás parecía autoritario a los ojos de los demás, pero esta acción de Nyo con Rubí estaba lejos de ser un comportamiento machista. Al contrario, lo hacía para protegerla. No quería involucrar a Rubí en ninguno de sus "negocios" para no perjudicarla si alguna vez la policía descubría su mal proceder. Entre menos supiera Rubí de sus asuntos más seguro era para ella.
Rubí no tenía deseos de regresar a su cuarto. La noche recién comenzaba y el ambiente a su alrededor estaba cargado de una energía contagiosa. Decidió recorrer los alrededores y contemplar los espectáculos artísticos que ofrecían los nativos de r**a negra. A Rubí siempre le impresionaba las increíbles capacidades de esa e***a. Es que no había nada que no pudieran hacer. El talento lo traían incorporado desde su nacimiento.
Una mulata de piernas largas y muslos firmes ofrecía su espectáculo al público. Llevaba en las manos dos especies de candelabros con fuego en las puntas los que hacía girar con destreza mientras bailaba al son de los tambores con un coqueto vestido rojo. Luego fue el turno de su compañero. Era un mulato impresionante de casi dos metros de alto, con cuerpo atlético y contorneado por donde se le mirara. Vestía solamente un pantalón rojo que le llegaba a los tobillos y llevaba una lanza con fuego en los extremos. Todo en él era digno de ser admirado y contemplado: desde su cabeza semi rapada con un rostro enmarcado por una espesa barba hasta la punta de sus pies descalzos. Su baile, al son del ritmo caribeño, parecía una danza de guerra. Su presencia era imponente, y cada uno de sus movimiento desafiantes e intimidantes. Cuando alzaba los brazos con la lanza entre las manos dejaba sin aliento. Su torso se volvía mucho más amplio gracias a lo desarrollado de sus musculos dorsales. Derroche de testosterona y masculinidad. Su presentación terminó con demasiada rapidez, o eso le pareció a ella y pronto salió a escena un nuevo bailarín un poco más delgado y pequeño que el anterior. Rubí perdió el interés, el exuberante mulato de la lanza ardiente había dejado la vara alta. Cerca de ahí, vió un observatorio con forma de torre y decidió subir para contemplar el paisaje nocturno desde arriba. Se apoyó en la barandilla y se quedó mirando a lo lejos con nostalgia.
—Es una noche alegre como para estar tan solitaria —declaró la voz ronca a su costado.
Sorprendida, Rubí se giró para mirar al extraño que se dirigía a ella. Era un rubio de ojos celestes de unos treinta y tantos, quizás menos, pero la barba un tanto descuidada le jugaba en contra. Ella solamente sonrió y decidió no responder para no darle lugar a que siguiera interactuando con ella.
—¿Has venido sola a este lugar? —insistió.
Rubí lo estudió con precaución. Nunca se sabía que clase de persona se escondía detrás de un gesto de amabilidad y simpatía. Sobre todo si el personaje era bastante atractivo, esos eran los más peligrosos.
—No —le respondió al fin—, vine con mi pareja.
—¿El afroamericano del bar? Pues, no debió dejarte sola para hablar con su amigo.
Ok, esa era una señal de alarma pensó ella. La estaba vigilando. Un sutil brillo malicioso e inquisitivo atravesó los ojos del hombre y que no pasó desapercibido para ella. Se preguntó si su interés estaba en ella realmente o su objetivo era Nyo. Lo miró con reserva y decidida a marcharse.
—Lo siento, te estoy asustando. No soy un pervertido que acecha mujeres solitarias por si es eso lo que estás pensando.
—¿Entonces...? —respondió ella poco convencida.
—Te vi cuando llegaste al bar y me dejaste totalmente cautivado. Lamentablemente, no estabas sola y te observé de lejos y...
—Perdóname... —lo interrumpió—: pero eso suena a hombre pervertido que acecha mujeres solitarias.
El hombre soltó una carcajada sincera y divertida. Sin duda que la mujer que estaba frente a él no era una común y corriente.
—Tienes razón. En mi defensa puedo decir que cuando te vi salir sola tuve una pequeña esperanza y pensé que quizás podría conocerte. También soy estadounidense. —Extendió la mano con osadía para estrecharla con la de ella—. George Müller, un placer.
Rubí dudó. Era un completo extraño para ella, y jamás se fiaba de extraños.
—¿Cómo sabes que soy estadounidense?
—Por tu acento...
Rubí lo seguía observando con desconfianza.
—Te prometo bajo este hermoso cielo estrellado y paisaje paradisíaco que no soy un sicópata. Un sicópata jamás te abordaría delante de una multitud dejándose en evidencia..., si quieres te muestro mi identificación... —dijo metiendo la mano en uno de sus bolsillos.
—No hace falta, George. —Lo detuvo con un gesto de la mano—. Te creo. Me llamo Rubí. —Extendió la mano para responder el saludo que había sido ignorado al principio. Él se la estrechó mirándola fijamente a los ojos. Aparentemente parecía sincero. Sin embargo, ella no se fiaba.
—¿Rubí...? —inquirió con el deseo de saber su apellido.
—Sólo Rubí.
—Está bien "sólo Rubí" ¿Siempre vienes a Las Bahamas?
—No, es la primera vez ¿Y tú?
Rubí apoyó los codos en la barandilla para seguir disfrutando de la brisa marina y el dulce aroma de las flores y George la imitó.
—Vengo cada vez que puedo. Para poder escapar del caos asfixiante de la ciudad.
Ella le respondió con una sonrisa y asintió con la cabeza.
—Disculpa mi atrevimiento, pero, ¿Por qué no estás con tu pareja? ¿Tuviste algún problema con él? Cuenta conmigo si necesitas ayuda.
Ella lo miró alzando una ceja.
—Sin malas intenciones —se excusó—. Sólo es ayuda entre compatriotas.
—Eres muy amable, George. Pero no es nada de eso. —Guardó silencio un momento buscando las palabras adecuadas para responder. El rubio la observaba expectante—. A veces los hombres necesitan su espacio para hablar en privado con sus amigos. Ya sabes, donde puedan maldecir y eructar como cantineros. Cosas que no harían frente a una mujer.
Sonrió gratamente sorpendido. Sin duda esa chica no era una mujer común.
—Ese hombre tiene mucha suerte. Cuesta encontrar mujeres tan comprensivas como tú.
Ella volvió a sonreír y se enderezó con la intención de marcharse. No le gustaba para nada tantas preguntas.
—¿De que parte de Estados Unidos eres, George?
—De Miami —mintió.
—Yo de Los Angeles —ella también mintió—. Espero que nos volvamos a ver. Ha sido un gusto conocerte. —Extendió la mano para despedirse, y bajó las escaleras para volver a la habitación.
El hombre la siguió con la mirada hasta que desapareció y a lo lejos divisó a su ayudante que venía directo a él: Kevin.
—Jefe, O'brien, ¿Por qué se puso en evidencia delante de ella? —le preguntó apenas llegó a su lado.
—Sé que fue arriesgado, pero necesito información más concreta, y saber hasta que punto ella está involucrada en todo esto. ¿Sabes si realmente subió a su cuarto?
—Sí, la vi cuando tomó el ascensor. Bueno, ¿Pudo averiguar algo?
—No, ella es diferente a las demás mujeres que ha tenido Nyo. Y tampoco parece una mujer interesada, no picó ninguno de los anzuelos que le lancé. Es bastante astuta, debo decir, sabe muy bien que decir y como comportarse para no levantar sospechas.
—¿Crees que esté involucrada?
—Es difícil saberlo en una conversación tan breve, pero no lo creo. Nyo siempre la mantiene al margen y esta vez no ha sido la excepción. De todas maneras la estaremos vigilando.
Al día siguiente la pareja se levantó temprano para poder disfrutar al máximo de su último día. Visitaron el acuario marino al aire libre donde pudieron explorar la abundante fauna marina a través de túneles transparentes y cuevas con vidrios donde especies diversas nadaban libremente: peces de colores, manta rayas, tiburones, caballitos de mar, y morenas eran algunas de las miles de especies que se podían observar en su propio habitat. Tomaron su vuelo de regreso a Nueva York después del almuerzo. Las cortas e inolvidables vacaciones habían terminado. Era hora de volver a la rutina.
Rubí no había encontrado la oportunidad de hablar con Nyo respecto a sus temores. Lo esperó durante la noche anterior en la habitación del hotel, pero el sueño la venció. Era un tema difícil de abordar con su chico que no aceptaba ningún tipo de intromisiones en sus asuntos privados. Aún así, se decidió a hablar a bordo del Cadillac que los conducía a su destino final aprovechando los pocos momentos de privacidad que podían disfrutar juntos.
—Nyo, ¿Conoces a un tal George Müller? —decidió abordar el tema de una manera casual para no generar la molestia inmediata que se generaba en Nyo cada vez que se hablaba de sus asuntos.
—¿George Müller? —respondió con una pregunta.
—Sí, alto, rubio, de ojos celeste y desaliñado.
Nyo lo pensó por un momento. Conocía tanta gente que no estaba seguro si lo conocía o no.
—No, su nombre no me suena para nada, ¿Por qué? ¿Qué pasa con él?
—Bueno, cuando estábamos en las Bahamas, y tú estabas hablando con tu amigo, yo decidí dar un paseo por los alrededores y se acercó a hablar conmigo.
—¿Por qué me lo dices hasta ahora, Rubí? —protestó con molestia—. ¿Te estuvo molestando?
—No, Nyo. No es eso lo que quiero decir... —le advirtió y lo miró con precaución. Nyo frunció el ceño receloso, y hizo un gesto con la mano para que continuara hablando—. Me pareció que nos estaba vigilando...
—¿Por qué piensas eso?
—Porque nos vió cuando estabamos en el bar y me siguió cuando salí. Sentí que estaba especialmente interesado en que tipo de relación teníamos tú y yo.
—¿Y qué con eso? Lo más probable es que estaba interesado en ti...
—O en ti..., Nyo, ¿seguro que tomas los resguardos nece...
—Rubí... —la voz fría de Nyo era una clara advertencia para que no continuara en esa dirección.
—Nyo, no tengo intenciones de inmiscuirme en tus asuntos, solo quiero que tengas más cuidado con las personas que están a tu alrededor. —Lo miró con la esperanza de recibir alguna respuesta positiva de su parte..., ¡Nada! Nyo había decidido zanjar el tema entre ellos sin siquiera responder.
Rubí se dió por vencida, y continuaron su trayecto en completo silencio.

—¿Cómo te fue en Las Bahamas? —Daryl bebía su scoflaw sentado junto al mini bar en el camerino de Nyo.
—¡Excelente! —exclamó animado el moreno que apoyaba los codos en la esquina de la pequeña barra. Estaba de pie con un vaso de coñac en las manos—. Fue un viaje provechoso y lucrativo. Y por sobre todo placentero —declaró con cierto tono lujorioso—. Hice buenos negocios y disfruté de las bondades de la playa paradisíaca. —Bebió un sorbo sonriendo con satisfacción.
—¿Fuiste solo? —Daryl lanzó la pregunta con cierto interés.
—No. Fui con mi chica.
—¿La involucras en tus negocios? —preguntó atónito. Eso era algo que ninguno de los dos había hecho jamás.
—Por supuesto que no —respondió con obviedad.
—Deberías tener cuidado. Mujeres y negocios no combinan, Nyo.
—Bro, eso lo sé perfectamente. Conozco a mi chica, Rubí es una mujer que se sabe comportar. Además, pude disfrutar de ella dos días sin interrupciones, es realmente exquisita.
Una mezcla de celos y deseo se retorció en las entrañas de Daryl. Por supuesto que el prefirió ignorarlo. En ese momento se abrió la puerta y apareció la mujer del momento. Ambos la miraron al mismo tiempo.
—Oh... no sabía que estabas ocupado. Vuelvo más tarde.
—No, nena. Ven aquí —la llamó con entusiasmo. Estaba feliz de verla otra vez—. Sólo estoy con mi bro.
Rubí cerró la puerta y fue hasta Nyo para saludarlo con un beso. Él no resistió la tentación de rodearla por la cintura de manera posesiva. El vestido cruzado con brillos y que acentuaba su figura le quedaba de maravilla. Y a ninguno de los dos le importaba la presencia de otras personas cuando deseaban expresar sus sentimientos. Daryl carraspeó incómodo para recordarles que él seguía presente.
—Hola —saludó Rubí cuando su chico la soltó de mala gana.
Daryl le respondió el saludo alzando levemente su sombrero su presencia no era grata para él. La chica dirigió sus pasos hasta uno de los sofás para dejar su bolso como era su costumbre. En ese momento unos golpes resonaron en la puerta.
—¡Adelante! —exclamó Nyo.
—Jefe, llegó el pedido de wiskey.
—Estupendo. Voy de inmediato.
Revisar los pedidos era una tarea que no le correspondía a Nyo, pero había tenido problemas la última vez y prefirió revisarlo personalmente esta vez.
—Vuelvo enseguida, bro.
—Adelante, te espero.
En cuanto Nyo salió, la habitación quedó sumida en un profundo silencio. Daryl le daba la espalda a Rubí y no hizo ningún esfuerzo por iniciar una conversación. Rubí estaba interesada en saber un poco más de la tierra natal de Daryl y decidió aprovechar la ocasión. Se acercó hasta el mini bar y mientras tomaba una botella de agua tónica le preguntó:
—¿De qué parte de Puerto Rico eres? —Lo observó en silencio esperando su respuesta.
Daryl la ignoró, y se bebió su copa de un solo trago. Se levantó de la silla y la miró con frialdad.
—Disculpa. Esperaré a Nyo afuera. —Y salió del camerino sin decir ni una sola palabra ante la mirada confundida de Rubí.
¿Qué fue eso?, se preguntó. Era la segunda vez que tenía ese tipo de comportamiento con ella. ¿De verdad le tenía aversión?
—Que tipo tan extraño —se dijo a sí misma. No lograba comprender el motivo de su antipatía.
No era la primera vez que recibía un trato hostil. Lo que a ella le sorprendía era que venía de parte de un hombre. Normalmente eran las mujeres quienes tenían ese tipo de comportamiento con ella. Tampoco era algo que le importara, Daryl era un completo extraño para ella y pronto ya estaba de nuevo en la pista de baile disfrutando de la buena música. Se movía al ritmo de Blinding Lights de The Weeknd. Le encantaba la música de ese artista, y esa canción en especial, estaba cargada de una energía contagiosa. De pronto, escuchó su nombre a lo lejos, giró su rostro para ver... Era Nyo haciendo señas para avisarle que la estaría esperando en el lugar de siempre. Le lanzó un beso con la mano y siguió disfrutando de la música. Lo hacía con total libertad porque sabía que su chico estaba ahí para protegerla. Terminó sedienta y se fue a la mesa donde la esperaba Nyo para descansar y beber algo refrescante. A los pocos metros se dió cuenta que Daryl seguía en el bar. Hizo una discreta mueca de disgusto y se sentó al lado del moreno. Nyo ya había pedido su trago preferido y no dudó ni un segundo en beber un buen trago de el y lo dejó sobre la mesita otra vez. Daryl la ignoraba completamente. Mejor para ella, así no tendría que fingir una tonta sonrisa para no ofender a Nyo.
—Ya sabes a lo que me refiero —continuó hablando Nyo—, una mujer que te haga compañía... —Miró a su chica y pasó su brazo por sus hombros para atraerla junto a él.
Daryl sonrió con arrogancia, y bebió un trago antes de responder a la absurda idea de su amigo de que a él le hacía falta una mujer. No le cabía duda que Rubí lo tenía completamente engatusado. Nyo jamás había sido de relaciones estables.
—Eso no va conmigo... —respondió arrogante.
—¿Sigues empeñado en ser un lobo solitario? —Nyo apoyó la izquierda sobre su muslo liberando a Rubí de su abrazo que se había inclinado para tomar su cóctel otra vez, seguía sedienta y pensó que mejor hubiera sido pedir una botella de agua tónica con limón.
Daryl asintió lentamente. Vió la oportunidad de dejar a Rubí en evidencia de manera sutil y sarcástica; su método favorito y en la que poseía gran habilidad. Esa mujer no tenía idea de quien tenía en frente, le había llegado la hora de terminar con su farsa.
—Ya sabes, Nyo, Cuando eres un hombre que posee tantos bienes y lujos como yo, es fácil atraer la atención incorrecta. —Miró a Rubí por una milésima de segundo para captar si se despertaba su interés o no.
"Arrogante", pensó ella que no escogía a cualquiera por compañero y se tragó un gesto burlón bebiendo de su martini de granada. Los tipos como Daryl no estaban en su lista de guapos e inteligentes.
Él continuó a la carga:
—Hay muchas mujeres arribistas. Yo prefiero mantenerlas a raya. Sé muy bien como identificarlas —declaró mordaz, y en el mismo instante clavó sus ojos feroces en Rubí. A ella se le congeló la sangre. Su mirada era fríamente acusatoria.
"Así que era eso", se dijo a sí misma. Ese era el motivo por el que Daryl se comportaba de manera tan hostil con ella. Que desperdicio de hombre; su belleza era equivalente a sus prejuicios. Ya la había enjuiciado y condenado unilateralmente.
Rubí le sostuvo la mirada. Si creía que la avergonzaría con sus palabras sarcásticas e hirientes estaba muy equivocado. Los dos se miraron desafiantes, era una lucha entre fuertes. Para Nyo no pasó desapercibido la manera en que Daryl miraba a su chica. Pero prefirió guardar silencio por el momento, solamente porque se trataba de su mejor amigo, de lo contrario lo hubiera sacado a patadas de su bar.
—Es verdad, bro. No todos tenemos la misma suerte —declaró el moreno. Miró a Rubí y le sonrió, ella correspondió su gesto con la misma sinceridad.
Daryl tomó su rabia y la mezcló con el licor de su copa y se la bebió de un trago. Su plan no había salido como él esperaba.
El ambiente se volvió tenso y silencioso. Rubí ya no estaba dispuesta a seguir finguiendo simpatía frente a un tipo arrogante y mal educado, que presumía de sus bienes como si los hubiera adquirido en buena ley. Ninguno de los que asistía al bar era de trigos limpios, y eso Rubí lo sabía perfectamente y decidió marcharse.
—Nyo, ¿Te molesta si me marcho temprano hoy?, estoy un poco cansada —le rogó posando su mano suavemente sobre su antebrazo.
—Por supuesto que no me molesta, linda. Eres libre de hacer lo que deseas —respondió haciendo un gesto complaciente con la mano derecha.
Ella le sonrió agradecida y se despidió con un beso en los labios. Se levantó de su lugar y desde su altura miró a Daryl de frente. Le demostraría que a diferencia de él, ella sabía mantener la compostura y educación.
—Con permiso —dijo con tono cortés.
Daryl asintió brevemente. Rubí fue en busca de su bolso al camerino, y salió del bar con dirección al Cadillac de Nyo. Al lado del lujoso automóvil estaba Big Joe masticando una hamburguesa, y abrió los ojos sorprendido cuando vió a la chica tan temprano.
—¿Señorita Rubí...? —interrogó avergonzado de que lo sorprendiera en esas circunstancias.
—Joe, lléveme a casa, por favor.
—Enseguida. —El corpulento hombre, se dió varias vueltas en circulo sin saber donde dejar la hamburguesa y el refresco que tenía en las manos. Nyo le tenía prohibido subir a su auto con comida.
A Rubí le causó gracia ver a un hombre tan grande y corpulento liado con una simple hamburguesa y un refresco. Era evidente que no estaba dispuesto a renunciar a su comida y decidió ayudarlo a resolver su difícil disyuntiva.
—Joe, no se preocupe. Cómase eso con calma, y luego me lleva al departamento. Yo lo espero arriba.
—Gracias, señorita Rubí —la miró agradecido. Nyo ya le hubiera pedido que botara esa porquería a la basura acompañado con un: "como puedes alimentarte con esa mie***"
En ese mismo transcurso, los dos hombres adentro del bar, permanecían en silencio. Nyo estaba esperando que Rubí se alejara lo suficiente para confrontar a Daryl, pero él se le adelantó:
—¿Hace cuanto la conoces?
—El tiempo suficiente... —respondió de manera tajante y escueta. Daryl conocía muy bien a Nyo, sabía que estaba evitando el tema. Algo escondían ellos dos. Y lo que más le intrigaba; ¿Por qué la protegía tanto?
—Confías demasiado en ella —le reprochó observandolo con cautela.
—Claro que sí, sabes que no confío en cualquiera. No vuelvas a mirarla de esa manera. Lo toleré solamente porque eres mi amigo, pero no permito que nadie sea grosero con Rubí.
—Como digas. —Se dejó caer sobre el respaldo del asiento y apoyó el codo sobre el mismo escondiendo su molestia. Abrirle los ojos a su amigo sería más difícil de lo que pensaba. Era necesario cambiar de táctica.
¿Realmente Nyo sabía que clase de mujer tenía a su lado? ¿O estaba siendo engañado por una hábil y experta embaucadora?
Daryl, pronto lo descubriría.