Este desconocido me moja

1285 Words
Victoria, completamente exhausta tras la comida, se reclinó en su silla con una sonrisa en los labios mientras observaba a su hermana. Lucien parecía haber estado almorzando durante horas, y Livia no era muy diferente. Al mirarlos, se fijó en la expresión enamorada de su hermana y suspiró con satisfacción. Tanto Livia como Victoria habían tenido mala suerte en el amor. Algunos hombres las habían buscado únicamente por su dinero; otros, sólo por sus cuerpos. Sin embargo, Lucien daba la impresión de ser una buena elección. Con una disculpa discreta, Victoria se levantó de la mesa y se dirigió al baño para refrescarse. Se soltó el cabello, dejando que las ondas castañas cayeran sobre sus hombros, antes de lavarse las manos y volver al despacho de su hermana. De repente, una figura imponente vestida con un traje azul oscuro apareció frente a ella. Fue tan inesperado que no tuvo tiempo de reaccionar y terminó chocando con él de manera torpe. La proximidad de aquel hombre la impactó profundamente. Su aroma la envolvió, dejándola sin aliento mientras sentía cómo una intensa emoción recorría su cuerpo. Intentó calmarse, pero su mente y su cuerpo parecían haberse confabulado contra ella. ¿Qué era lo que hacía que este hombre le resultara tan irresistiblemente atractivo? Antes de darse cuenta, ya estaba sentada en el suelo, sintiendo el calor en sus mejillas. Alzó la vista y se encontró con una mano grande, musculosa y llena de venas que se extendía hacia ella. Aquella imagen evocó pensamientos que la hicieron ruborizar aún más. Como en un trance, tomó la mano que le ofrecían. El contacto con su piel fue electrizante y, por un momento, sintió que perdía el control. Intentó mantener la compostura, pero incluso sus pechos respondieron de manera involuntaria. La atracción que sentía era demasiado intensa, casi insoportable. —Toma mi mano —ordenó el hombre con firmeza, y Victoria obedeció sin pensarlo. Al levantarse, evitó mirarlo a los ojos. Sin embargo, sentía la mirada penetrante de aquel hombre, cuyos ojos parecían explorar cada rincón de su ser. Tragó saliva, luchando por mantener la calma. Finalmente, rompió el silencio. —Perdón, no te vi. Gracias por ayudarme a levantarme —dijo, torpemente, mientras daba un paso atrás para alejarse. —No te preocupes —respondió él. Mientras ella luchaba con la intensa tensión que sentía, él parecía estar completamente ajeno, como si aquel encuentro no hubiera significado nada. En ese momento, la voz de Livia la sacó de sus pensamientos. —Disculpe, señor Moreau. Mi hermana suele ser algo distraída. Victoria, él es Blake Moreau, mi otro jefe y hermano de Lucien. Señor Moreau, ella es mi hermana, Victoria. Victoria esbozó una sonrisa tímida al ser presentada. —Un gusto conocerte, Victoria —dijo Blake, mientras la observaba con intensidad. —El gusto es mío, señor Moreau —respondió ella, aunque su voz traicionaba su nerviosismo. Apenas podía sostenerle la mirada. Livia aprovechó para continuar. —Nos vemos mañana por la noche, ¿verdad? —preguntó, dirigiéndose a Victoria. —Claro, allí estaré —contestó ella, sin poder apartar los ojos de Blake. —Tiene 28 años y prefiere a las curvilíneas. No te hagas ilusiones —murmuró Livia en tono severo, lo que provocó que Victoria asintiera rápidamente. A pesar de que normalmente habría respondido con un comentario mordaz, en ese momento prefirió guardar silencio, consciente de la presencia de Blake. —Entonces me voy ya —dijo finalmente, despidiéndose de su hermana con un abrazo. —Mañana paso por tu oficina para almorzar contigo. —Perfecto, cuídate —respondió Livia, antes de besarla en la mejilla. Victoria se alejó rápidamente, intentando recuperar la calma después de un encuentro que había puesto su mundo de cabeza. * Victoria caminaba en silencio, con sus zapatillas Adidas resonando suavemente en el suelo, mientras intentaba controlar las emociones. A su lado, aquel hombre al que no podía dejar de admirar, avanzaba. Evitaba mirar su rostro, un retrato de perfección que parecía esculpido por los dioses. Cada movimiento de él emanaba autoridad, una postura que gritaba poder y, de manera irrefrenable, algo profundamente carnal. Victoria intentaba apartar esos pensamientos de su mente. Tenía que superarlo. Frente a las puertas del ascensor, se detuvo, esperando que él pulsara el botón, pero él no lo hizo. Su corazón comenzó a latir con una fuerza inusual, acelerando a un ritmo que ella sabía que no era saludable. Con una ligera vacilación, fue ella quien finalmente presionó el botón, y las puertas se abrieron revelando un ascensor vacío. —Después de usted —indicó él con tono firme. Victoria asintió agradecida, sintiéndose cada vez más incómoda. Entró y se acomodó en la esquina más lejana, buscando poner distancia entre ambos, tratando de escapar de la tensión palpable que había entre ellos. El hombre, sin embargo, sacó una llave de su chaqueta y la insertó en el panel del ascensor, deteniéndolo abruptamente. Una oleada de emociones recorrió a Victoria: miedo, expectativa, y algo que no podía negar... excitación. Nunca había experimentado algo igual. Sus ojos verdes la atraparon, llenándola de deseo. Su mirada era penetrante y Victoria se sintió completamente cautiva. El hombre avanzó hacia ella. Se detuvo a pocos metros de distancia, y la fuerza de su presencia pareció dominar todo el espacio. —La tensión entre nosotros es interesante —murmuró él, su voz ronca y cargada de intensidad. Un suave gemido escapó de los labios de Victoria antes de que pudiera contenerlo. Mordió su labio con fuerza, intentando silenciar cualquier otro sonido que traicionara su estado. La idea de que él pudiera estar sintiendo algo similar la desconcertaba y la embriagaba al mismo tiempo. Su mano fuerte se alzó, moviéndose lentamente hasta posarse en su mejilla. Al contacto, Victoria sintió cómo su piel ardía bajo su toque. Era una sensación tan intensa que parecía quemar y congelar al mismo tiempo. Él separó suavemente sus labios, y con la presión de su pulgar recorriendo su boca, un temblor de emoción recorrió su cuerpo. Entonces, su pulgar se deslizó dentro de su boca. Victoria, casi sin pensar, comenzó a chuparlo, completamente rendida al momento. El suave gemido que él emitió la desarmó, mientras sentía cómo la acercaba más hacia su cuerpo. Una sensación desconocida pero inconfundible creció en su interior. Su lengua jugaba con el pulgar, y un deseo ardiente la llevó a imaginar otros escenarios más íntimos. Intentó no tocarlo, aferrándose con fuerza a los barrotes del ascensor. Aun así, su mente apenas podía procesar lo que estaba sucediendo. ¿De verdad estaba haciendo esto con un hombre que apenas conocía? La respuesta era un sí rotundo, y para su sorpresa, le encantaba. De repente, él retiró el pulgar, interrumpiendo el momento con una brusquedad que la sobresaltó. Regresó al panel del ascensor, giró la llave y reanudó el movimiento del ascensor. Luego, sin decir una palabra más, se colocó a su lado, mirándola con una intensidad que la dejó temblando. —Este no será nuestro último encuentro —murmuró antes de salir del ascensor, dejándola atrás. Victoria permaneció inmóvil, tratando de procesar lo que acababa de ocurrir. Su mente era un caos, incapaz de darle sentido a lo que había sentido y experimentado. Incluso una vez en casa, mucho después de aquel encuentro, seguía atrapada en el recuerdo de ese hombre, con su aura dominante. Era innegable: lo deseaba con una intensidad que jamás había sentido por nadie. Aunque sabía que solo se involucraba con alguien cuando estaba en una relación seria, se preguntó si esta vez podría hacer una excepción. ¿Estaba preparada para algo tan intenso y fuera de lo común? Por dentro, ya sabía la respuesta. Y la respuesta era sí.
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