(Narrador omnisciente)
Un hombre de cabello n***o caminaba por el pequeño pueblo siendo seguido por un joven de alrededor de 18 años, el cazador trataba de mantenerse al margen de la conversación que el elfo había comenzado hacia un par de minutos atrás.
—Entonces... va a casarse conmigo? -el pelinegro miró al rubio y negó- por que?
—Por que no -murmuro mirando como las plantas que habían traído del inframundo florecían por la presencia de algunos demonios-
—Eso no es una respuesta -se quejó y caminó un poco más rápido quedando al lado del cazador-
—Bueno eres joven aún -se detuvo mirando a lo lejos a cierta pelinegra con alas hermosas y únicas-
—Tengo 17 estoy por cumplir 18 años -se quejó indignado mirando al pelinegro-
—Y yo tengo 114 años niño entiéndelo -la pelinegra reía bajo escuchando todo el alboroto que el elfo hacía-
—O es que te gusta la reina? -la sonrisa en el rostro de ambos seres del inframundo se borró- es eso?
—No... ella ya tiene a alguien a su lado o bueno... tenía -dijo lo último en un suave susurro no queriendo que lo escucharan- ella es solo... mi familia, la amo mucho y si bueno tuvimos algunos encuentros muy lindos pero nada serio
—Y por qué? -dijo con curiosidad causando que el pelinegro riera-
—Bueno digamos que los dos sabemos que en algún momento llegará el amor de nuestra vida y pues solo salíamos por diversión -dijo haciendo comillas con sus dedos en el momento que pronunció la palabra "salíamos"-
—Hace cuanto? -lo miró y el pelinegro retomó su camino hacia fuera de las grandes paredes que rodeaban el reino-
Hacía ya once años en los que habían levantado un punto donde vivían los angeles caídos, más conocidos como cazadores, nueve años en los que nuestro protagonista se dedicó a buscar a su pareja. Claramente no la encontró, también dedicó su tiempo a entrenar y entrenar, hacía ya diez años en el que Mary había comenzado a acercarse al humano después de que su esposa muriera.
Había logrado comenzar una relación estable con él después de dos años, Mary poco a poco iba dejando de lado su vida como cazadora y se enfocaba más en su ahora esposo. También había renunciado a su inmortalidad justo como había renunciado a sus alas hace más de un siglo.
—70 años -el rubio miró al cazador y frunció su ceño-
—No me cuadra -la risa del pelinegro no se hizo esperar-
—Bueno hasta hace algunos años dejamos de pasar las noches juntos -el rubio asintió y volvió a fijas su vista en el pelinegro-
—Pero por que no quieres salir conmigo? -el pelinegro rodó los ojos y suspiro-
—Eres muy joven entiéndelo Eru -el rubio suspiro y se acercó a abrazar al más alto-
—Pero saldrías conmigo? -el pelinegro se quedó quieto escuchando el acelerado ritmo del corazón del elfo-
—Siempre te voy a ver como un niño Eru -el rubio suspiro sintiendo su pecho pesado y asintió alejándose del pelinegro-
—Entiendo -dijo con dificultad por el nudo en su garganta y dándose la vuelta comenzó a caminar hacia el reino elfico- volveré a casa nos vemos después
El corazón del pelinegro se estrujó al ver al rubio forzar una sonrisa y despedirse con su mano antes de salir corriendo mientras las lágrimas comenzaban a bajar por sus mejillas levemente sonrojadas.
—No te agobies -dijo tras el pelinegro y palmeó con suavidad su espalda- se que terminaras cogiendotelo -lo miró con picardía haciendo que el pelinegro la mirara con desagrado-
—Oh cállate si? -murmuro dándose la vuelta pasta seguir con su entrenamiento tras las murallas-
—Ambos lo sabemos Dan no lo niegues -el pelinegro respiro profundamente tratando de no escucharla- el no se cansará hasta tenerte y tú no resistirás demasiado como para negarte tomarlo como tuyo... hasta que llegue su pareja verdadera
—Puedes callarte de una vez híbrida de mierda? -la pelinegra sonrió divertida y lo empujó tomando una de las espadas que descansaban sobre la mesa en el lugar de entrenamiento-
—Mira quien lo dice, el gatito n***o con manchas rojas -los ojos de la pelinegra brillaron con determinación y comenzaron a luchar-
[...]
—Hola rojita -la pelirroja miró al cazador con alegria-
—Dani -dijo alegre corriendo a abrazar al hombre de apariencia de treinta años- como has estado?
—Bien y como has estado tú en tu ahora vida medianamente humana? -la pelirroja sonrió y miró hacia su jardín donde un hombre de aparentemente 35 jujaba con un pequeño de 11 años-
—Estoy más que bien con ellos de verdad -dijo con una enorme sonrisa haciendo sonreír al pelinegro como respuesta- sin magníficos... ambos, me tome el tiempo de hablar de Darién, era una mujer maravillosa y William la amaba mucho, solemos yo y Darren escuchar a mi esposo hablar de ella
—Es magnifico entonces -la pelirroja asintió y miró nuevamente al pelinegro-
—Sabes, hemos pensado en tener un bebé -los ojos de él pelinegro se abrieron c in sorpresa y una enorme sonrisa asomó en sus labios- aún lo estamos pensando
—Una mini tu -dijo con emoción antes de acercarse y abrazar a la pelirroja con euforia- si!
—Bájame! -gritó entre risas al ser tomada de manera abrupta y viendo todo a su alrededor parar de manera rápida- Ya!
—Para que lo piensan tanto dame un sobrino -la dejo con delicadeza en el suelo y la pelinegra lo golpeo con suavidad-
—Estamos en planes pero -hizo una mueca y la sonrisa en el rostro del pelinegro se fue-
—Hay algo mal? -la chica se sentó y con un suspiro después de ver al cazador sentarse prosiguió-
—Si... pero lo dudamos por que necesitamos mudarnos -dijo y una pequeña mueca triste apareció en el rostro de la pelirroja-
—Bueno puedo ir a visitarte entonces no hay problema -la pelirroja tomó con delicadeza las manos del hombre y las apretó-
—Eso significaría adiós ser una cazadora, adiós ser un ángel caído, adiós ser una guardiana de la noche y adiós inmortalidad -el pecho del hombre se estrujó y hizo una mueca-
—Adiós compañera de caza -el susurro lleno de tristeza hizo que los ojos de la pelirroja picaran y se llenaran de lágrimas-
—Dani -dijo y se levantó para abrazar al hombre- lo lamento pero sabes que esto puede más que yo
—Lo se, algún día lo entenderé mejor -dijo y se separó de la pelirroja al escuchar el tan característico sonido de sus lágrimas chocar en el suelo- pero mientras tú seas feliz yo voy a cuidarte desde lejos... hasta que tu corazón deje de latir
Los ojos del pelinegro se llenaron de lágrimas y abrazó con fuerza el cuerpo de la pelirroja quien lloraba de felicidad y tristeza, cuando un ángel caído renunciaba a su inmortalidad, olvidaba todo y por ende los que se quedaban atrás no podían acercarse a ellos.
Ella no recordaría a ese chico que la salvo en todas aquellas ocaciones en las que estuvo por morir.
Olvidaría a su única familia y eso era lo que más le dolía.