MAGDA Pone una rodilla al piso y se mete la mano en el bolsillo sacando una cajita de terciopelo rojo y se acerca más a mí su penetrante mirada azul queda directamente en mis ojos verdes. —Tenía pensado hacer esto de miles maneras, pero ninguna como lo había hecho. —¿Con tu pene metido en mi lugar más secreto? — le digo, limpiandome la boca con la servilleta poniéndola en mi regazo, de manera tranquila. —Sí… Bueno— sus mejillas se pusieron de un delicioso color rosa y debo decir que me encanta un Marco apenado. —Me gustó, te dije que sí— me encojo de hombro. Me muestra un exquisito anillo con un pedrusco grande que me imagino no será de circonio y cuesta un pastizal, aparte tiene varios diamantes incrustado a los lados de la banda de oro blanco, me quedo muda admirando tan lindo an

