CAPITULO 1

1756 Words
**CAPÍTULO 1** —Siempre serás mía, eres mi vida —declaró el alfa Percy mientras abrazaba a su luna. —Siempre tuya, mi alfa, unidos hasta la muerte —respondió Lola, juntando su frente con la de su compañero. En medio del denso bosque, donde todo había comenzado, se besaron con pasión. —¡Amanda, ¿todavía sigues escribiendo?! —gritó mi mejor amigo Caleb desde la cocina. —¡Ya terminé! —le respondí, alzando la voz. Mi nombre es Amanda King y resido en la hermosa ciudad de Seattle, en un pequeño apartamento que comparto con mi mejor amigo, Caleb Jones. Él es el tipo de hombre que toda chica desea: alto, con un cuerpo tonificado pero sin exagerar, piel canela, cabello dorado y unos ojos color café oscuro que atrapan. Su rostro es perfecto y su sonrisa es deslumbrante. Sin embargo, no lo veo como un postre recién salido del horno; hemos sido amigos desde que tengo memoria, especialmente después de la muerte de mis padres, sus padres fueron fueron adoptivos para mí. —Estás tan obsesionada con esas historias de fantasía —comentó Caleb mientras me servía el desayuno. —Es que tenía que ser un final inesperado. La historia de Percy y Lola ha sido muy dura —sonreí. —¿Sabes que no existen? —arqueó una ceja. —En mi mente sí existen —respondí encogiéndome de hombros. —Bueno, solo te respeto porque ganas dinero con tu blog —dijo mientras llenaba su boca con comida. Siempre se burla de mí. Soy escritora, estudié literatura y me apasionan los libros, pero mis historias tratan sobre hombres lobo, alfas y sus compañeras. La conexión entre ellos, forjada por una diosa lunar, les une para toda la vida; cada hombre lobo tiene a su compañera destinada. Me entusiasma hablar de ello; sé que no son reales, pero no puedo dejar de escribir sobre ellos. —¿Amanda? ¿Amanda? —sonó la voz de Caleb, mientras tronaba los dedos frente a mi rostro. —Eh... sí, ¿qué pasa? —sacudí la cabeza. —Ash... te preguntaba si lo de hoy sigue en pie —dijo Caleb mientras recogía los platos del desayuno. —¿De verdad tengo que ir? —pregunté, poniendo los ojos en blanco. —Amanda, lo prometiste —me miró con frustración—. Eres mi modelo perfecta para la sesión de fotos. —Pero sabes que no me gusta salir de casa —repliqué con un tono irritante. —Por favor —suplicó—. Prometo ayudarte con la portada de tu nuevo libro. —Caleb juntó las manos en un gesto de súplica. —Está bien, pero después no puedes arrepentirte —dije, lanzándole una mirada fulminante. —Gracias, te adoro —gritó mientras me abrazaba. (...) Ya estábamos en camino hacia el denso bosque a las afueras de Seattle, cerca de las montañas. Seré su modelo, ya que Caleb siempre dice que el verde del bosque combina perfectamente con mi cabello rojo. Él es uno de los mejores fotógrafos de Seattle; todos lo buscan para sus bodas, revistas y proyectos. Yo, en cambio, soy solo una chica peculiar que disfruta escribir sobre hombres lobo. No me considero particularmente atractiva y, la verdad, no pienso mucho en ello; me importa poco. Estoy tan enfocada en mis historias que he olvidado vivir la mía. Practicamente resido en mis relatos, imaginando qué pasaría si todo fuera real. Pero, lamentablemente, los hombres lobo no se relacionan con humanos; en mis historias, eso es lo que sucede, porque mezclar una existencia mágica con la de los humanos siempre termina en desastre. —¿De nuevo en tus fantasías? —interrumpió Caleb, sacándome de mis pensamientos. —Ash, ¿por qué siempre me interrumpes? —dije haciendo una mueca. —Porque necesitas vivir en el mundo real, Amanda. Tienes que dejar de soñar despierta —respondió, mirando hacia la carretera. —Soy escritora, estudié literatura; mi vida es soñar despierta, y por eso he tenido éxito con mis historias —dije moviendo las manos. —Claro, ¿nunca pierdes? —preguntó Caleb, levantando una ceja. —No, nunca pierdo —asentí con la cabeza—. ¿Cuánto falta? Llevamos más de una hora en el auto. Tengo hambre y necesito dormir —dije apoyando la cabeza en la ventana. —Falta poco, es un lugar genial al que te llevo. Está escondido de la ciudad; nadie lo conoce —dijo Caleb emocionado. —¿Cómo lo conociste? —pregunté, confundida. —Porque estaba revisando una galería de fotos antiguas de 1950, y vi este hermoso lugar. La dirección estaba al pie de la foto; lo introduje en el GPS y me di cuenta de que está a dos horas de Seattle. Decidí venir a verlo y me di cuenta de que está muy oculto, fuera de la vista de todos. Tendremos que dejar el auto escondido y caminar con nuestras cosas por el denso bosque para llegar, porque no se puede entrar con vehículos. Ya lo intenté —dijo Caleb con entusiasmo. —¿O sea que tendré que caminar en medio del lodo? —pregunté, fastidiada. —Sí, tendrás que hacer ejercicio. j***r, eres muy perezosa, Amanda —se burló. —Okey... —suspiré, algo molesta. Después de llegar, dejamos el auto escondido cerca de unas grandes piedras cubiertas de musgo verde. Tomamos todas nuestras cosas y comenzamos el viaje. Era un camino largo y rocoso, pero a medida que avanzábamos, no podía creer lo que mis ojos veían: había una laguna con una pequeña cascada de aguas cristalinas, rodeada de enormes árboles con musgo verde claro. Se escuchaban los pájaros cantar, y los rayos de sol que se filtraban hacían que todo cobrara vida; las pequeñas flores silvestres de colores parecían sacadas de un cuento de hadas. —Caleb, esto es hermoso —dije, boquiabierta. —Sabía que te gustaría. Estas fotos quedarán fantásticas y ya tengo la idea para la nueva portada de tu libro —sus ojos brillaban, y sabía que en su mente ya estaba todo planeado. Armamos nuestra enorme tienda de campaña, que en realidad parecía una casa, con divisiones para las habitaciones. Preparé mi pequeña cama, pero luego Caleb me dijo que quería comenzar con algunas fotos antes de que oscureciera. Rodé los ojos; solo quería comer y dormir. Me puse la ropa que Caleb me había entregado: un vestido blanco de gasa fina, largo, con mangas y pequeños diseños en el pecho. Era antiguo pero hermoso. Solté mi cabello, apliqué un poco de labial y salí. —Luces increíble —sonrió emocionado. —Solo empecemos, tengo hambre y sueño. Quiero descansar —gruñí. —Como diga la princesa —dijo Caleb, haciendo una reverencia. —¡Perfecto! —respondí, cruzando los brazos y dándole una mirada retadora—. Pero no te olvides de que tengo mis límites. Caleb sonrió y comenzó a mover su cámara, capturando cada ángulo y detalle. La luz del atardecer se filtraba a través de los árboles, creando un espectáculo mágico. Mientras posaba, no pude evitar sentir que, de alguna manera, este lugar se asemejaba a los escenarios que creaba en mis historias. Me imaginé siendo la heroína de un relato épico, rodeada de misterios y seres fantásticos. —Mira hacia la luz, Amanda. Sueña, como si fueras Lola esperando a su alfa —dijo Caleb, y justo en ese momento, sentí un escalofrío recorrer mi espalda. —¿Sueño? —repliqué, un poco confundida—. ¿Acaso no se supone que estoy despierta? —Exacto. Pero eso es lo que quiero capturar: tu esencia, esa chispa de imaginación que llevas dentro. ¡No te limites! —me instó, mientras ajustaba la configuración de su cámara. Bajé la mirada por un momento, recordando cómo siempre me había sentido más cómoda en el mundo de la ficción que en la realidad. Sin embargo, aquí, en medio de la naturaleza, algo en mí empezaba a despertar. Era como si las historias de Percy y Lola cobraran vida a mi alrededor, llenando el aire con un sentido de posibilidad. —Está bien, intentaré —dije, sintiendo la energía del lugar fluir a través de mí. Las fotos seguían fluyendo, y aunque al principio estaba reticente, pronto me dejé llevar. Comencé a jugar con el entorno: giraba, reía y me dejaba llevar por la música del bosque. Caleb capturaba cada momento, y a medida que avanzaba la sesión, me sentía más libre, más viva. Finalmente, después de lo que pareció una eternidad, Caleb dijo que era suficiente. Me senté sobre una roca, sintiendo el cansancio en mis piernas, pero también una satisfacción que no había experimentado en mucho tiempo. —Eres increíble, Amanda. Este lugar te sienta de maravilla —dijo, revisando algunas de las fotos en su cámara. —Gracias, Caleb. Creo que necesitaba esto más de lo que pensaba —admití, sintiendo una conexión renovada con mi entorno. —Y ahora, como prometí, ¡a cenar! —exclamó, levantándose y comenzando a sacar la comida que había traído. Mientras él se movía por la tienda, preparé la mesa improvisada con un mantel que había traído. La cena fue sencilla, pero deliciosa: sándwiches, frutas y un poco de vino. Mientras comíamos, el sol comenzaba a ocultarse y el cielo se llenaba de estrellas. —Mira eso —dijo Caleb, señalando hacia arriba—. Es como un cartel de neón para tus historias. Me recosté, mirando las constelaciones brillar en la vasta oscuridad. En ese momento, me di cuenta de que había algo más en la vida que escribir sobre hombres lobo y fantasías. Tal vez, solo tal vez, podría encontrar mi propia historia aquí, en el seno de la naturaleza, rodeada de amigos y nuevas experiencias. —¿Sabes? Creo que tengo una idea para un nuevo libro —dije, con una sonrisa en el rostro. —¿Ah sí? Cuéntame más —dijo Caleb, intrigado. —Sería sobre una chica que se encuentra atrapada entre dos mundos, uno lleno de magia y otro de realidades duras. Tendrá que elegir entre seguir soñando o vivir su propia aventura —explicaba, sintiendo cómo las palabras empezaban a fluir. —Eso suena increíble, Amanda. ¡Esa chica es tú! —dijo Caleb, y en sus ojos vi un destello de apoyo y emoción. La noche continuó, llena de risas y conversaciones profundas bajo el cielo estrellado. En ese instante, supe que mi vida, mi historia, apenas estaba comenzando.
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