LILY
—¿Lily? —Emma llega donde mi.
—¿Si?
—El señor Oliver Hayes quiere verte.
—¿El jefe?
Asintió.
—¿Por qué?
—No lo sé, su secretaria me acaba de decir. No es normal que vea a los nuevos, casi nunca se mete con eso por lo general. Espero no sea nada malo, Lily. Suerte.
—No me asustes, Emma. Apenas es mi segundo día.
—Solo hazle caso en todo lo que te diga.
Asentí.
Me sentía nerviosa ahora, lo que sabía de Oliver es que era un jefe muy estricto y que no le temblaba la voz para despedir a la gente. Salí de mi zona de trabajo y avance hasta el ascensor. Subí hasta el piso diez y cuando llegué camine por el pasillo en busca de su oficina.
¿Donde será? Debía decirle a Emma que me acompañara pero alguien tenía que quedarse abajo.
—¿Señorita Anderson? —una chica se me acerca, lleva una tablet en sus manos.
—¿Si?
—Soy Amelia, la secretaria del señor Hayes. El la está esperando, sígueme por aquí.
Asentí y la seguí sin decir nada.
—En esta sala la verá el señor Hayes —abre la puerta así que entro. La sala es grande, como si fuera de reunión. Cuando entré me sorprendió ver al chico de ayer sentado allí leyendo unos papeles.
El levantó la vista y me miró.
—¿Tu? ¿También te citaron aquí o vienes a decirle algo de mi al jefe? No puedo creer que seas tan chismoso, es por eso que me han llamado, ¿verdad?
El hombre iba a decir algo pero la secretaria entró.
—Señor Hayes, aquí tiene los papeles.
Me quedo estática en ese momento cuando la secretaria lo llamó por ese apellido.
—Gracias, Amelia, puedes retirarte.
La chica se fue y yo me quedé sola con este hombre a quien había tratado súper mal.
—¿Hayes? —cuestione.
—Así es, señorita Anderson, Oliver Hayes. Tu jefe —se puso serio.
No puede ser, no puede ser. Al hombre que había tratado súper mal era mi jefe. Genial, Lily, todo echas a perder. Con razón estoy aquí, me va a despedir.
—¿No tienes nada que decir? Ayer hablabas demasiado y hace poco también estabas en ese mismo plan. Pero ahora parece que se te comió la lengua el ratón.
Bajé la vista apenada. Sabía que había cometido un error muy grande. El señor Oliver Hayes era a quien había tratado mal así que solo estoy esperando que me despida.
—Yo... —empecé a decir—... lo siento.
—¿Cómo dices? No te escuché —Oliver se acercó a mi. —Repítelo más alto que no te oigo.
—Lo siento, señor Hayes. No sabía que usted era mi jefe.
—Independientemente de que no lo haya sido esa no fue la manera de tratar a una persona que trabaje en este edificio, pudo ser un cliente muy importante y la imagen que das no es la adecuada en esta empresa. ¿Así recibes a mis clientes en la recepción? —cuestionó. Tenía toda la razón. Soy una pésima empleada y está más que justificado que me despida.
—No, señor. Yo lo siento mucho; pensé que solamente era un chico más que trabajaba aquí. No debí hacer eso.
—Claro que no. Ahora quiero que te disculpes. Me llamaste Idiota, ni siquiera me dejaste hablar, decidiste juzgarme con la mirada y hablarme sarcástica. Eres una chica muy rebelde, Lily.
Trague grueso. Me había pasado, lo se.
—No tienes nada que decir.
—Ya me disculpe, señor.
—No te escuché
Eleve la vista y lo miré.
—Lo siento mucho, señor Hayes. Créame que estoy muy arrepentida por haberlo tratado así, no debía hacerlo independientemente sea un empleado de esta empresa o un invitado.
—Mereces un castigo, Lily. La verdad no quiero que una persona tan grisees como tu que pierde los estribos tan fácilmente este en la recepción.
Sabía que me iba a despedir. Lo sabía.
—¿Me despedirá?
—¿Tu que crees?
Asentí con mucha tristeza y lastima. Era de esperarse, cometí un error con el hombre que no toleraba los errores así que tenía que asumir las consecuencias.
—Está bien, señor Hayes —iba a caminar hacia la puerta pero su voz me detuvo.
—No he terminado.
Me volví hacia el.
—Ya no vas a trabajar como recepcionista, Lily sino que serás mi nueva asistente. Necesito tenerte cerca para saber cómo es tu comportamiento. Creo que necesitas una pequeña lección —sonríe malicioso. No sabía si sentir alivio porque no me despidieron o miedo por ser asistente de este hombre y tener que verlo diario y a todo momento.
—¿Y la recepción?
—Amelia se puede encargar de eso. ¿Tomas el puesto o te vas?
—Lo tomo —dije. Tenía mucho miedo pero me daba más miedo quedarme sin empleo. Ahora solo tenía que tolerar a Oliver Hayes y sus genios.
—Perfecto entonces. —sonrió satisfecho. Algo me decía que solo estaba haciendo esto para molestarme. Sentía que había algo más detrás de todo.
—¿El cambio será Justo ahora?
Oliver se acercó. Estaba tan cerca que me puso nerviosa. El hombre es muy atractivo, puede dejar sin aliento a cualquier mujer, lo admito. Pero para que me llame la atención tiene que haber mucho más que un físico.
—Claro que si. ¿Tienes algo que objetar? Sabiendo que eres muy contestona me sorprende que estés tan calmada.
—Yo... señor Hayes, lo de ayer fue... ni siquiera se por que actué así. Fue como un impulso nada más. Me molesto mucho la forma en la que me empujo. Es todo. No soy como usted piensa.
Su cercanía me ponía nerviosa. Su aroma era bastante agradable.
—Ya veo. Igualmente tendrás que aprender la lección.
—¿Algo más, señor?
—Solo que te transfieras aquí rápidamente —se alejó y volvió a su silla con sus papeles—Retírate.
Salí de la oficina muy rápido, solo estando afuera pude respirar bien. Amelia entró después de mi, sabía que no le gustaría la decisión que había tomado su jefe así como no le gustó a mi. Apenas es mi segundo día y ya estoy ganando enemigos. La chica salió luego de casi un minuto y me miró con enojo.
—Que estupidez —murmuro, saco una caja y empezó a meter sus cosas—Cambiar mi empleo solo por las cosas que hacen la gente que no tiene modales —me lanza una mirada asesina—¿Ya estás contenta, estupida?
No dije nada, solo me fui al ascensor. No quería discutir y darle más razones a Oliver para que me despida. Sabía que nada bueno podía salir de todo esto. Cuando llegue a la recepción Emma me estaba esperando para que le contara lo que había pasado.
—¿Te corrió?
—No. Pero ahora seré su asistente y Amelia pasada a ser la recepcionista.
—¿Qué? No te lo puedo creer. —se llevó una mano a la boca.
—Si. La chica no está nada contenta.
—Me imagino. Se creía la gran cosa solo por estar pegada al jefe todo el tiempo. Los miento mucho, Lily, pero ahora tendrás mucho más trabajo del que pensé. El señor Hayes es bastante estricto. Mucha suerte.
—Gracias, Emma.
Empecé a ordenar las cosas en la mesa y llevarme mis cosas personas en una caja también. Estaba indecisa de todo pero me lo merecía, por mi culpa estaba en esta situación y por mi bocota.
Llevé mis cosas de nuevo al piso del jefe. La chica ya se había ido y me había dejado vacío el lugar. Empecé a ordenar todo en el escritorio. Ahora no estaba aquí Emma para que me explicara lo que tenía que hacer y Amelia jamás lo haría. Tenía que hacer todo desde cero.