LILY
Todo ha sido tan pesado. Es decir, llevo una semana trabajando para el señor Hayes y me ha puesto a hacer el doble del trabajo que hacía en la recepción. En serio extraño estar atendiendo a la gente, poniéndole mi mejor sonrisa y haciendo llamadas. Al menos podía estar sentada. Oliver me ha mandado a hacer cosas que nada que ver con lo de ser asistente. Ha hecho que limpié toda su biblioteca en un día. UN DÍA. Eso era enorme, llegué muerta a mi casa. Y no solo eso sino mucho más. Tengo ojeras, me duelen los pies. Yo supongo que me acostumbrare más tarde a todo esto.
—¿Lily? —me llama por el altavoz.
—¿Si?
—Llama al señor Hart y dile que venga a una reunión importante. Es nuestro mayor cliente así que por favor se amable —pidió.
—Claro, señor —le digo con el tono mas falso que tengo. Estoy haciendo unas copias que el mismo me mando a hacer y me siento resfriada. Estoy con alergia en mi nariz.
Busqué en la lista de contactos el nombre del señor Hart y lo llamé para hacer la cita.
*
OLIVER
Después de decirle a Lily que llamara al señor Hart me puse a esperarlo. La chica había demostrado ser bastante eficiente y muy trabajadora a pesar de que la he puesto a hacer cosas que ni al caso. Solo para molestarla y que aprendiera a respetar. Esta semana la dejaré descansar un rato solo por eso.
Una hora después el señor Hart entra. Es nuestro principal comprador desde hace años, el cliente más importante. Entra con una cara de pocos amigos.
—Buenas tardes, señor Hart —lo saludo.
—Buenas tardes, Oliver.
Empezamos a hablar de algunas telas y próxima venta, en ese momento Lily entra.
—¿Se les ofrece algo de tomar? —inquiere.
—Agua —le digo. —¿Usted, señor Hart?
—Nada —responde mientras le da una mirada fea a Lily. La chica sale.
—¿Esa chica es tu asiente? ¿Qué ha sido de Amelia?
—Está en la recepción, ¿no la viste?
—No —respondió—Ella estaba mejor como tu asistente, esta chica de acá... no lo sé, no me gusta. No es de aquí, ¿o si?
Aprieto los puños tratando de no decirle sus cuantas verdades a Hart pero me contengo. Solo por esta vez se lo voy a pasar.
—Da igual de donde sea. Lily es mi asistente y allí se queda. —dije de mala gana. Nadie va a venir a decirme a quien contrato o no. Mucho menos este hombre.
—Yo suponía que también tenía derecho a opinar. Digo, como soy uno de tus principales clientes —murmuro—También puedo decirte quien puede trabajar aquí o quien no.
Me quise reír en ese momento. Este hombre está soñando muy alto.
—Hart, estamos aquí para negociar no para hablar de mi asistente —dije.
—Pero no me gusta la chica. No quiero verla cada vez que tenga que venir aquí.
Iba a decirle algo pero Lily entró. La chica solo hacía su trabajo y odie en ese momento a este hombre por tratarla así. Lily me sirvió el agua pero puso mal el vaso que cayó en mis pantalones.
—¡Lo siento tanto, señor Hayes! —empezó a limpiarme.
—Lily, Lily —la tomé de la mano—Está bien, salte por favor.
—Lo lamento, en serio —se puso roja de la vergüenza pero no me dio enojo sino ternura. Lily se fue.
—¿Lo ves? Aparte es una torpe.
*
LILY
Que estupida que soy. Tuve que hacer una estupidez Justo cuando Oliver estaba teniendo una reunión importante. Quedé como tonta. Aunque Oliver no me dijo nada en ese momento sabía que el regaño vendría después. Mis manos me tiemblan por el nerviosismo.
El señor Hart sale en ese momento de la oficina echando humo. Me lanza una mirada de odio puro y se va dando zancadas. ¿Qué le pasa a este hombre. Oliver sale de la oficina y se dirige a mi.
—Lily, quiero que elimines al señor Hart de nuestra lista de cliente. Ya no será nada para este empresa.
—¿Qué? ¿Por qué, señor?
Hasta donde yo se ese hombre era muy importante. Un buen comprador.
—Lily, haz lo que te estoy ordenando. Tengo que ir a casa a buscar un pantalón seco porque después voy a una reunión importante y tú vienes conmigo.
—¿A donde?
—A casa. A buscar un pantalón seco.
—¿Acaso voy a ponérselo yo? ¿Por que tengo que ir con usted? —hice una mueca.
Oliver se acerca.
—Tal vez debas hacerlo —murmura—es una orden, Lily, vamos a casa.
—Está bien, señor. —no tenía otra opción más que aceptar. Oliver saco su maletín y yo tomé mi bolso. Ambos salimos de la empresa hacia el parqueadero. Su coche era un Ferrari, me quedé asombrada por ver uno tan de cerca.
El señor Hayes abrió la puerta para mi así que entre. Tenía miedo de los coches y mucho más de esos que corren demasiado, por eso prefería caminar. Oliver entró y arrancó. Fue muy rápido.
—Maneje con más calma, señor.
—¿Tienes miedo?
Si.
—¿Por qué me pidió que eliminar al señor Hart de la lista? Se supone que es su principal cliente —le pregunté. Tenía mucha curiosas saber qué pasó, si quizás fue por mi culpa.
—No quiero hablar de eso, Lily.
—Pero... ¿hice algo mal yo?
—Claro que no. Te felicito que hayas hecho el trabajo a como te he pedido. La verdad me sorprendes, por eso nadie tiene derecho a trátate mal, siquiera a mirarte mal.
—¿Por qué lo dice?
—Por nada, Lily. —Oliver aceleró más—Me encanta este coche. ¿Quieres ver cuánto corre?
—No, no quiero saber eso —me agarre del cinturón cuando Oliver aceleró más.
—¡Ya, pare! —grité.
—Cálmate, Lily, ni siquiera fui tan rápido.
Respire con dificultad en ese momento. Odiaba los coches y no quería estar en ellos.
—¿Qué te pasa? —pregunta.
—Nada. Es solo que no me gusta la velocidad. Ni siquiera tengo licencia.
—¿En serio?
—Si.
—Nunca he conocido a nadie que no tenga licencia. O quizás si. Fue a un niño de diez años.
*
OLIVER
Lily era una chica tan extraña, me daba mucha curiosidad.
El celular me suena. Es mi papá. Tenía el presentimiento de que me iba a llamar.
—¿Hola?
—Oliver, me ha llamado el señor Hart y me dijo que lo has borrado de la lista, que ya no lo consideras comprador. ¿Qué es lo que te pasa? Es el principal cliente y haces esto.
—Papá, son asuntos que no vas a entender. Ese hombre se portó demasiado descortés con mi empleada. No iba a permitir eso.
—¿Desde cuando te interesa una empleada? Si te dejé al mando es porque pensé que serías sensato y tomarías buenas decisiones pero ahora me sales con esto. Te exijo que lo llames y le ofrezcas una disculpa.
—No voy a hacer eso, papá, nos vemos después que estoy muy ocupado. —le corte, sin esperar que me dijera otra cosa. Papá podía ser muy molesto, no entendía que el que estaba al mando era yo y que él ya no trabajaba allí.
*
LILY
Escuché como le hablo a su padre, me dio cierto coraje porque al menos el tiene la dicha de tener a su padre con el mientras que yo daría todo por recibir una llamada de mi papá o de mamá. Los extrañaba mucho. Oliver tenía todo y no lo sabía aprovechar.
Cuando llegamos a su gran mansión me quedé asombrada de lo enorme que era. Jardines grandes, paredes blancas, muchos escoltas. Muchos árboles en ellos jardines. Oliver tenía una casa de ensueño.