El sonido de un niño gritando atravesó la noche. Antes de que William Jefferson tuviera la oportunidad de moverse, su mujer le dio una fuerte palmada en el hombro. "Will, es una de las niñas, ¡oh Dios mío!" William se cayó de la cama en su prisa por reaccionar a la angustia de su hijo. Se levantó del suelo y, sin molestarse en buscar sus zapatillas o su bata, salió corriendo de la habitación y recorrió el pasillo en dirección a la habitación de su hija. Al llegar a la puerta, Mitzi apareció desde dentro, frotándose los ojos. "¿Estás bien, cariño?", le preguntó compasivamente, poniendo las manos sobre sus estrechos hombros. La chica asintió. "Creo que Jennifer está teniendo una pesadilla; sus gritos me han despertado". William le revolvió el cabello y se dirigió al final del pasillo,

