—Hablémoslo, por favor —me pidió Thiago, con la voz rota, mientras el silencio caía sobre toda la manada reunida a nuestro alrededor. Las miradas de todos pesaban como una losa. Sentí cómo la adrenalina latía en mis sienes, cómo mi corazón golpeaba con fuerza contra mi pecho y mis pulmones parecían cerrarse por la presión. —¿Por qué te importa tanto? ¿Quién es ella? —pregunté, sintiendo una lágrima cálida recorrer mi mejilla. —Yo… —Yo nada, Thiago. ¿Quién es ella? —repetí, con otra lágrima cayendo tras la primera. Él apartó la mirada, incapaz de sostener la mía. Lo supe entonces, no hacía falta que dijera nada más. Esa sola acción me lo decía todo. —Es mi ex... —murmuró, como si la palabra quemara sus labios. Un cuchillo frío atravesó mi pecho. Todo el mundo pareció desvanecerse a m

