Vi como Vladimiro cerro sus puños, empezó a caminar, hacia el lugar donde yo había estado anteriormente, lo seguí, pero no Salí de la sombra. Me miro por un momento y volvió a darme la espalda. Decepcionada, suspire y mire al suelo, empecé a patear una pequeña piedra, escuche algo hueco y seco caía al suelo, y en efecto, un guante marrón estaba ahí donde una ligera capa de polvo se había levantado, y luego cayó el otro guante, sobre la hierba a nuestros pies, Continúo su capucha café dorada, este fue demasiado pesado, pues sentí la vibración en mis pies, me quede embobada, por la cantidad de peso que usaba encima. Pero aún más asombrada, cuando mire a Vladimiro. Una larga melena negra entre lisa y ondulada comenzó a ondearse con la ligera brisa, su cuerpo, era musculoso, su camisa de frane

